María Cecilia Albino: “Ayudando a los demás, me ayudo a mí y a mi emprendimiento”

María Cecilia Albino. Foto: Marcelo Rolland / Los Andes
María Cecilia Albino. Foto: Marcelo Rolland / Los Andes

Se define como una persona que trabaja para ser mejor. A los 42 años, puede decir que logró canalizar la creatividad a partir del proyecto que nació con su tercera hija, Lieve. Agradece a las redes sociales que “han sido una bendición y un apoyo” para ella.

Fue gracias a su tercera hija que logró encausar su “ser creativo”. Hasta que nació Lieve, María Cecilia Albino había estado probando diferentes proyectos: trabajó de cocinera y en bodegas, conoció la gastronomía integralmente, hizo decoración de eventos y de casas. Se enamoró de Roon Van Rhee (en una historia digna de película romántica), se casaron y llegaron los niños Roon y Ben.

Sus días eran como los de tantas familias hasta que durante el tercer embarazo recibieron el diagnóstico que cambiaría sus vidas. La pequeñita que cursaba el séptimo mes en el vientre materno tenía acondroplasia, “es una enfermedad genética -explica Cecilia- que como no tiene cura se transforma en condición” y afecta el crecimiento de los huesos largos.

“Recibir la noticia fue una patada voladora”, admite esta “madraza” -como la suelen calificar en su instagram @cecialbino.blog-. La tranquilidad llegó cuando descartaron “problemas en el corazón” y pudieron ver que las personas como Lieve son felices.

-¿Qué te habías imaginado para tu vida?

-No mucho. Siempre he tenido fe en que Dios me iba a mandar algo bueno, que me iba a marcar el camino. Porque lamentablemente estaba un poco perdida en cuanto a lo vocacional.

Durante las casi dos horas que estuvimos en su casa, Cecilia se desenvuelve como en las redes. Espontánea, entusiasta, reflexiva responde la entrevista que se desarrolla en el espacio dedicado a su tienda Ceci&Lieve, mientras Roon atiende las necesidades de los cuatro hijos de la pareja -además de Roon (10 años), Ben (9) y Lieve Paz (6), el cuarteto se completa con Íneke María (4)-.

Esta mujer de 42 años que se considera “un ser humano que trabaja para ser mejor” habla de la importancia del respeto, de la familia como formadora de adultos, de la gran enfermedad que es el desamor, de su experiencia como mamá de niña con acondroplasia, de la “bendición” que han sido las redes sociales, de amigarse con el dolor.

Nuevo rumbo

“Che, Ceci, por qué no escribís. Si a vos te encanta escribir, comunicar”, fue el consejo de una de las primas de Buenos Aires cuando nació Lieve en agosto de 2015. Y, aunque al principio dudó, aquella madre que estaba desorientada y que la estaba “pasando pésimo” empezó a escribir desde “la mamá que esa nena se merece”.

“Algo lindo que me dijeron, que te lo deberían decir para todos los hijos, fue ‘ella tiene que ver que estás muy feliz de recibirla’. Eso me obligó a salir de mí misma. Me puse a escribir como una genia de las madres que la tenía clara y, en realidad, era lo contrario. Y me la creí. Le estaba dando consejos a alguien y eran para mí. Lo súper recomiendo”, dice tras aclarar que escribe dos páginas diarias.

Asegura que después de haber leído tanto y haber hecho tanta terapia, no hay manera de equivocarse. “Uno sabe no desde la soberbia, sino de lo recorrido. Es fantástico -destaca-. Y, además, creo que Dios habla a través tuyo.”

Cecilia cuenta que conoce eso de tener la autoestima dañada, que le derivó en desórdenes alimentarios durante su adolescencia, y de cómo la lucha para superarlo la han “amigado con el dolor y la incertidumbre”. Esto -explica- le ha servido para llevar bien este nuevo desafío como madre. “No ha sido todo perfecto. Hay gente que no está amigada con eso y le pegan muy fuerte estas cosas. A mí me pegó fuerte y, sin embargo, me dicen que lo he llevado re bien”, admite y destaca que el mostrarlo fue la estrategia que le resultó.

Cecilia junto a sus cuatro hermanas y su papá, Abel Albino.
Cecilia junto a sus cuatro hermanas y su papá, Abel Albino.

