martes 4 de agosto de 2020

Más de 600 empresas han cerrado en Mendoza en lo que va del año.
Economía

Por la crisis y la pandemia, cerraron 616 empresas en Mendoza

Cientos de compañías acumulaban deudas y sufrían por la baja rentabilidad antes del coronavirus. El aislamiento las terminó de condenar.

Más de 600 empresas han cerrado en Mendoza en lo que va del año.

Federico Pagano, presidente del Consejo Empresario Mendocino (CEM), plantea la siguiente analogía: cuando una persona joven, sin patologías previas, se enferma de Covid-19, tiene mayores probabilidades de sobrevivir que una mayor, con enfermedades de base. Con las empresas ocurre lo mismo y lo cierto es que la pandemia encontró a las locales bastante complicadas. De ahí que no resulte tan inesperado que entre enero y abril hayan cerrado 616 firmas en Mendoza.

Los datos estadísticos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo -que depende del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación- muestran que en febrero de este año había 21.435 empleadores con trabajadores asegurados (en blanco) en la provincia. Pero este número cayó a 21.191 en abril, lo que significa una reducción de un 1,13%. Aún más, en abril de 2019, la cantidad de empresas era de 21.807. Es decir que en un año desaparecieron 616 (-2,8%).

Los números nacionales también muestran la misma tendencia: según informa AFIP, entre marzo y mayo cerraron 18.546 empresas en todo el país, ya que se pasó de 539.053 empleadores en el primer mes a 520.507 en el segundo. Los sectores más afectados fueron: servicios de alojamiento y servicios de comida (-13% en estos dos meses); construcción (-8%); servicios artísticos, culturales, deportivos y de esparcimiento (-8%); explotación de minas y canteras (-5%); y servicio de transporte y almacenamiento (-5%).

El economista Jorge Day explicó que la secuencia lógica es que, cuando caen las ventas, las empresas, en un intento de mantenerse, empiezan a despedir gente y, cuando aún así los números no cuadran, se ven obligadas a cerrar. En general, añadió, las primeras afectadas son las pequeñas; que también son las que se recuperan más rápido, tal como se evidenció en 2003 y 2004, ya que el particular que abandona su negocio lo vuelve a abrir en cuanto la situación mejora (si no ha agotado los ahorros).

Day detalló que el mercado laboral en Argentina es bastante rígido, a diferencia del de Estados Unidos. En aquel país, señaló, las empresas despiden gente en cuanto el panorama se complica –quienes reciben un seguro de desempleo- y luego, como la modalidad de empleo es más flexible, vuelven a contratar rápidamente. Esto favorece que las tasas de desempleo sean de apenas 3 o 4%.

En cambio, en nuestro país, como en muchos europeos, cuando hay crisis, las firmas no pueden desvincular personas y al retornar a la normalidad tampoco contratan por temor de ampliar su planta y lo que pueda ocurrir ante una nueva caída.

El economista del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Fundación Mediterránea) indicó que ante los despidos y cierres de empresas producto de la cuarentena, el gobierno tiene que salir a auxiliar a trabajadores y empleadores, y lo está haciendo, pero el problema es que el coronavirus llega luego de seis años de estancamiento de la economía y dos de recesión.

Es decir que el freno a la actividad por el aislamiento impactó en compañías que ya venían sufriendo los efectos de la inflación y la alta carga impositiva. Pero mientras otros países están ayudando a las empresas y a la gente con préstamos y subsidios, los recursos son mucho más limitados en Argentina porque no se accede a financiamiento.

Por otra parte, aunque los distintos sectores vayan retomando la actividad, trabajan “a media máquina”, ya que a restaurantes, cafés y bares sólo se les permite el 50% de la ocupación, el comercio debe atender según la terminación del DNI y muchos empleados no pueden ir a trabajar porque son parte de un grupo de riesgo o se movilizan en transporte público. Pero los costos fijos siguen siendo altos, por lo que los cierres son en cierta medida esperables.

