Una amistad que supera obstáculos: Carlos creó una silla de ruedas para que Emannuel pueda correr maratones

Emma y su familia se convirtieron en la de Carlos, que siempre está dispuesto a ayudar. Foto: Gentileza
Emma y su familia se convirtieron en la de Carlos, que siempre está dispuesto a ayudar. Foto: Gentileza

Carlos Ferretti conoció a un joven que padece parálisis cerebral durante una maratón en La Paz y le construyó una silla inclusiva para que pudiera participar. Ahora se la donarán a una nena.

Carlos Ferretti y Emmanuel Falcón se conocieron tres años atrás durante la maratón nocturna de La Paz. Entonces nació una amistad entrañable y conmovedora, que trascendió límites inimaginados.

Carlos, comerciante oriundo de Junín, percibió aquel día el deseo de Emmanuel de participar de la carrera y ser protagonista del evento, a pesar de padecer parálisis cerebral.

De inmediato, Carlos puso manos a la obra: recolectó elementos de todas partes, pidió ayuda, volcó largas horas, ingenio y dedicación y el resultado fue la ansiada silla de ruedas adaptada para correr maratones. El noble gesto se completó cuando se la entregó a su nuevo amigo.

La silla adaptada que le fabricó su amigo le permitió a Emmanuel cumplir su sueño de participar en maratones. Foto: Gentileza.
La silla adaptada que le fabricó su amigo le permitió a Emmanuel cumplir su sueño de participar en maratones. Foto: Gentileza.

Muy agradecido, Emmanuel disfrutó la silla con creces y su familia se mostró feliz y agradecida porque le abrió las puertas a un nuevo mundo: el del deporte y la inclusión.

Así, ambos construyeron un vínculo de amor, respeto y solidaridad que creció y se consolidó hasta el presente.

Suelen visitarse, compartir cumpleaños y fechas especiales. Incluso el próximo sábado Emmanuel estará presente en la boda de Carlos.

Nuevo acto solidario

Pero la función de la silla no quedó exclusivamente en Emmanuel, sino que ahora que ya cumplió su ciclo, será acondicionada para otra destinataria, también de La Paz. Se trata de una nena de 9 años llamada Martina que padece un trastorno generalizado del desarrollo y no puede caminar.

“Me llena de emoción que, luego de haber visto a mi hijo disfrutar tanto la silla, ahora pase a manos de esta niña que la necesita casi tanto como Emmanuel”, reflexionó Noelia Falcón, su mamá.

Carlos recuerda aquel acto de amor que para él fue todo un desafío. “Puse todo lo mejor de mí y en tres meses la terminé. Corrimos juntos varias carreras con toda la emoción y la alegría de alcanzar la meta”, se emociona al rememorar.

Emmanuel y sus padres, dice, son como su propia familia. “Por eso cuando me sugirieron darle la bici a Martina, no lo dudé”, cuenta.

En los próximos días Martina, quien a los ocho meses de vida fue diagnosticada con este trastorno que le impide caminar, hablar y sociabilizar, podrá pasear por La Paz en un rodado adaptado a su necesidad.

La pequeña vive con su mamá y su hermana y en los últimos años no la pasó bien: su casa se incendió completamente y la familia tuvo que empezar de cero.

“Toda la comunidad me ayudó muchísimo y salimos adelante. Hoy me pone muy feliz que mi hija acceda a esta silla porque le cambiaría la vida”, dice Yesica Barroso, su mamá.

“Nosotras no correremos maratones pero sí podré sacarla a pasear y tomar aire en nuestro hermoso departamento. Poder andar con ella en bici sería algo hermoso para mí”, sostiene ilusionada la mujer.

Yesica recuerda los primeros tiempos con Martina y los define como dolorosos. “Su discapacidad fue un balde de agua fría. Como mamá primeriza nunca esperé el diagnóstico. Estaba ilusionada con un nacimiento normal”, evoca.

Lo cierto es que, tanto Noelia como Yesica, atravesaron tiempos difíciles entre médicos y horas eternas de rehabilitación.

“Ellos son tan especiales que suavizan con su amor y ternura tanto dolor. Enseñan a valorar la vida y a pensar diferente, en que en lo simple está lo esencial”, reflexiona Yesica.

La nueva destinataria de la silla-bici tiene una historia de fortaleza: su primer neurólogo no le dio demasiadas expectativas de vida. “No nos quedamos quietos; buscamos otro especialista y empezamos a realizar la rehabilitación. Viajábamos muy seguido a Mendoza y de a poco comenzaron a notarse los avances”, recuerda Yesica.

La niña está cerca de cumplir 10 años y ya camina sola dentro de su casa, un poco inestable, “pero con muchas ganas de salir adelante”, relata su madre.

Y suma: “Me asombra su perseverancia y sus límites no son un obstáculo para alcanzar sus metas”.

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