Vendió un departamento en la calle Arístides para comprar un terreno que alberga a más de 150 perros abandonados

Vendió un departamento en la calle Arístides para comprar un terreno que alberga a más de 150 perros abandonados
Leticia, junto a Noelia y Mónica, creadoras de "La Casita de Lula" donde contienen a más de 150 animales.

Leticia reunió el dinero para que “La Casita de Lula” fuera una realidad. Está ubicada en Colonia Segovia donde trabajan los voluntarios que asisten a los animales.

Leticia (40) vendió su departamento en la calle Arístides Villanueva para que, junto a un grupo de mujeres, pudieran un terreno en Colonia Segovia, Guaymallén, y así poder darles un lugar a los perros abandonados que rescatan de las calles. En la actualidad, albergan a más de 150 animales y en breve esperan poder inaugurar un centro veterinario sin más ayuda que la que reciben de colaboradores, de colectas que realizan cada tanto y del dinero que proviene de sus propios bolsillos.

La Casita de Lula, como se denomina el lugar, es administrada por Noelia Moreno y Mónica Gauna, quienes junto a Leticia Cristal que apoya desde el extranjero , entre otros colaboradores, ponen su granito de arena para poder darles a los animales distribuidos en 65 caniles, una mejor calidad de vida. También colabora con ellas una persona que prefiere mantenerse anónima pero que también realiza un trabajo muy importante. En este espacio también vive un chancho, llamado Reynaldo, también rescatado por las mujeres.

Sin dudas, el gesto de Leticia supera la noción que una persona puede llegar a tener cuando dice que pone recursos “de su propio bolsillo” y demuestra lo que fue capaz de hacer por los perros a los que tanto quiere. Desde Estados Unidos, donde reside y tiene su propia marca de ropa, contó su historia para Los Andes. “Siempre me gustaron los animales, siento que tengo una conexión muy fuerte con ellos. Desde chica, cuando rescataba perritos con mi amiga Paola. Y bueno, siempre fue mi sueño tener un lugar donde rescatarlos, darles un refugio”, cuenta.

La mendocina donó un departamento que tenía en la calle Arístides Villanueva para poder comprar el lote que alberga a 150 perros.

Una perrita en cochecito

A los 19 años, en el 2000, como tantas familias, la de Leticia se fue a vivir a los Estados Unidos. La idea era trabajar, juntar dinero y regresar, pero con el tiempo se fueron acostumbrando y se quedaron. Con lo que pudo ahorrar se compró un departamento en la calle Arístides y si bien la idea seguía siendo regresar a su país con el tiempo pudo tener su propio negocio, las cosas a su nombre, los papeles de ciudadanía y se quedó.

“En 2013 pude volver a viajar a Mendoza y fue ahí cuando conocí a Noelia. Recuerdo que estaba caminando por la calle San Martín con una perrita postrada en un cochecito. Tiritaba y tenia tic nerviosos por el moquillo, esa maldita enfermedad cruel. Así que cuando la vi a la perrita me di cuenta que realmente quería ayudar y que Dios había puesto en mi camino a Noelia. Ahí empezó nuestra relación”, contó.

Leticia le dijo a Noelia que la iba a ayudar con Lula –la perrita del cochecito y que le da nombre al refugio- y con el tiempo lograron que viviera mejor. Después conocieron a Mónica y juntas comenzaron el sueño que persigue el objetivo común de ayudar a los animales abandonados de Mendoza. “Seguimos en la lucha todos los días para conseguir alimento, para que vivan lo más digno posible, que tengan medicina, que puedan ir a la vete, que tengan abrigo en el frío, o que estén bien en el calor”, indica recordando el gasto que lleva el lugar para el mantenimiento.

Vender un departamento

En 2015 Leticia vendió su departamento y le dijo a Noelia que buscara un lugar lindo para comenzar a armar el sueño. “Vos me avisás, lo vendo y compramos el terreno”, relata. Y así fue. En pocos días ya estaba vendido y hoy en día viven en el lugar más de 150 perros rescatados. “Las chicas hacen el trabajo más duro, fuerte y sucio, porque tienen que ocuparse de todo. A muchos los salvamos y algunos ya están muy mal y no podemos hacer nada. Muchas veces mueren en sus brazos. Yo las admiro porque tienen un corazón y un valor que yo desearía tener”, describe Leticia y añade que personas como ellas hay pocas y que son difíciles de encontrar.

El lugar está ubicado en Colonia Segovia, Guaymallén y pronto tendrá su propia veterinaria.

Ella dice que hay que pensar que lo importante es estar vivos y tratar de hacer algo bueno todos los días, porque “lo bueno hay que hacerlo ahora”. Y que eso es lindo, porque en el camino se va encontrando gente que vale la pena. “Así como hay gente indiferente al dolor ajeno hay gente que valora la vida del animal que sufre. Ese dolor es el mismo y ellos también tienen que comer para sobrevivir. Deberíamos aprender de ellos y ojalá podamos evolucionar un poco más”, relata.

Quienes deseen colaborar con “La Casita de Lula”, pueden hacerlo contactándose con Noelia al 261 5350925.

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