Falta de servicios y hacinamiento, lo que percibieron los censistas en zonas vulnerables de Mendoza

Censistas recorrieron hasta las zonas más alejadas de la provincia. Foto: Municipalidad de Malargüe.
Censistas recorrieron hasta las zonas más alejadas de la provincia. Foto: Municipalidad de Malargüe.

Los encuestadores iniciaron los interrogatorios en áreas rurales y pobres hace unos días. Sus sensaciones.

Como docente, aunque también como ciudadana, la mendocina María Jimena Domínguez, que tiene 42 años y es mamá de tres hijos, no quiso perderse la interesante experiencia de ser protagonista en el Censo 2022. “Probablemente dentro de 10 años estaré jubilada… o sin ganas”, advirtió entre risas esta maestra de la escuela 1-582 Río Mendoza, en el barrio San Martín de Capital.

La zona que le fue asignada involucró a tres manzanas de un sector de La Favorita, un barrio urbano marginal que, debido a sus características particulares, resultó relevado una semana antes de la fecha oficial. Por otro lado, se autorizaba al censista a concurrir acompañado.

“Me anoté con mucha expectativa y hoy, cuando ya realicé el censo junto a dos compañeras, puedo asegurar que fue una gran experiencia, mucho más positiva de lo que me imaginé”, resumió María.

Tras una capacitación y luego una recorrida previa por el sector, María Jimena se desempeñó el pasado sábado entre las 9 y las 16.30. En el plazo de siete horas y media recorrió tres manzanas. “Es mucho tiempo para pocas manzanas, pero debemos tener en cuenta que en algunos domicilios permanecimos alrededor de una hora y media. En estos sectores populares viven hasta cuatro familias en un mismo lote”, relató. Además, pocos habían realizado el censo digital.

“Me quedaron algunas reflexiones importantes que tienen que ver con una elección de vida por parte de mucha gente. Hay quienes viven en La Favorita porque les agrada aunque sufran carencias de servicios básicos, como agua potable o cloacas”, señaló.

Agregó que su sector estuvo integrado por personas mayormente con empleo. “Al menos allí nadie nos hablaba de planes sociales, sino de trabajo y en muchos casos en blanco: choferes de micro, peluqueras. También observé personas solas con mucha necesidad de ser escuchadas”, dijo la docente.

“La excelente predisposición me llamó la atención. Nos invitaban con café, refrescos y nos ofrecían el baño. Gente muy educada que estaba informada de nuestra visita. Una sola persona se mostró ofuscada, pero se resolvió cuando su esposa respondió nuestras preguntas”, recordó.

María Jimena percibirá 8.500 pesos por su trabajo como censista. A los 6.000 de rigor se le suman 2.500 por zona rural o desfavorable.

María (izquierda) relevó la realidad del barrio La Favorita, de Ciudad.
María (izquierda) relevó la realidad del barrio La Favorita, de Ciudad.

Nada mejor que vivir el relevamiento en carne propia para una carrera puramente social como la que estudia Olivia Fernández, que cursa tercer año de Trabajo Social en la UNCuyo. “Cuando mi mamá, que es docente, me ofreció completar la planilla, no lo dudé ni un instante porque supe que sería muy importante para mi carrera y mi currículum”, sostuvo la joven de 20 años.

De acuerdo con el mapa y cronograma, le asignaron una zona de Chapanay, en el sector rural de San Martín, y si bien relevaron varias viviendas el pasado domingo, aún les resta otra parte.

“Muchas situaciones me llamaron la atención: la falta de conectividad y de Internet; el escaso acceso a la educación; familias con numerosos hijos; gran cantidad de comunidad boliviana; muchas personas que viven en un espacio reducido y abuelos sin futuro de jubilación”, enumeró.

Para Olivia, tal como están planteadas las preguntas, el censo resulta ser algo invasivo, aunque de los censistas dependerá el clima que se genere, opinó.

“Traté de hacerlo ameno, formulando las preguntas de manera amable, conversando. Algunas son incómodas y entiendo a la gente cuando evita responder. De todos modos fue muy buena experiencia”, agregó.

Olivia trabajó junto a su mamá Julieta y su hermana Agustina, que es arquitecta. Si bien acudieron con sus chalecos y credenciales identificatorios, hubo quienes se mostraron desconfiados.

A Olivia ser censista le aportó experiencia para su carrera universitaria.
A Olivia ser censista le aportó experiencia para su carrera universitaria.

La jornada de trabajo del profesor de Educación Física Kevin Ortíz, que da clases en el Cebja 3-128 y en la escuela especial 2-714 de Las Catitas, fue algo extraña: se encontró con muchas zonas de fincas y viviendas deshabitadas.

“Me tocó un circuito de la localidad de San Roque, en Maipú, y la mayoría de las viviendas tenían ladrillos en puertas y ventanas. Lo registré con fotos porque no vivía gente”, contó. Por eso, cuando finalizó su tarea ayudó a su novia, que también hacía relevamientos cerca.

“Lo que más notamos es la falta de agua potable y cloacas, algo que la gente reclama. No hemos visto pobreza extrema porque la mayoría tiene trabajo. Eso sí, en un lote suelen emplazarse cuatro o cinco casas y con varios integrantes”, describió.

Kevin, que tiene 26 años, admitió que siempre sintió curiosidad por la tarea del censista. “Hoy ya sé de qué se trata y me gustó muchísimo haber sido protagonista”, dijo.

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