Rolex Charles, el haitiano que encontró la calma en Mendoza tras huir de un terremoto

Rolex Charles, el haitiano que encontró la calma en Mendoza tras huir de un terremoto
Rolex es profesor de Historia pero trabaja en una estación de servicios. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Llegó desde Cabo Haitiano tras el sismo de 2010. Se casó con una mendocina, tuvo dos hijos y lamenta no haber podido regresar.

Rolex Charles tenía 28 años, era profesor de Historia y daba clases en el colegio Laferriere De Milot en Cabo Haitiano. El 12 de enero de 2010, a las 16.53, explicaba un tema cuando un estruendo lo ensordeció. Luego, el espanto, la confusión, los gritos. En Puerto Príncipe, a 197 kilómetros de su ciudad, se registraba uno de los más devastadores terremotos de la historia y dejaba a Haití con 315.000 muertos y casi dos millones de personas sin hogar.

“Salimos corriendo como locos, aturdidos, aterrorizados y sin saber cómo reaccionar. Se sintió como si hubiésemos estado en el epicentro. La catástrofe, que tuvo réplicas, marcó un antes y un después en todo el país y dejó a miles de amigos y familiares muertos o heridos”, recuerda.

Su primo sacerdote fue uno de los casos que más lo tocaron de cerca: oficiaba una misa multitudinaria y solo él y otro cura se salvaron. Su hermana menor, a quien pudieron rescatar de entre los escombros con parte de su cuerpo aplastado, finalmente se recuperó aunque el dolor en una pierna nunca desapareció.

Hoy, a los 39, desde su hogar de San José, Guaymallén, Rolex reflexiona sobre el terremoto que el último 14 de agosto sacudió la zona Sur de su país. “Siento una tristeza profunda porque creo que es el final, que Haití terminó de morir”, lamenta.

Lo primero que confiesa es su pena por no haber visto desde 2010 a Melanie, su mamá, que lo tuvo a los 15 años y siempre se las arregló para que nunca le faltara nada. “Extraño mucho y lamento que las condiciones económicas nunca nos hayan permitido visitarnos. Mi madre no conoce a mis hijos ni a mi esposa. Como dice el Martín Fierro: ´Tuve en mi pago un tiempo, / hijos, hacienda, mujer / pero empecé a padecer, / me echaron a la frontera, / ¡Y qué iba a hallar al volver! / Tan solo hallé la tapera´”, cita.

Recita de memoria la estrofa gauchesca y agradece las posibilidades que le brindó este país: un hogar, un título universitario de técnico en Seguridad e Higiene (nunca pudo revalidar el suyo), una mujer mendocina y dos maravillosos hijos. También algunos empleos, como el que desempeña hoy en la estación de servicios de Aristóbulo del Valle y Costanera o, tiempo atrás, en un local de sushi y en una fábrica de cartuchos de impresoras.

Un mes después del terremoto, junto a su mejor amigo Wikimby Jules (“Wiki”) cumplieron con una misión que tenían prevista desde antes: una beca de estudio en Brasil con la idea de capacitarse y volver para ayudar a “levantar” a Haití. Sin embargo, el horror cambió los planes y nunca más pensaron en su tierra para echar nuevamente raíces.

“Fuimos a Brasil sabiendo que no regresaríamos. Juntamos unos pesos y comenzó una odisea porque al desarraigo le sumábamos una cultura y un idioma desconocidos. Sólo hablábamos criollo haitiano, nos sentíamos analfabetos”, cuenta Rolex.

El Congreso del Movimiento Sin Tierra de Curitiba les brindó un techo, pero la situación se iba tornando cada vez más difícil. “Debían enviarnos dinero porque no alcanzaba y sobrevivíamos con los escasos dólares que recibían los becarios de sus familiares”.

En Brasil el idioma era un obstáculo. Junto a su inseparable Wiki y el resto de sus compañeros decidieron tomar clases de portugués en una escuela de las afueras de la ciudad. La “profesora” era mendocina y se llamaba Ana Manduca. Mientras preparaba la tesis final de la carrera de ingeniería, enseñaba ese idioma que había aprendido durante su estadía.