Desde el inicio de la pandemia muchos negocios fueron a la quiebra.

Desbalance estructural

El economista Carlos Rodríguez también señaló que la pandemia vino a profundizar una situación recesiva que ya era evidente desde el año pasado y que el panorama futuro no es halagüeño debido a los desbalances estructurales: “Durante 10 años no se ha podido bajar del 30% de inflación ni de pobreza, a lo que se suma el estancamiento del PBI, es decir la falta de crecimiento de la economía. Por otra parte, las expectativas de la gente se evidencian en el hecho de que la compra de moneda extranjera ha llevado a reducir las reservas netas de 40 mil millones a 10 mil millones de dólares, en un intento de contener el tipo de cambio”.

Para complicar aún más el panorama, la única medida posible por parte del Gobierno Nacional para contrarrestar esto es la emisión, que llevará a un “fogonazo inflacionario”, ya que no cuenta con ahorros previos y mucho menos con capacidad para endeudarse, a menos que se logre un acuerdo con el Fondo Monetario. Tal vez, planteó, surjan oportunidades de financiamiento externo para el sector privado.

Rodríguez consideró que la contradicción que se ha establecido entre “salud o economía” es falsa y que no queda mucho margen para sostener la cuarentena. El interrogante cuando se liberen todas las actividades es si la recuperación tendrá forma de “V”, es decir, que volverá a subir rápidamente, o de “U”, con un estancamiento sostenido. Una de las dificultades para que lo primero suceda, planteó, es que el Estado es deficitario y demasiado grande para que el sector privado pueda sostenerlo.

De todos modos, consideró que Mendoza está un poco mejor posicionada, ya que el sistema agroalimentario ha mantenido un buen nivel de actividad pese a las restricciones impuestas y también porque las energías convencionales no ofrecen una oportunidad para un repunte.

Rodríguez señaló que el problema en este contexto es que desde hace más de 5 años los sectores básicos y de las industrias asociadas a estos han ido perdiendo participación en el PBG, al tiempo que ha ido ganando importancia el sector servicios, dentro del cual ha tenido un importante crecimiento el Estado. Por eso, cuando se revitalice el turismo, la hotelería y la gastronomía, puede empezar a verse una recuperación. En este sentido, resaltó que el Gobierno provincial está apuntando a sostener estas actividades, aunque aplique otras limitaciones.

Hiperinflación

Para Daniel Garro, economista de Value International Group, los cierres de empresas iban a seguir ocurriendo sin pandemia, porque ya se venía con una situación compleja de fuerte recesión y estanflación (estancamiento más inflación). De ahí, que la “cientoventena” -la cuarentena de 120 días- simplemente aceleró un proceso en marcha. Además, indicó que la política económica no genera un incentivo para que abran nuevas firmas, sino para que cierren.

Garro planteó que el manejo de la pandemia a partir de una cuarentena total, que algunos datos muestran que no es el más apropiado, profundiza el problema. “Lamentablemente va a seguir haciéndolo, porque no hay muestras de que el gobierno nacional vaya a elegir otro camino”, agregó.

En este contexto, las pymes son las más afectadas, ya que son las que menos recursos para sostenerse tienen. Una medida que las ayudaría sería la reducción de los aportes patronales, debido a que las moratorias sólo implican que “en lugar de pegarles un tiro las van matando en cuotas”.

El economista planteó que el Gobierno no ha entendido que el Estado no puede seguir cobrando lo mismo si el sistema privado no factura. De ahí que sería necesario bajar el gasto público y no aumentarlo con el “new deal” anunciado. Consideró que, lejos de revertirse el panorama, en el horizonte de corto plazo, hay muchas posibilidades de entrar en una hiperinflación y “chocar fuerte”.

Rumbo claro

El 2019 ya fue un año macroeconómicamente complicado para el país -y Mendoza no fue ajena al impacto-, con alta inflación y una importante caída del poder adquisitivo, planteó el asesor del Ministerio de Economía de la provincia, Sebastián Laza. La pandemia agudizó esta situación.

