Heterocuriosos: hombres hetero que disfrutan del sexo sin tabúes

Escena de la película "Secreto en la montaña". Uno de sus personajes no se consideraba homosexual.
Escena de la película "Secreto en la montaña". Uno de sus personajes no se consideraba homosexual.

Se considera heterocurioso al hombre que se permite explorar su sexualidad más allá del género, sin considerarse a sí mismo como gay o bisexual.

En El color púrpura, película de Steven Spielberg –estrenada en 1985 y ambientada en los inicios del siglo XX– dos mujeres negras se besan. Esta escena no provocó ningún revuelo o consideración de homosexualidad hacia aquellas amigas unidas por la desgracia. Por el contrario, se entiende que es una expresión de cariño genuino entre ambas. Pero si se hubiera tratado de dos hombres, tal vez el “estigma” hubiera caído de inmediato sobre los personajes.

Lo mismo ocurre hasta la actualidad cuando una mujer heterosexual decide tener sexo con otra mujer: puede considerarse como “una noche distinta”, que está indagando y hasta puede ser motivo de fantasía para sus parejas del sexo opuesto. Sin embargo, si un hombre heterosexual prueba tener sexo con otro hombre, pueden recaer sobre él todo tipo de apelativos, por no mencionar las dudas que al mismo hombre se le pueden generar acerca de si mismo y de sus preferencias.

Sin embargo, entre los conceptos de homosexual, bisexual y heterosexual hay una enorme cantidad de opciones, gustos, elecciones y preferencias a los que se denomina “heteroflexibles” o “heterocuriosos”. De hecho, al igual que la bandera del colectivo LGBT+, conocida por sus franjas coloridas, la heterocuriosidad se identifica con las mismas franjas pero en degradé de grises.

No es lo mismo

Ser gay o bisexual no es lo mismo que ser heterocurioso, y aunque en numerosos casos suele considerárseles como indefinidos u homosexuales reprimidos en cuanto a su orientación sexual, lo cierto es que diversos especialistas en sexología aseguran que no es realmente así, ya que hay investigaciones sobre la conducta sexual humana, que indican que no todas aquellas personas que disfrutan de esta clase de encuentros resultan ser obligatoriamente bisexuales o gays.

Para lograr comprender este tema de mejor manera, podemos decir que los heterocuriosos son aquellos hombres que se identifican como heterosexuales a sí mismos, aunque esto no evita que tengan una mente abierta y se encuentren muy receptivos o dispuestos a tener sexo junto a otros hombres.

Lo cierto es que hasta los mismos gays consideran a estos hombres como “dentro del clóset” o que guardan las apariencias, sin entender que se trata de algo completamente distinto.

Para Juan Macías, psicólogo especializado en terapias sexuales y de pareja, “conceptos como heteroflexible o heterocurioso están permitiendo a los hombres explorar su sexualidad sin necesidad de cuestionar su identidad como heterosexuales”. Los especialistas parten de la premisa de que una cosa es la orientación sexual de un individuo y otra las prácticas que este lleve a cabo. “La orientación sexual”, explica Macías, “está construida socialmente, son categorías rígidas y excluyentes, con implicaciones que afectan a la identidad individual y social”. Forzosamente, uno debe encajar en alguna de estas tres clasificaciones: heterosexual, homosexual o bisexual. En cambio, “la práctica sexual es más flexible y más libre, es un concepto descriptivo. Se abre un espacio tremendamente sano en el que la exploración del deseo se libera de la identificación con una orientación sexual”, explica Macías.

Entonces, ¿qué es?

Lo cierto es que la heteroflexibilidad es una forma de orientación sexual o comportamiento sexual situacional que se caracteriza por una actividad fundamentalmente heterosexual con una cierta actividad homosexual limitada que se considera distinta de la bisexualidad. Se trata de un amplio proceso continuo de la orientación sexual que se ubica entre la heterosexualidad y la bisexualidad.

Lo mismo ocurre en la situación en la que una persona homosexual tiene encuentros heterosexuales por placer, sin dejar de ser gay. A esta situación, en la que predomina la actividad homosexual con solo algunos encuentros heterosexuales también ha sido denominada homoflexibilidad.

Diversos estudios científico-sociales señalan que algunos hombres que tienen sexo ocasional con otros hombres, continúan identificándose como heterosexuales. Muchas veces esto puede deberse a la falta de disponibilidad femenina, como en el caso de los hombres privados de la libertad, y que su atracción por el mismo sexo es lo suficientemente poco frecuente como para no afectar su identidad. Pueden afirmar que, si bien se sienten atraídos romántica, física y emocionalmente por las mujeres, su atracción por los hombres es puramente sexual y carece de atracción emocional.

Una característica del heteroflexible es que sus prácticas sexuales con mujeres son más importantes que sus encuentros sexuales con hombres. También pueden verse a sí mismos como masculinos, al tiempo que asocian una identidad atraída por el mismo sexo con la homosexualidad.

De hecho, se ha comprobado que en algunos ámbitos el término “heterocurioso” tiene una connotación bisexual, y que con frecuencia es una etiqueta autoaplicada –por desconocimiento– a la vez que puede ser utilizada como insulto dentro de la cultura popular.

¿Qué es ser “SMSM”?

En los últimos años hemos aprendido que la orientación sexual no es lo mismo que la identidad de género y, aunque el colectivo LGBT+ aglutina a todos, la diferencia es sustancial: orientación sexual es con quién se disfruta el sexo, mientras que la identidad de género es qué siente la persona que es en su interior (hombre, mujer y todas las identidades no binarias).

Sin embargo, hace muchos años (2006), un estudio sobre la discordancia entre comportamiento sexual e identidad sexual realizado por investigadores de la Universidad de Nueva York (EE UU), halló que 131 hombres de los 2.898 analizados admitían tener relaciones con hombres pese a definirse como heterosexuales. En opinión de los expertos, representaban a un 3,5% de la población.

Desde hace años, los médicos emplean las siglas HSH para referirse al conjunto de hombres (heteros o gays) que tienen sexo con hombres. Pero, recientemente, ha aflorado otro acrónimo más preciso para definir a este grupo: SMSM (”straight men who have sex with other men”: “hombres hetero que tienen sexo con otros hombres”). Portales web como Straightguise.com están consagrados a abordar el tema.

En julio de 2015 se publicó en EE UU el libro Not gay: sex between white straight men (No gay: sexo entre hombres blancos heterosexuales), en el que la profesora Jane Ward, de la Universidad de California, se hacía este planteamiento: una chica hetero puede besar a otra chica, puede gustarle hacerlo y aun así se la sigue considerando hetero; incluso su novio puede animarla. Pero, ¿pueden los chicos experimentar esa fluidez sexual? ¿O besar a otro chico significa que son gays? La autora cree que estamos ante un nuevo modelo de heterosexualidad que no se define como lo opuesto o la ausencia de homosexualidad.

Por su parte, el psicólogo, sexólogo y psicoterapeuta español Joan Vílchez considera que “la educación de los hombres ha sido bastante homofóbica. Se les ha hecho creer que es antinatural tener esos impulsos hacia otros hombres”.

Para el especialista, a veces estas relaciones eróticas esconden una necesidad de afecto que el hombre no está acostumbrado a expresar: “En los hombres hay mucha tendencia a genitalizar. Entre la cabeza y los genitales tenemos el corazón, que representa los sentimientos, y las tripas, que simbolizan los comportamientos más viscerales y las emociones más intensas, y es como si los hombres hubiéramos aprendido a hacer un bypass: pasamos de la cabeza directamente a los genitales sin acabar de vivir las emociones”, concluye.

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