Juan Matías Arnulphi. “El proyecto de Café posible nació para que el futuro de mi hijo sea diferente”

Juan Matías Arnulphi, músico y emprendedor. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Juan Matías Arnulphi, músico y emprendedor. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

El músico se dedica a la gastronomía desde 2012. Tiene casi 20 emprendimientos funcionando. A partir del diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista de su niño Valentino es que creó un espacio laboral para personas con discapacidad.

De la familia materna, Charif, heredó el espíritu emprendedor, comerciante. De la familia paterna, Arnulphi, su pasión por la música. “De ese mix, salió Juan Matías”, dice sentado en una de las mesas de “Posible, café con amor puro” quien eligió el mundo de la gastronomía y del servicio para desarrollarse y se inspiró en su hijo para soñar a lo grande y armar un proyecto que brinde una oportunidad laboral a personas con discapacidad.

Evoca sus días de músico cuando se presentaba junto a Los Cerrillanos o lanzaba sus discos de solista. Habla con entusiasmo de sus iniciativas que van desde pizzería, cafeterías, cervecería, pastelería, mercado natural hasta peluquería, veterinaria y bed&breakfast. Se emociona hasta las lágrimas al imaginar a su Valentino, diagnosticado con autismo, en una sociedad más inclusiva.

En una de sus visitas, Maru Botana pasó por Café posible.
En una de sus visitas, Maru Botana pasó por Café posible.

“Las familias de las personas con discapacidad hacen un esfuerzo muy grande; lo llevás todo el tiempo a terapia, a la fonoaudióloga. Y que el día de mañana, cuando tenga 18 años, te diga ‘papá llevame al trabajo’ es muy fuerte. Son cosas que creés que nunca te van a pasar”, reflexiona mientras destaca los testimonios de las familias de sus empleados.

Ser el creador de una veintena de emprendimientos le dan la experiencia para asegurar que “siempre hay que tener plata, la idea y la suerte” además de socios y amigos. “Yo pongo la idea y ellos ponen la plata”, aclara este hombre de 37 años que está convencido de que hay ocuparse de lo que se puede solucionar, pero no hay que deprimirse por lo que no está al alcance de uno.

“La gente cree que todo es fácil... Llevo once años en esto y me he chocado con 200 paredes.”

-¿Cómo hacés para sobreponerte a esos choques?

-Así -dice mientras toma la servilleta de papel sobre la mesa-, giramos la página.

Quién es Juan Matías Arnulphi

Desde chico, Juan Matías estuvo ligado a la música. Lo tenía en los genes: su abuelo Juan Antonio Arnulphi tocaba la guitarra y su abuela Viviana cantaba. “Tengo recuerdos hermosos de mis abuelos cantando”, apunta.

Su vida era cien por ciento artística. Salía de la secundaria en el San Luis Gonzaga para “ir a cantar a la tele” con Los Cerrillanos. Con 16 años, adquirió la responsabilidad de esa “empresa” que era el grupo folclórico. “Había que estar a una hora determinada con el traje de gaucho impecable. Los viernes no podía salir a bailar porque los sábados cantaba. Tocábamos en espectáculos y festivales. Teníamos más o menos 10 shows por mes”, cuenta y especifica que a fin de año se sumaban las cenas empresariales.

Como quería ser músico, también estudiaba guitarra en la Escuela de Música.

Alrededor de los 22 años, se lanzó como solista hasta que se fue a probar suerte a Barcelona. “Venía con la cabeza de empresario de la música: saqué cinco discos, le hice canción a Norton y a la Fundación Conin, y jingles publicitarios para programas de radio. Daba clases de guitarra y en escuelas”, enumera.

Juan Matías Arnulphi, músico y emprendedor. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Juan Matías Arnulphi, músico y emprendedor. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Esa veta empresaria estaba en su ADN por parte de los Charif. Su mamá Magalí fue dueña por más de 35 años de una de las tradicionales perfumerías mendocinas -que funcionó frente a diario Los Andes hasta 2004; la de su abuelo se mantuvo unos años más, en la ubicación original de San Martín y San Luis-.