Instagram ya era parte de su mundo. Incursiona con fotos y experiencias de su vida cotidiana desde que surgió la red social. Pero con Lieve, la cuenta se convirtió en una herramienta de conexión con tantas familias que tienen hijos con alguna discapacidad.

“Empecé a escribir para ayudarme y ayudar a las personas con acondroplasia a desdramatizar. Fue una maravilla porque cerré el círculo: ayudando a los demás, me ayudo a mí y a mi emprendimiento. Y me explayo creativamente”, resalta a la vez que considera a las redes sociales como “una bendición, un regalo”.

“Para mí, personalmente, han sido un apoyo inmenso y un canal de creatividad que no hubiese logrado de otra manera, de conexión, de amistad... Tengo amigas lindas que me han dado las redes”, sostiene y confiesa que abrió las puertas de su casa para algunas de ellas durante la pandemia para aliviarles el encierro impuesto por el Covid.

De la mano de Lieve también llegó la tienda, después de tantos años buscando un rumbo que le permitiera desarrollar su ser creativo. “Esa búsqueda permanente me ha hecho pasar por caminos de creatividad muy interesantes”, rememora y enumera que estudió cocina en Arrayanes y aunque no se recibió ejerció mucho tiempo de cocinera.

“Conocí el servicio, la gastronomía, el vino, el trato con el cliente, el inglés. Hice decoración de eventos y decoración de casas. Estudié Diseño de Interiores y me recibí en la Universidad de Mendoza. Me llaman estudios de arquitectura para hacer el estilismo de casas, pero no es lo mío”, dice con resolución.

Finalmente y encaminado ya su espacio a través de la escritura, decidió encarar un negocio: “Pensé que tenía que armar un emprendimiento para ella porque nadie le daría trabajo. Mirá todo el prejuicio que tenía... En realidad, me estaba sanando yo, no ella. Indirectamente, encontré mi camino gracias a ella; por eso, se llama Ceci&Lieve”.

En la tienda, Cecilia hace una curaduría de diseño argentino para chicos. “No hago nada todavía. Estoy en un impasse. Lo próximo que tiene que venir es un producto mío o dedicarme a escribir un libro de cocina”, promete tras contar que también ha empezado un curso de costura y está “fascinada”.

Reconoce que ahora no tiene mucho tiempo para hacer todo lo que le gustaría. “Estoy un poco dispersa”, señala. Tiene claro que su prioridad son los niños, pero cuando crezcan un poco más tiene pensado retomar sus estudios de cocina.

El valor de la familia

Para la hija mayor de Abel Albino, que se considera como “un alma libre”, la crianza es un trabajo espectacular. “Tengo que sacar el mejor partido: darle al mundo adultos lo más sanos posibles”, dice convencida de que la familia es un “refugio” y “la mayor responsable de la salud mental de una persona”.

“¿Cómo puede ser que nuestros hijos reflexionen con youtubers y no con nosotros?”, se lamenta.

Por eso, ella y su esposo Roon buscan dedicar tiempo a sus cuatro hijos y charlar. “Reconozco que es una demanda de energía muy fuerte, pero tratamos de hacer una casa donde haya creatividad en la medida de lo posible, que experimenten”, acota y señala por la ventana la huerta “que ahora está medio medio”. Conecta mucho “con los chicos desde las actividades diarias”, como la cocina, y eso se puede ver en su perfil de Instagram.

Cecilia junto a su esposo Roon y sus cuatro hijos. Foto: Marcelo Rolland / Los Andes
Cecilia junto a su esposo Roon y sus cuatro hijos. Foto: Marcelo Rolland / Los Andes

Esta mujer que perdió a su mamá (Cecilia Barrio) cuando tenía 18 años valora la “fe y el amor que sembraron” sus padres. “Soy hija de dos personas que dieron mucho por los demás y son ejemplos de seres humanos”, asegura y cuenta orgullosa anécdotas de gente agradecida con su papá. “El apellido nunca ha sido un peso. No hay persona, piense o no piense como uno, que no tenga admiración, respeto. Porque cuando hay gestión y amor atrás, tu ideología, religión o creencia no pueden voltear el amor”, sostiene.

Atesora esos momentos de intimidad familiar -”de estar nosotros, interpelarnos, de dar”, especifica- donde aprendió, además, la importancia de colaborar en el seno de su hogar junto a sus hermanas María José, María Julia, María Pilar y María Luisa.

