Muchas gracias por las gracias

Muchas gracias por las gracias
Muchas gracias por las gracias.

Es una palabra pequeñita, pero que a todos nos cambia la manera de empezar el día. Porque tendríamos, incluso, que decir gracias hasta por eso: por seguir viviendo.

Se usa como señal de agradecimiento por alguna acción que alguien haya realizado con nosotros. Debe de ser una de las palabras más usadas en nuestro idioma, lo que indica que el ser humano todavía conserva la buena costumbre del reconocimiento.

Decimos “gracias” cientos de veces por día, por cuestiones menores que hacen al quehacer cotidiano o por asuntos mayúsculos que tienen marcada incidencia en nuestras vidas.

Es una costumbre y tiene sus matices, no es lo mismo el “gracias” dicho al pasar que el gracias que encierra una emoción, una pizquita de alegría.

Le decimos “gracias” a alguien que nos abre la puerta inclusive a aquel que nos vende algo, cuando debería ser él el que agradezca. A aquel que nos desea buena suerte o al doctor que nos ha quitado una dolencia

Son infinitas las situaciones donde aparece la palabra “gracias”, y es un modo de reconocer la amabilidad con que nos ha tratado algún semejante.

Decimos “gracias a Dios” cuando algún problema mayúsculo ha sido superado, o simplemente cuando nos preguntan cómo andamos: “Muy bien, gracias a Dios”

Debiéramos agradecer por la trascendencia que tiene el vivir. Levantarnos todos los días y decir: “Gracias por una nueva posibilidad de vida”. Agradecer por estar vivo y tener la oportunidad de ir a buscar trocitos de felicidad en las horas que nos aguardan.

Sería también importante agradecer a aquellos que van con nosotros por idénticos caminos, que sería una forma de agradecer la compañía, la voluntad de estar cerca, la vocación de ayudar.

Distinto es “hacer una gracia”, una monería, un chiste para divertir a los demás. “Estuviste muy gracioso”, le decimos a aquel que ha tenido una salida ingeniosa que nos provocó una sonrisa. Por el contario usamos el “no te hagás el gracioso” cuando nos quieren meter gato por liebre y nos damos cuenta de la intención.

De ambas maneras, la gracia o las gracias están presente a cada momento, y representan la forma de reconocer en el otro cierto grado de amabilidad. A tal punto “el gracias” es trascendente que, en numerosas oportunidades, ha influido en obras artísticas, como en el libro Gracias por el fuego de Mario Benedetti, o en la magnífica canción de Violeta Parra Gracias a la vida. “Gracias totales” fue lo que dijo Gustavo Cerati cuando se despidió de Soda Stereo, también.

Es una palabra pequeñita que se dice, muchas veces, minúsculamente pero tiene una importancia fundamental en las relaciones de este grupo social que conformamos. Una pequeña caricia al alma que da señales de que valoramos todo aquello que puedan hacer con nosotros.

Cuando salgamos de casa todos los días, metámonos un puñadito de gracias en la boca porque seguramente lo vamos a necesitar. Y ahora, en un gesto de desprendimiento que suelo tener, les doy gracias a ustedes por haber llegado al final de esta nota.

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