Wiki y Ana quedaron flechados. Poco después ella regresó a Argentina. “Antes de irse nos habló de las posibilidades que había en Mendoza, incluso de una universidad gratuita. Wiki decidió seguirla y me invitó”, apunta.

Y agrega: “Si bien el terremoto de 2010 y ahora este último terminaron de aplastarlo, Haití siempre fue uno de los países más pobres y con grandes niveles de corrupción. También es bellísimo por su paisaje y playas y por la riqueza de petróleo y metales preciosos, pero no existe una política que se encargue de explotarlo”.

A los conflictos políticos -dice- se le suman los continuos desastres climáticos. Recuerda que el 7 de julio último asesinaron al presidente de la nación, Jovenel Moïse, generando más inestabilidad y un mes después un potente terremoto provocó nuevamente destrozos y miles de muertes.

“Los maremotos y el agua hacen desastres. En mi casa, por ejemplo, no quedan recuerdos, fotos de la familia ni documentación. Para obtener mi partida de nacimiento tuve que acudir al Registro Civil y mi título universitario está destruido”.

La llegada a Mendoza

Rolex vuelve a la “durísima” llegada a Mendoza durante el invierno de 2011, sin dinero, empleo ni alojamiento. Junto a Wiki buscaban cobijo en ojotas y ropa liviana.

“Otra vez empezamos a lidiar con un idioma distinto. El clima nos resultaba frío y sufríamos prejuicio social. Estuvimos durmiendo unos días en casa de una amiga de Ana, pero se cumplió el plazo y así llegamos a la sede de los migrantes”, relata.

Esa suerte de vivienda destinada a quienes llegaban de afuera resultó clave en la vida de ambos. “Un matrimonio se acercó a conocernos. Eran Mónica y Eduardo Heras y fueron tan atentos y hospitalarios que hasta sospeché que íbamos a ser explotados. Pero nos encomendarnos a Dios y nos fuimos con ellos”.

La familia Heras los albergó en su hogar de Coquimbito, Maipú, y les dio una habitación, comida, transporte y hasta un profesor de castellano.

“Pero lo más importante es que se convirtieron en nuestros padres adoptivos y sus hijos en hermanos. Jamás nos permitieron recibir dinero de afuera. No era la primera vez que tenían ese gesto con extranjeros, es gente maravillosa y toda la vida estaré agradecido”, se emociona Rolex.

Recuerda nítida una tarde en que, desde la habitación del piso superior que compartían con Wiki, contemplaban la imponente cordillera. “Nos miramos y caímos en la cuenta de la suerte que habíamos tenido. No puedo decir que en Argentina hay racismo”, admite.

Poco después los pusieron en contacto con la fundación Fonbec, que les otorgó una beca de estudio. Rolex se anotó en licenciatura en Seguridad e Higiene y Wiki optó por telecomunicaciones. Más tarde, pudieron independizarse.

La familia soñada y la visión de Argentina

A través de una amiga en común, Rolex Charles conoció a Paola Leontes, enfermera del hospital Notti, en el minimarket de la estación de servicios donde trabaja. “Nos pasamos los teléfonos y la invité a salir”, resume. Poco después llegaron Gael, de 4 años, y Pedro, de meses.

“Me siento un poco argentino y amo a este país, aunque la idea de partir está latente. Hoy nuestra situación económica repercute en lo social y en lo emocional y también en la inseguridad, porque aquel que no tiene ingresos busca la manera de obtenerlo y así aparece el delito”, reflexiona, para cuestionar la política de subsidios y planes sociales que lo único que logra, dice, es que haya gente que no se esfuerce por trabajar.

“Como si fuera poco, la pandemia. Dicen que hay que apostar a emprendimientos, pero no es fácil cumplir con los requisitos. Como extranjero tendría miles de trabas”, explica.

En 2017 pudo viajar a Estados Unidos a encontrarse con su papá y algunos hermanos. “Luego quise hacer lo mismo con mamá pero ya la situación económica se agravó”, relata.

Hoy Rolex y Wiki siguen siendo inseparables. “El destino nos unió para siempre”, aclara.

Un poco haitiano, otro poco argentino, es consciente, sin embargo, de que el progreso que siempre buscó no se lo ofrece ninguno de los dos países.

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