Son mellizos, se casaron con dos hermanas y celebraron en Tunuyán sus 80 años de vida con una gran familia

Norma, Chiquito, Quico y Pocha (de izquierda a derecha), en la celebración de los 80 años de los mellizos Ramírez.
Norma, Chiquito, Quico y Pocha (de izquierda a derecha), en la celebración de los 80 años de los mellizos Ramírez.

Esta es la historia de los mellizos Ramírez, quienes conocieron a las hermanas Luna en un baile celebrado en Rama Caída, San Rafael. Hoy uno de ellos vive en Salta y el lunes viajó a Mendoza para celebrar juntos sus cumpleaños.

Tan unidos en la vida como parecidos físicamente aunque muy diferentes en sus personalidades: uno más tranquilo y el otro algo “cascarrabias”. Así se los puede definir a Víctor Lorenzo, conocido como “Quico”, y Juan Carlos, “Chiquito”, los mellizos Ramírez.

Tantas coincidencias hubo –y hay– entre ambos que hasta conocieron a sus novias, dos hermanas de Rama Caída, en San Rafael, en un mismo baile y poco después se casaron. Así, los dos formaron las familias “Ramírez-Luna”.

La historia no termina allí: aunque uno de los mellizos vive en Salta y otro en Tunuyán, se las ingeniaron para celebrar juntos sus jóvenes 80 años de vida. Porque ambos gozan de una salud tan envidiable que, aún a su edad, continúan trabajando.

El festejo fue el pasado lunes 15 y reunió a una gran familia que llegó desde Buenos Aires, Salta y Santiago del Estero. Porque estos matrimonios tan peculiares tuvieron en total cuatro hijos (dos y dos), 14 nietos y, hasta ahora, siete bisnietos. Y no todos viven en Mendoza.

“Fue una fiesta perfecta, hermosa y preparada con mucho entusiasmo y tiempo de anticipación. Pudimos reunirnos y celebrar juntos como tanto deseábamos”, relata, en diálogo con Los Andes, el mellizo Quico, que tiene una distribuidora en La Sidrera. La fiesta se realizó en el salón parroquial de la capilla de María Auxiliadora, en Tunuyán, y reunió a hijos, nietos, bisnietos y amigos. “Inolvidable”, define sonriente.

Los “niños” Ramírez quedaron huérfanos de madre a los cinco años y fueron criados, junto a otra hermana, por su tía Francisca, siempre en Tunuyán. Ambos comenzaron a trabajar desde muy jóvenes en una empresa que fabricaba asfalto.

En eso estaban (“Quico” en Malargüe y “Chiquito” en Rama Caída) cuando este último entró a un comercio a comprar zapatos y lo atendió Pocha, quien años después sería su cuñada. Los mellizos tenían por entonces 21 años y las chicas 17 y 20.

“Por supuesto que lo atendí como a cualquier cliente”, aclara Pocha, y agrega que conversaron sobre el baile que iba a celebrarse en honor a la Fiesta de la Vendimia en esos días de febrero. Así, ni lerdo ni perezoso, Chiquito llamó a Quico –quien llegó volando desde Malargüe– y juntos fueron al baile. El flechazo fue inmediato. Chiquito puso los ojos en Norma y Quico en Pocha.

Estos últimos fueron los últimos en casarse, el 5 de julio de 1969 en la parroquia del centro de Rama Caída. La empresa de conservas en la que trabajaba el jefe de familia los mudó a la Capital Federal, aunque tiempo después regresaron a Mendoza. Tuvieron dos hijos, Flavia y Pablo, ambos afincados en Buenos Aires, y ocho nietos, Macarena, Tamara, Paula, Nicolás, Reina, Isaac, Ludmila y Milo. También son bisabuelos de 5 hermosos niños.

Previamente, el 1 de julio de 1967 se habían casado Norma y Juan Carlos, quienes también tuvieron dos hijos, Daniel y José Luis, además de cinco nietos (Florencia, Emilse, Luciano, Franco y Camila) y dos bisnietos.

Norma y Chiquito, que trabaja en una empresa de transportes, viven en Salta, por eso ni las hermanas ni los hermanos pueden verse tanto como desean. “Se lo extraña, claro, y somos muy unidos, aunque diferentes. Mi hermano es nervioso, cascarrabias. Yo, más tranquilo. De niños éramos iguales, todo el mundo nos confundía, pero los años nos hicieron diferentes”, cuenta Quico.

Las “esposas” Luna también son muy unidas. “Teníamos otra hermana, la del medio, que falleció. Todas nos casamos ‘en escalera’, según la edad, porque mi papá quería que Norma, la mayor, fuera la primera y así fue. Cuando tocó mi turno, Quico vino a pedir la mano a mi casa”, recuerda entre risas.

Quico vuelve a la fiesta tan esperada y de la que todos los invitados, según dijo, se fueron felices y contentos de haber podido compartir un día entero entre hermanos, primos, tíos y sobrinos.

“No podemos vernos tan seguido como quisiéramos, por eso fue un día especial. Mi hermano y mi cuñada ya están de regreso con la felicidad de haber podido celebrar juntos nuestros 80 años”, insiste.

La reunión juntó a 75 personas y hubo empanadas, carne y lechón. También dos enormes tortas idénticas, bocaditos de todo tipo, globos, guirnaldas y flores. Música, baile, regalos y un feliz cumpleaños a viva voz con palmas y el abrazo de todos los seres queridos.

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