Un merendero de Guaymallén abrió un espacio de lectura y dibujo para acercar a los niños al arte

Después de escuchar los cuentos que leen un grupo de voluntarios, los chicos dibujan  y escriben lo que sintieron. Foto: gentileza
Después de escuchar los cuentos que leen un grupo de voluntarios, los chicos dibujan y escriben lo que sintieron. Foto: gentileza

Se trata de “Construyendo Pasitos”, que alimenta a casi 100 chicos dos veces a la semana. Los jueves el espacio es para la lectura y el arte. La jornada finaliza con una merienda saludable. Piden donaciones.

El merendero Construyendo Pasitos, que funciona en el domicilio de su fundadora Verónica Zarandón –en calle Félix Suárez 2240 en Guaymallén- generó una nueva propuesta para contener a los alrededor de 90 chicos que concurren al lugar.

Se trata de un espacio de lectura de cuentos, dibujo, expresión artística y luego merienda saludable para los menores de hasta 15 años que ya suelen acudir a compartir una copa de leche dos veces a la semana.

La propuesta se lleva a cabo los jueves a las 19 y también se acercan mamás y abuelos. Un grupo de voluntarios lee cuentos a partir de libros donados y luego se entregan lápices de colores y hojas en blanco para que los niños expresen lo que sintieron.

Más tarde, la jornada se cierra con una merienda saludable, que incluye frutas y gelatina.

“Estamos muy contentos con la propuesta, que esperamos se prolongue durante todo el verano. De este modo quedamos con actividad completa durante casi toda la semana, porque los lunes ofrecemos un ropero comunitario, miércoles y viernes merienda y jueves taller de lectura”, enumeró Verónica, quien de niña sufrió numerosas necesidades, concurría a comedores y hoy pudo abrir el propio para ayudar a los demás.

Contamos con muchos libros donados sobre distintas temáticas y los chicos se enganchan muchísimo. Claro que necesitamos que la gente siga colaborando con lápices, pinturas, hojas, libros de cuentos y, sobre todo, frutas, que son muy costosas”, advirtió.

Además de las actividades lúdicas y educativas, los niños reciben merienda saludable. Foto: gentileza
Además de las actividades lúdicas y educativas, los niños reciben merienda saludable. Foto: gentileza

Con lo recaudado a partir de la venta de tortitas suelen comprar gelatinas de distintos sabores. “Pero hoy con la situación que atravesamos nada nos alcanza, por eso pedimos colaboración. Además, estamos organizando una Navidad distinta para los niños, que cada vez son más”, dijo.

Verónica insiste en que haber padecido necesidades en su infancia la llevaron a tener un espíritu solidario.

Nacida el 14 de junio de 1980, su familia era Testigo de Jehová y jamás celebraban los cumpleaños.

Tal vez por eso esas celebraciones en el merendero Construyendo Pasitos jamás se pasan por alto y hasta se donan tortas y globos para que los cumpleaños se conviertan en momentos de felicidad.

“¿Cómo no hacer esta obra si los merenderos fueron siempre las instituciones que me contuvieron de chica?”, cuestionó la solidaria mujer, mientras relató que en su casa se recibe de todo: ropa, calzado, abrigo, alimentos y ahora también elementos escolares para que los chicos sigan teniendo un espacio de aprendizaje y contención.

Su esposo Leonardo y sus hijos Agustín y Matías son pilares fundamentales en su vida. Claro que Verónica también agradece a las muchas mamás solidarias que le dan una mano para servirle la copa de leche y las tortitas caseras a los chicos que menos tienen.

“Algunos capítulos de mi vida fueron difíciles, pero traté de superarme y hoy veo la recompensa”, analizó.

En el mismo merendero, poco tiempo atrás, y con la ayuda del psicólogo Mauricio Montineo, se creó otro proyecto denominado “Pedí tres deseos”, que justamente tiene por objetivo celebrar los cumpleaños con tortas donadas por la comunidad.

Para vestirse y ayudarse entre todos

El roperito comunitario también posee mucha utilidad para las mamás del barrio. “Toda la ropa que nos donan la exhibimos en un mesón y cada una busca y retira lo que necesita, pero también dejan lo que ya no les queda a sus hijos. Es una manera de ayudarnos entre todos”, explicó la fundadora del comedor.

En un principio acudían al merendero 70 niños pero la cifra fue en aumento y hoy lo hacen casi 100. “La cuarentena fue muy dura. Solía abrir el portón de casa y encontrarme con los chicos y su jarrito para tomar la leche. Y ahí aparecía mi propia imagen, porque yo también hice lo mismo junto a mis hermanos. Hemos llegado a vivir en carpa y hemos pasado muchas necesidades”, relató Verónica, para recordar entre risas sus atípicos cumpleaños: “Ese día mi mamá me premiaba diciéndome que no lavaría los platos”.

Cómo ayudar

Quienes deseen aportar libros de cuentos, lápices y cuadernos, además de fruta y gelatina para la merienda, pueden contactarse al teléfono 261-7225739.

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