Metegol: diversión y pasión que sobreviven hasta en campeonatos

Actualmente, la Liga Mendocina tiene a 70 jugadores entrenando permanentemente. Participan personas con discapacidad, para quienes adaptan las mesas. Foto: José Gutiérrez / Los Andes
Actualmente, la Liga Mendocina tiene a 70 jugadores entrenando permanentemente. Participan personas con discapacidad, para quienes adaptan las mesas. Foto: José Gutiérrez / Los Andes

En medio de tanta tecnología, la Liga Mendocina de Fútbol sobre mesa mantiene vigente al metegol con cientos de fanáticos y jugadores en la provincia.

En tiempos de súper tecnologías y del entretenimiento digital, hay actividades que ya no se ven con tanta cotidianeidad como antes. Ya no se juega a las bolitas en las veredas de tierra, ni se tiran figuritas contra la pared. Ya no se hacen girar trompos y mucho menos se ven volar barriletes entre los árboles el barrio. Los juegos al aire libre, así como los de mesa, fueron devorados por la vorágine de la tecnología y sus propuestas espectaculares. Sin embargo, hay algunas pasiones que todavía sobreviven, con algunos valiosos condimentos que las pantallas no lograron igualar.

“¿No se dan cuenta que lo que nos une es mucho más que lo que nos separa?”, le dice “El Loco” al resto del equipo en una de las escenas más icónicas de la película “Metegol” en una frase que bien puede explicar, o al menos anticipar, la vigencia del icónico juego en esta era. “Taca-taca”, “futbolín”, “futbolito”, metegol. Lo juegan en tantas partes del mundo que no tiene un solo nombre. El metegol sigue siendo de los juegos que sobrevivió de generación en generación y aún sigue vigente entre los mendocinos. De hecho, hay fanáticos que fueron más allá.

El juego profesionalizó lo que siempre se vio como un entretenimiento. Foto: José Gutiérrez / Los Andes
El juego profesionalizó lo que siempre se vio como un entretenimiento. Foto: José Gutiérrez / Los Andes

En el fondo de una casa de un barrio en San Martín, allá por enero de 2016, algunos pocos amigos se juntaron un fin de semana a jugar con un metegol alquilado, ya que no tenían propio, mientras compartían pizza y unos tragos. Al principio eran un puñado, al fin de semana siguiente fueron diez, y a partir de allí la bola de nieve no se detuvo. Cinco años más tarde, ese grupo de amigos es el corazón de la Liga Mendocina de Fútbol de Mesa, con tres sedes en Junín, Capital y San Martín (Montecaseros).

“Se formó una amistad, como es el metegol, que te incluye y ayuda”, manifestó a Los Andes el presidente de la Liga, Sergio Páez. Él, que abrió las puertas de su casa hasta largas horas de la noche para esas primeras juntadas, sabe por qué el metegol sigue despertando fanáticos, sea la época que sea: “El metegol es el juego de la clase obrera, el juego de los chicos más humildes. Era el juego al que todos podían acceder en su momento, porque con una ficha jugaban cuatro; era económico y siempre lo fue”.

Según cuentan algunos historiadores, la idea original corresponde a Alejandro Finisterre, un poeta que nació en 1919 en Galicia, donde fue víctima de la Guerra Civil española. Esa vivencia y el ver sufrir a los niños españoles por heridas o encierro, lo habrían llevado a idear un juego de características tan particulares. Sergio advierte que los alemanes también se adjudican el invento y no está del todo claro de dónde surgió.

Lo que sí es una certeza es que el metegol trascendió fronteras y se volvió un fenómeno mundial. Y en ese contexto, Mendoza poco a poco se convirtió en referencia nacional.

Mendoza, la más convocante

Sergio Páez contó a Los Andes que después de viajar con la liga mendocina a Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires, entre otros, notaron que “Mendoza es la provincia más convocante de todo el país”. Actualmente, la entidad local cuenta con 70 jugadores entrenando permanentemente y “hemos juntado hasta 250 personas compitiendo”, destacó quien, además de ser presidente, fue recientemente designado como DT de la Selección Argentina de Fútbol de mesa adaptado para sillas de ruedas. “Somos los únicos en América en presentar una selección para el mundial”, subrayó Páez, orgulloso.

Ese parece ser uno de los motivos por los que el metegol se mantiene vivo: la inclusión. “La gente no se adapta al metegol, nosotros adaptamos el metegol a la gente. Ante cualquier discapacidad, nosotros remodelamos el metegol para que vos puedas jugar de alguna manera, para que puedas disfrutar jugar igual que cualquiera”, recalcó Páez. Así es que en la Liga Mendocina “tenemos metegoles adaptados para silla de ruedas, para chicos ciegos; invitamos a chicos con síndrome de Down y asperger”, agregó.

Mauricio Cantalejos es un fanático de los deportes y hace 27 años tuvo un accidente por el que quedó en silla de ruedas, algo que le cambió la vida para siempre. Amigo desde la infancia de “el loco de los metegoles”, como lo llama a Sergio, un día lo fue a visitar a su casa. “Siempre me invitaba a jugar y yo me sentía un poco incómodo, porque con la silla de ruedas, las rodillas me pegan en el metegol. Igual probé, pero tampoco veía bien la mesa”, recordó sobre aquella primera experiencia.

Foto: José Gutierrez / Los Andes
Foto: José Gutierrez / Los Andes

Días después recibió una llamada de su amigo, que “se había quedado con la intriga” y lo invitaba otra vez a jugar metegol. Esta vez, la invitación era para empezar a trabajar juntos en la readaptación de una mesa para que Mauricio pudiera jugar. “Y ahí empezó toda esta locura. Yo le di unas sugerencias y así armamos la primera mesa”, contó Mauricio. Ahora, después de “mejorar y perfeccionar” aquella primera invención, fabrican ellos mismos las mesas.

Mauricio descubrió allí un mundo nuevo, que describe como “familiar y lindo”, “un deporte mezclado con algo muy recreativo”, dice. Él, que antes había practicado básquet adaptado en silla de ruedas a nivel profesional, encontró algo diferente en el metegol: “Van niños, mujeres, personas grandes, gente de todas las clases sociales. Yo no sabía que era tan bueno y entretenido, no sólo por lo que se ve de divertido, sino también por el nivel que hay”.

Es que uno de los grandes cambios en la actualidad es que el metegol “antes nadie te enseñaba a jugar, aprendías de intentar e intentar. Ahora nosotros hacemos escuela”, explicó Paez. Y eso tuvo como consecuencia la profesionalización de lo que siempre se vio como un entretenimiento: “Ahora es una actividad física más, no es sólo un juego. Ahora se da también como deporte y como competencia”.

Sin embargo, además de la inclusión, hay otro pilar fundamental para la vigencia del metegol. Para Sergio Páez, “el espíritu amateur es el que conserva todo”. Por eso, explica, más allá de que muchos de ellos compiten profesionalmente, la Liga Mendocina sigue fomentando el metegol como juego, tal cual se lo conoce desde niño, “sin revoloteo y pelota que entra y sale, es gol”. “Todavía seguimos conservando las juntadas en las casas. Es lo divertido del metegol: jugar y divertirse”, concluyó.

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