Y es eso lo que con Roon buscan transmitir a sus niños. “Como dice Pampita, le pedí al cielo y me lo mandó. Yo también le pedí al cielo y me lo mandó”, dice al recordar aquel día cuando conoció a su esposo. “Es un tipo muy especial. Nos identificamos con los valores al toque”, agrega.

Por entonces, Cecilia trabajaba en una bodega y una amiga de Buenos Aires que se dedicaba al turismo le pidió que fuera la pata mendocina para recibir a un holandés que quería conocer la Argentina. “Sí, obvio, le dije. La idea era que estuviera con un local, que más que una guía fuera una amiga”, indica.

Ya la amiga había vaticinado el futuro. “Hoy tuve un skype con él y creo que ustedes dos se van a enamorar.” Y así fue. Luego, cuando se conocieron el día anterior a la recorrida pactada, cinco minutos le sirvieron a Cecilia para darse cuenta de que fue amor a primera vista. “Le llamé a una amiga, Paula, y le dije: ‘me voy a casar con este chico’. No sé por qué. Nunca había estado de novia formal”, apunta.

Al día siguiente, cumplieron el plan turístico, pero en vez de terminar como estaba previsto en un boliche lo llevó al Cacano (en Chacras de Coria). “Eso era Mendoza”, justifica el cambio y se sincera: “Yo amaba el Cacano. Era mi lugar”.

En la despedida, se dio cuenta de que el flechazo había sido mutuo. “En un mes vuelvo”, fue la promesa aquel 10 de mayo. Y cumplió: el 12 de junio ya estaba de regreso para -tal como dijo a toda la familia reunida para un bautismo en una finca de Rivadavia- “ver si Cecilia es la mujer de mi vida”.

Quién quiere ser millonario

El instagram de Cecilia ya tenía 16 mil seguidores (ahora duplica ese número) y la historia de Lieve había salido en varios medios de comunicación, cuando la llamaron de la producción de Quién quiere ser millonario. Fue la hermana de Santiago del Moro quien seguía los posteos de Cecilia, veía cada avance de la pequeña y mostraba los videos a sus sobrinas.

En setiembre de 2019, la historia de Lieve se hizo conocida en el programa Quién quiere ser millonario.
En setiembre de 2019, la historia de Lieve se hizo conocida en el programa Quién quiere ser millonario.

Así la mendocina convenció a su esposo y participaron del programa en setiembre de 2019. “Roon quería que fuera sola. Pero no soy la madre luchona que hizo un blog; somos los dos. Pongo la cara porque escribo, pero sin el apoyo mutuo que nos damos, no podríamos”, apunta.

Les fue bien con las preguntas, pero quedaron más satisfechos de poder mostrar a Lieve. “Está en nosotros abrir los corazones de las personas. Nadie es un error. Todos tenemos un papel en el plan maestro. Ese chico tiene que ser protagonista de su vida y en el mundo, no escondido”, cierra.

La creatividad, el valor de las cosas vintage

“Hola! Soy @cecialbino.blog y te muestro el #vintage que colecciono desde los 90′s y más”, se presenta en su perfil de Instagram “Ceci, la vintage”. Ese hobby -aunque hay quienes lo interpretan como otro emprendimiento- se luce en algunas estanterías de su tienda.

Frascos de cocina, un plato del Mundial ‘78, un mono relojero, cerámicas, un globo terráqueo que le regaló su cuñada holandesa. Son cosas que le regalan, que busca en la que era la casa de su abuela, que encuentra en el depósito de alguna ferretería o que compra por un valor simbólico en alguna feria de Holanda (cuando va a visitar a la familia de su esposo).

Hay mucho amor detrás. Valoro la creatividad de antes sin todas las herramientas que hay ahora. Gente que ha pasado horas dibujando tipografías. Había arte en las cosas, incluso en lo kitsch. Qué gracia había antes: las ilustraciones eran preciosas; las fachadas, los detalles en las rejas... hasta las macetas eran bonitas. Me da intriga y admiración por qué se hicieron las cosas así. Hay mucha riqueza estética. El diseñador, el arquitecto hacían los detalles a mano, los sentían. Eso valoro del trabajo con las manos; realmente sentimos lo que hacemos con nuestras manos”, argumenta.

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