Pese a eso, indicó Laza, el Gobierno Provincial viene implementando políticas activas para atenuar los efectos de la crisis, como los bonos fiscales, el plan anticíclico para el sector vitivinícola, los créditos del Fondo para la Transformación y el Crecimiento y Mendoza Fiduciaria, entre otros. Ya en el marco de la pandemia, detalló, se ha hecho un gran esfuerzo para establecer protocolos que han permitido que casi el 90% de la economía esté funcionando.

Además, recientemente el gobernador Rodolfo Suárez anunció el programa Mendoza Activa, que implica la devolución del 40% de la inversión para las pymes que desarrollen un proyecto y los particulares que construyan. A esto se suma la creación del anunciado banco de vinos y otra propuesta que apunta a fomentar la generación de empleo.

Sebastián Laza señaló que, además de salir de la pandemia, Argentina necesita un poco más de claridad en el rumbo económico por parte del Gobierno Nacional. En este sentido, lanzó que pareciera que las decisiones se han reducido a la cuarentena en el AMBA y la renegociación de la deuda, pero que no se sabe qué políticas económicas quiere implementar más allá de llegar a un convenio con los acreedores.

Expectativas

Los últimos días de junio, la Federación Económica de Mendoza (FEM) realizó un relevamiento que incluyó a comercios minoristas en toda la provincia. El resultado fue que las ventas cayeron un 38% en cantidades con respecto al mismo mes del año pasado -lo que implica una mejora frente al 50% de descenso de mayo-, pero también que apenas 15% consideran que están en una situación buena y sólo 22% cree que la economía mejorará en los próximos meses.

Adolfo Brennan, vicepresidente de la FEM, detalló que 65% de las empresas consultadas respondieron que su situación es regular o mala, un 20% que es crítica y sólo 15%, buena. En tanto, cuando se les preguntó por la evolución de las ventas en el futuro próximo, 60% consideró que no van a cambiar mucho, 22% que van a mejorar y 17% que caerán más.

De ahí que se pueda inferir que ese 20% de los comercios minoristas que se encuentra en situación crítica está analizando si podrá seguir o no, mientras que el 65% que está en condiciones regulares o malas realizará alguna reestructuración en la empresa.

Brennan resaltó que si bien se suele considerar a los rubros esenciales como los ganadores durante la pandemia, en realidad sólo han perdido menos que los no esenciales, pero igual se han visto afectados. El estudio de junio mostró que los artículos no esenciales tuvieron una leve recuperación, al pasar del 50% de caída interanual a un 38%, pero también arrojó que los esenciales pasaron del -13% en mayo a -20% en junio.

Federico Pagano, titular del Consejo Empresario Mendocino, manifestó que la preocupación por la supervivencia de las empresas es anterior a la pandemia, ya que se viene de un proceso de más de diez años sin crecimiento en la provincia, al tiempo que los empresarios necesitan a que cada vez haya más consumo y más posibilidades de inversión. En cambio, si al estancamiento se suma un contexto inflacionario, de devaluaciones periódicas y un sistema impositivo confiscatorio, que tributa por ganancia presunta y bienes personales, se dificulta aún más las posibilidades de sostener una compañía.

Pagano añadió que el país requiere de un proyecto de crecimiento razonable, genuino y que se sostenga en el tiempo, porque, sin importar el color político, siempre lo que hizo la gestión anterior está mal y cada 4 años se refunda la Argentina, lo que implica cambios periódicos en las reglas de juego y resulta muy difícil para el inversor privado.

En cuanto a sus perspectivas, el empresario indicó que desde la entidad se han enfocado en que el empresario mendocino, sin importar si es un pequeño emprendedor, un profesional independiente o tiene una gran compañía, se sienta orgulloso de serlo y entienda que son los verdaderos generadores de riqueza. El objetivo que se han fijado es que el privado entienda que su trabajo es importante y que tiene derecho a reclamar cuando sus derechos son vulnerados o le cambian las reglas.