Me crié en el ambiente de comercio. De chiquito trabajaba en la perfumería”, comenta Juan Matías que a los 11 años perdió a su papá Jorge, víctima de un cáncer que terminó con su vida en tres meses. “Él era un contador brillante; cero comercio, todo académico. Mi mamá -quien falleció también de cáncer en 2020 y lo apoyó en cada uno de sus negocios- era cero académica, todo comercio”, apunta.

Pero la pasión musical siempre fue más fuerte. Por eso, no alcanzó a comprender demasiado aquella conversación que tuvo con su tío Carlitos que era astrólogo, “tenía inversiones en Estados Unidos y vivía en barrio Norte (Buenos Aires) como un rey”.

Cuando Juan Matías tenía 15 ó 16 años, el tío “que era como Enrique Pinti” le preguntó qué planes tenía para su vida. “Yo quiero tocar la guitarra”, respondió aquel adolescente sin titubear. “Yo te voy a contar algo -presagió el astrólogo-: Sé que vas a tocar la guitarra, pero vos vas a ser un gran empresario porque a vos, querido, te gusta mucho la plata; te gusta vivir bien y para vivir bien, tenés que tener una estructura armada que te permita tocar la guitarra cuando vos quieras.”

Enamorado de la gastronomía

Un buen día, Juan Matías decidió cruzar el Atlántico para conocer Barcelona. Sin papeles y con sólo cien dólares, al tercer día de su arribo se estaba quedando sin reservas; por eso, no dudó en pedir trabajo en un restaurante. “El tipo se dio cuenta de que yo no sabía nada, pero le ponía tantas ganas que me dejó. Hoy en día es un íntimo amigo cuasi socio en Catalunia”, confiesa.

Durante ese tiempo en Barcelona y Madrid, trabajó 14 ó 15 horas diarias, aprendió los secretos del oficio y se “enamoró a la fuerza de la gastronomía”.

Al regresar a Mendoza, puso su primer café -que aún tiene- en el centro de la Galería Kolton. Las dificultades no se hicieron esperar, pero se las ingenió con un 2x1 en comida para sobreponerse. “Era tan barato que empezó a ir gente y me empezó a ir bien en 2013, 2014, 2015 y 2016 y pude expandirme”, rememora los momentos de bonanza. Ese ritmo que venía increscendo se interrumpió por el Covid 19 y tuvo que cerrar siete locales.

La pandemia me cortó las piernas, pero me hizo ver otras cosas. Barajé y di de nuevo”, analiza.

Convencido de que no hay mal que por bien no venga, agradece a toda la gente que lo ayudó para superar esa etapa (una de ellas es Marina, que sentada a su lado en la entrevista, asiente lo que cuenta y está atenta a lo que sucede en el local).

Julia Bercich es moza en el tercer local de Café posible, ubicado en la Arístides. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Julia Bercich es moza en el tercer local de Café posible, ubicado en la Arístides. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

“Hace dos años estaba en el café de la Peatonal vendiendo en la puerta porque era ‘take away’ y vendía mil pesos por día a plata de hoy. Creo que le puse huevo para salir adelante. Nada se consigue sin esfuerzo”, advierte más aliviado y otra vez con 18 proyectos funcionando y en expansión. Es que -desde su punto de vista- la pospandemia fue una oportunidad de recuperación rápida porque la gente necesitaba salir.

-¿Qué te ha dado la gastronomía que no te ha dado otro rubro?

-Me gusta mucho el servicio y, si lo comparo con la parte artística, la gastronomía con sus altos y bajos tiene cierta estabilidad para proyectar. Cuando me propuse empezar con la gastronomía, me propuse hacer un camino gastronómico y el día de mañana volver a la parte artística -tal como había vaticinado el tío-.

Cómo nació Café Posible

Valentino nació en 2015 y a los 18 meses tuvo el diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA). “Cuando recibí el diagnóstico, me puse a trabajar”, asevera Juan Matías a la vez que explica que tramitó inmediatamente el certificado de discapacidad y la cobertura en la obra social.

“Yo lo acepté y también invito a todo el mundo a que lo acepte. A mi hijo lo mostré siempre. Mientras más se habla de autismo, más gente se entera. A mi hijo jamás lo he dejado de llevar conmigo”, admite este hombre que sueña con llevar su Café posible a España y vivir en aquel país en una ciudad con mar.

