Polvaredas, la antigua estación del tren trasandino que busca convertirse en un sitio turístico

Caminatas junto al arroyo, descansar debajo de los sauces o realizar ascensos a los cerros cercanos son parte de la oferta. Foto: gentileza
Caminatas junto al arroyo, descansar debajo de los sauces o realizar ascensos a los cerros cercanos son parte de la oferta. Foto: gentileza

En Alta Montaña se encuentra un pueblito prácticamente abandonado por mucho tiempo. Unos 100 habitantes se encargan de darle vida al lugar, organizan caminatas por arroyos y cerros, elaboran alimentos y acondicionan las antiguas casas ferroviarias para alojar a los visitantes.

Una caminata junto al arroyo hasta una pequeña cascada, en menos de una hora uno puede estar descansando debajo de unos frondosos sauces en medio de la cordillera de los Andes, a casi 2.500 metros sobre el nivel del mar. También está la opción de realizar ascensos a los cerros cercanos o desplazarse a los sitios próximos más conocidos, como Punta de Vacas, Penitentes o Puente del Inca. Y en el poblado, el ambiente ferroviario invita a conocer las miles de historias tejidas alrededor del tren trasandino.

Es Polvaredas, la antigua estación, la más importante de alta montaña por su infraestructura, que ha quedado olvidada en el tiempo desde que fines de los 80. La escuela Correo Salinas, sobre el costado norte de la ruta internacional 7 es una de las fuentes principales del rescate de la historia de un lugar que se niega a desaparecer y busca una alternativa de desarrollo. El turismo es la propuesta más firme y que ya está encaminada.

Unas 100 personas viven en forma permanente en este sitio ubicado a unos 40 kilómetros al noroeste de Uspallata. Son empledados públicos la mayoría, entre docentes, enfermeros, policías; también residen ferroviarios jubilados o familiares de ellos y emprendedores que ven una oportunidad de crecimiento junto al intenso movimiento que presenta el Corredor Internacional. Algunas de las casas del ferrocarril fueron acondicionadas y ya albergan turistas que están de paso entre Chile y nuestro país; y otros que disfrutan de los pueblos de montaña.

Los grandes galpones son el centro de atención de los visitantes. Es que allí estaban los vehículos de reserva, talleres para locomotoras y era el punto donde la formación ferroviaria comenzaba su etapa de tránsito más complicada, porque a partir de allí comienza una fuerte pendiente ascendente hasta el límite con Chile. Por esto, la infraestructura que allí se encuentra o se encontraba era la necesaria para poder hacer frente a este desafío técnico y humano. “Allí vivían los trabajadores y estaban los talleres más importantes”, comenta el profesor de Historia, Rodrigo del Monte, integrante además de la asociación ferroviaria Ferrotour Trasandino, que organiza salidas turísticas en bicitren o pequeños vehículos a motor entre Gutiérrez-Luzuriaga y Chacras de Coria. De todas maneras, la organización ha realizado algunos viajes por Alta Montaña, concretamente por Polvaredas. Cuenta que desde Uspallata, antes de arribar a Polvaredas se llega a Zanjón Amarillo, una estación que estaba junto al río (abajo) y quedó abandonado tras un alud en 1933. Debido a esto, tomó mayor relevancia Polvaredas, construida en la parte más alta, junto a la actual traza de la ruta 7.

La antigua estación fue la más importante de Alta Montaña por su infraestructura. Ha quedado olvidada desde fines de los ‘80. Foto: gentileza
La antigua estación fue la más importante de Alta Montaña por su infraestructura. Ha quedado olvidada desde fines de los ‘80. Foto: gentileza

“Llegué en 1994 en reemplazo de una docente, soy maestra jardinera y me quedé a vivir acá. Me enamoré del lugar y a mi marido lo conocí aquí. Desde aquellos años no hay mucha salida laboral, gran parte de los vecinos debe trabajar en los pueblos vecinos, como Punta de Vacas, Puente del Inca o Uspallata”, asegura Miriam Bustos. Y agrega que la gente vive en las casas que quedaron tras el cierre del ferrocarril en la década del 80.

De a poco, “a paso de tortuga”, señala Miriam, han llegado algunas mejoras y la gente del pueblo ha comenzado la reactivación. Primero con la venta de pan y alimentos para los viajeros, transportistas la mayoría. Luego lograron habilitar casas para hospedar turistas y desde hace un tiempo, la estación funciona como restaurante, especialmente para contingentes de turistas en temporada alta. Miriam también comenta que su marido atiende otro comedor, del lado sur de la ruta, que abrieron sus padres hace varios años. Y es que este tipo de negocio en medio de la montaña siempre es necesario, incluso para el resguardo de la gente ante un fuerte temporal.

Foto: gentileza
Foto: gentileza

Miriam dice la gente viene a buscar tranquilidad aquí, camina por el arroyo Polvaredas, otros se dedican a escalar cerros, El Banderita es el más conocido de la zona, pero hay varios más que son muy visitados. Algunos tienen grandes acarreos y sirven de preparación o entrenamiento para cumbres más altas, como el Aconcagua. Justamente, en el pueblo están reconstruyendo historias de Polvaredas. Y allí cumple una función muy importante la escuela, donde también funciona una colonia educativa que recibe a estudiantes de distintos departamentos. “Antes de la pandemia, el profesor Diego Araujo, llevó adelante un proyecto sobre la historia del lugar, trabajó con los alumnos del último ciclo y esperemos pronto algunos de los resultados”, señala Miriam.

Foto: gentileza
Foto: gentileza

Hay varias anécdotas y algunos creen que los montañistas polacos que inauguraron la ruta por el Glaciar de los Polacos, llamada así en su honor, estuvieron por Polvaredas en 1934. Aclaran que esto sigue en proceso de investigación. Mario González, emprendedor de Puente del Inca y conocedor de la montaña mendocina señala que, de acuerdo a la bibliografía que ha consultado, todo parece indicar que la delegación polaca se hospedó en Uspallata, proveniente de San Juan.

Sobre el origen del nombre de la estación, no se tienen muchos datos, pero destacan que está relacionado a la gran cantidad de viento que se registra en una zona muy seca donde reinan los cerros y las piedras.

“A los visitantes tratamos de contarles lo que conocemos y tenemos la certeza de que ocurrió. Aquí vienen a recorrer el arroyo hasta la cascadita o los sauzales, un trekking de baja complejidad y con un plato caliente de por medio, les comentamos la relevancia que tuvo esta estación”, confía Miriam. Todavía quedan algunas estructuras que eran capaces de mover una locomotora. “Es una especie de “mesa” giratoria para orientar la máquina hacia Chile o hacia Argentina. Estos detalles y otros más, que nos contó nuestro vecino Carlos Lepez, ferroviario jubilado, es lo que podemos compartir con los visitantes”.

Muchos de los servicios datan de la época de la estación, el servicio de agua potable, extraída del arroyo Polvaredas, todavía se presta con la antigua potabilizadora. Las necesidades y reclamos son varios: mayor frecuencia del transporte colectivo, mejoras en la playa para camiones y en general más obras de infraestructura.

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