miércoles 25 de noviembre de 2020

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María Rosa Maldonado, es docente suplente desde hace 8 años pero has solo unas semana que logro concretar su sueño de recibirse de maestra.
Sociedad

Historia para emocionarse: después de 24 años, pudo cumplir su sueño de ser maestra

María Rosa Maldonado mantuvo firme su anhelo de toda la vida y a pesar de las dificultades y una tragedia, este lunes se recibió.

  • sábado, 21 de noviembre de 2020
María Rosa Maldonado, es docente suplente desde hace 8 años pero has solo unas semana que logro concretar su sueño de recibirse de maestra.
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Debieron transcurrir muchos años para que María Rosa Maldonado pudiera, finalmente, cumplir su sueño. Un sueño que para muchos podrá parecer sencillo, pero que para ella era crucial: convertirse en maestra.

De pequeña jugaba con sus hermanos y se imaginaba como docente de escuela primaria; así, sentía en lo más profundo que se trataba de su verdadera vocación.

Pero la vida, la entrega a los hijos y también algunas adversidades se cruzaron en el camino de esta mendocina, pero sin impedirle obtener su anhelado título de profesora de Enseñanza Primaria en el Instituto de Formación Docente 9-002 Tomás Godoy Cruz.

La inolvidable fecha fue el lunes pasado, cuando María Rosa rindió la última materia, en medio de una emoción indescriptible -que parecía haberse acumulado- y con toda su familia a la expectativa.

No era para menos: al mucho tiempo que María Rosa le puso cuerpo y sacrificio a la carrera, se le sumó lo más doloroso que puede sufrir un ser humano, la muerte de su hija Micaela, de 25 años.

“Es mi fuerza, mi ángel guardián. Su partida fue un golpe inesperado. Esto que hice, en gran parte fue por ella y por la nieta que me dejó”, resume, emocionada.

Volver a empezar

Aquel hecho tan desafortunado provocó “un antes y un después” en su vida, pero decidió seguir adelante y dar el ejemplo al resto de sus hijos: Jonathan (32 años), Maximiliano (29) y Brian (23).

Además, el merecido título fue un regalo que a sus 50 años le quiso dejar a sus cinco hermosos nietos: Tobías, Isaías, Ciro, Bautista y Zoe (esta última, de seis años, hija de su hija fallecida).

Fue en 1996, con 26 años, cuando María Rosa decidió inscribirse en la carrera. Efectivamente lo hizo, pero al poco tiempo se vio obligada a cambiar los planes porque estaba embarazada de su cuarto hijo. Era un embarazo de riesgo.

Nació el bebé y, nuevamente, como buena esposa y madre, se abocó a la familia. Recién en 2009, con los chicos más crecidos, decidió retomar.

María Rosa se encontraba esta vez con otro escollo, pero no iba a dar el brazo a torcer. “Me sentía algo cohibida, tal vez con la autoestima baja. Me daba vergüenza ser mayor que mis compañeros y en varias ocasiones me invadió la frustración”, relata.

Martín, su esposo, con quien lleva nada menos que 33 años de casados, siempre resultó un sostén fundamental, al igual que su mamá Aurora, de casi 80 años, que anhelaba el momento de tener una hija docente.

Cuando por fin la profesora de residencia, Alejandra Sosa, le dio el visto bueno a su exposición, María Rosa se emocionó hasta las lágrimas.

Inmediatamente apareció Micaela en su cabeza. “Fue extraño -se sincera- me sentía vacía y a la vez con una alegría indescriptible”.

“Saqué fuerzas de donde no tenía y me di cuenta de que los sueños pueden cumplirse, de que una puede a esta altura de la vida sentirse orgullosa de sus logros”, reflexiona.

Maestra de todo corazón

Si bien no contaba con el título oficial, la profesora Maldonado se venía desempeñando como suplente de tercer grado en la escuela Lucio Cichitti, de Guaymallén.

“Ahora, con el título, me aseguraron continuidad”, advierte, mientras asegura ser consciente de los cambios que supuso la pandemia en materia educativa.

“Afortunadamente mis chicos estuvieron en su mayoría conectados y cuando eso no ocurrió, me encargué de llevar en persona las fotocopias. Las familias respondieron maravillosamente”, recuerda.

Después de tanta lucha, llega el momento de la recompensa para esta docente nacida y criada en Maipú.

“Es el reconocimiento de mis alumnos. Aunque suene vanidoso, siento que me adoran, y tiene que ver con el hecho de promover constantemente los encuentros, las pizzas, el mate con torta y los panchos con salchichas”, define, mientras reitera, como si hiciera falta: “Estoy feliz”.


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