Café posible es un proyecto que emplea a personas con discapacidad, que ya cuenta con tres locales en la capital mendocina (Espejo 188, Rivadavia 38 y Arístides Villanueva 362) y uno en construcción en Chacras de Coria.

Café Posible, el proyecto gastronómico que emplea a personas con discapacidad.
Café Posible, el proyecto gastronómico que emplea a personas con discapacidad.

-¿Cómo surgió Café posible?

-Lo hice por mi hijo. Seguramente si mi hijo no tuviera autismo, quizás nunca hubiese nacido este proyecto. A mí, claramente, me movió esa idea para que el futuro de mi hijo sea diferente. Dije: ‘quiero hacer algo para el día de mañana quede; para que cuando mi hijo tenga 18 años pueda elegir donde trabajar’. Quiero desterrar esa caparazón que hay en la sociedad que piensa ‘este trabajo no lo puede hacer una persona con discapacidad’.

Este hombre que se caracteriza por ser intuitivo e impulsivo, que persigue hasta lograr aquello que se le metió en la cabeza, cuenta que “se quiso dar el gusto de hacer esta idea de un pequeño Café posible y salió bien”.

En diciembre del año pasado, abrió en calle Espejo: “La idea era buscar un local que fuera chiquito, pero en una zona muy visible. Porque el objetivo es normalizar que las personas con discapacidad pueden trabajar”.

Los mendocinos llegaron por curiosidad, con el prejuicio de que la atención sería lenta y el servicio malo. “Eso lo desterramos porque yo vengo con el ‘know how’ gastronómico”, se sincera Juan Matías y agrega que la aceptación social fue rápida.

Entonces, se decidieron a dar un “saltito un poco más grande”, buscaron un espacio más amplio y desembarcaron donde solía funcionar la Librería Mil. Allí, los sábados se programan espectáculos artísticos que también tienen que ver con la inclusión.

Joaquin Rodriguez (28) es pastelero y Catalina Sanchez Melchor (24) lleva el pedido a los clientes en la sucursal de calle Arístides. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Joaquin Rodriguez (28) es pastelero y Catalina Sanchez Melchor (24) lleva el pedido a los clientes en la sucursal de calle Arístides. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Como el proyecto seguía avanzando y creciendo, se animaron a un lugar con más llegada como es la Arístides. En esta avenida tan transitada por turistas y mendocinos, también se abrió una peluquería infantil con el mismo concepto y está próximo a inaugurarse en la parte superior de la cafetería un bed&breakfast.

Hoy tenemos 16 empleados con discapacidad en todos los Café posible”, describe Juan Matías a la vez que especifica que desde el inicio sólo dos no se adaptaron.

“Creo que hemos dado un alivio muy grande a muchas familias. Dicen que el trabajo y la oportunidad les cambió la vida. Se sienten incluidos”, considera este hombre que se define como “una persona que sueña y emprende permanentemente” y que siente que aunque su mamá no pudo ver el surgimiento de esta iniciativa lo “guía e ilumina”.

Canción azul, para visibilizar el autismo

El lado musical de Juan Matías sigue intacto, aunque sus preocupaciones ahora pasen por otro lado. “Tengo presiones de 18 alquileres, de 18 facturas de luz, empleados, quejas de todo... Un poco envidio a mis amigos músicos que no tienen esas presiones... Es otra vida. Cada uno elige la vida que quiere. Yo para esta etapa de mi vida, elegí ésta. Pero nunca me olvido de esta parte y estoy a disposición como para la gala del Patrón Santiago en el teatro Independencia”, dice.

Esta pasión lo llevó a convocar a una docena de colegas para hacer “Canción azul”, dedicada a su hijo Valentino en el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo (que se conmemora en abril).

Con letra de Gustavo Machado y música de Juan Matías, participaron Marcelo Fernández, Juan Pío Chimeno, Lisandro Bertín, Victoria Alberoni, Paito Figueroa, Pablo Torres, Johana Quinteros, Andrés Iacopini, Clari Ceschin, Carlos Méndez y Mariana Allub. La producción musical estuvo a cargo de Paito Figueroa, la dirección fue responsabilidad de Marcos Rodríguez; y contó con la participación especial en violín de Francisco Delgado “Ccesco”.

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