Tenía programada una importante cirugía pero es rehén del conflicto con anestesistas

Silvana no soporta el dolor pero debe esperar a que reprogramen su cirugía. Foto: Mariana Villa / Los Andes
Silvana no soporta el dolor pero debe esperar a que reprogramen su cirugía. Foto: Mariana Villa / Los Andes

A Silvana Lardet le iban a colocar una prótesis en un fémur el 3 de mayo, pero dos días antes se inició la disputa entre el gremio y el Gobierno. “No me queda otra que esperar mi cirugía aunque el dolor es insoportable”, se lamenta.

A Silvana Lardet, vecina de Las Heras, el dolor en su fémur derecho se le hace insoportable: pese a que tiene 43 años, para poder desplazarse se apoya en un andador. Un accidente con su moto ocurrido en 2012 le dejó importantes secuelas y, según relata en diálogo con Los Andes, los médicos debieron “armarla” de nuevo. Se salvó de milagro.

Por fin, después de tanto peregrinar de consultorio en consultorio, el pasado 3 de mayo le dieron fecha de cirugía en el hospital Central. El quirófano estaba pedido para ese día. Sin embargo, apenas 48 horas antes se desencadenó el conflicto gremial con los anestesistas y la operación tuvo que suspenderse.

La Legislatura aprobó el pasado 17 de mayo la emergencia en anestesiología, con la que buscará frenar al menos por cuatro meses la crisis en el sector luego de una ola de renuncias y miles de cirugías postergadas. Y en el medio quedaron los pacientes, a quines ya se les había asignado fecha para operarse.

Silvana había logrado que Profe, la obra social que logró a raíz de su discapacidad, le otorgara la prótesis, que había llegado dos semanas antes. También se había realizado todos los estudios prequirúrgicos de rigor. “Se me hace insoportable convivir con el dolor, pero también entiendo a los profesionales que luchan por su salario. Yo misma estuve meses internada en el Central cuando sufrí el accidente y viví en carne propia el trabajo a pulmón de los médicos, a quienes, en muchos casos, les faltaban insumos”, recuerda.

Este lunes, “si Dios quiere”, como ella misma lo aclara, deberá volver al hospital para intentar que le otorguen una nueva fecha. A Silvana no le resulta fácil moverse: no tiene vehículo ni puede subir al colectivo. “Me manejo en taxi y el dinero no me alcanza, por eso espero definir pronto la fecha. Será un alivio y podré terminar con todo esto”, se esperanza.

El 2 de mayo de 2012 (ya era mamá de tres hijos) regresaba a su casa después de haber trabajado como empleada doméstica todo el día. Era de día y en carril Sarmiento y Alsina chocó su moto contra un camión cuyo conductor dijo que no la había visto. Pudo haber sido peor pero llevaba colocado el casco.

De todos modos, las complicaciones se fueron sumando día a día. Además de no poder seguir trabajando, a Silvana le quedó una discapacidad motriz (no puede doblar la rodilla derecha), obesidad mórbida, hipertensión, artrosis y, en los primeros tiempos, líquido en los pulmones y una gran depresión. “Permanecí 14 días en terapia intensiva y tres meses internada. Fueron tiempos muy duros y resultó mucho peor todo lo que vino después”, relata.

Foto: Mariana Villa / Los Andes
Foto: Mariana Villa / Los Andes

La artrosis, que avanzó a pasos agigantados, hizo estragos en su cuerpo, al punto de necesitar de manera imprescindible una prótesis. Asimismo, el siguiente paso, programado para más adelante, será solucionar a través de otra intervención la condición de su muñeca izquierda, que perdió rigidez. “Pero eso es otro tema; por ahora estoy abocada al fémur”, insiste.

Y añade: “Me considero una buena paciente en el amplio sentido de la palabra. Es decir, soy una persona que sabe esperar. Esto no me va a desanimar, estoy dispuesta a tener paciencia y quedarme tranquila hasta que se resuelva el conflicto”, opina.

“En cierto modo entiendo que un médico trabaja con la vida de un enfermo y tiene que cobrar como tal. Más allá de que esta situación me afecta en forma directa, creo que el Gobierno no se está portando como corresponde con los anestesistas”, agrega.

“Es un reclamo justo porque estos profesionales deben controlar al paciente durante la cirugía, más allá del tiempo que demore una intervención, una o 10 horas. No es broma, es la vida de la gente”, sostiene convencida.

Su situación económica la apremia porque ya no pudo trabajar. “Percibo una pensión de alrededor de 23.000 pesos y estoy a cargo de una menor. Me preocupa la movilidad porque no tengo motricidad para subirme al colectivo y necesito manejarme en taxi o en remis. No me quejo, simplemente cuento la la historia detrás de todo esto”, relata Silvana.

También asume que gran parte de su condición actual es el resultado de no haber cumplido estrictamente con la rehabilitación que se le indicó desde un primer momento tras el accidente. “Fue tan grande el impacto emocional que no quedé en condiciones de hacer lo que correspondía. Estaba muy deprimida. Fue pasando el tiempo y los músculos se atrofiaron, de modo que esto me genera un dolor importante en la ingle porque los huesos rozan por la pérdida de líquido”, confiesa.

Hoy, los días de Silvana son bastante parecidos, según cuenta. No suele salir, salvo por cuestiones médicas. También se le dificulta realizar las tareas domésticas en su hogar.

“Sólo vivo con mi hija menor y tengo una gran amiga y asistente que es mi mano derecha y a quien le debo muchísimo”, señala, mientras se esperanza en poder tener durante las próximas horas una fecha certera para su esperada cirugía en el hospital Central.

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