viernes 18 de septiembre de 2020

Los controles policiales están instalados desde el 20 de marzo - Ignacio Blanco / Los Andes
Sociedad

“Extraño mucho a mi novia, ¡no puedo vivir sin ella!”: las insólitas excusas para romper la cuarentena en 80 días

Casi 400 efectivos de la Distrital Ciudad de la Policía de Mendoza llevan más de 80 días apostados en los puestos de control. En el momento de mayor restricciones, la movilidad en el centro se redujo 70%.

Los controles policiales están instalados desde el 20 de marzo - Ignacio Blanco / Los Andes

Si bien en las últimas semanas se sumaron diferentes flexibilizaciones y de a poco la circulación por la vía pública se tornó menos restringida -incluso esta semana se salió de la etapa de aislamiento y se pasó a la de distanciamiento-; los primeros meses desde que se diera el brote de la pandemia fueron muy rigurosos en cuanto al control. En la Ciudad de Mendoza, 400 efectivos de esa distrital de la Policía actuaron -y siguen actuando todavía- prácticamente como “Centinelas de la Ciudad”, destinados a distintos puestos de control (fijos y móviles) por más de 80 días. Y fueron su intervención y accionar los que derivaron en que, en el momento de mayor restricciones, la movilidad se redujera 70% en la zona urbana que concentra la mayor cantidad de entidades bancarias y oficinas públicas (repletas de ciudadanos en circunstancias normales).

Mariana Villa / Los Andeslos andes

De los puestos de control que estuvieron desde el mismo 20 de marzo -cuando comenzó la cuarentena-, sólo quedan dos fijos: en el Kilómetro Cero y en José Vicente Zapata y Salta (en el ingreso principal a la Ciudad). Además hay otros que se movieron un poco, como el de Alem y José Federico Moreno -frente al Hospital Central-; y que también fue de utilidad para reducir robos y hurtos en la zona de la Terminal. Porque, además del control sanitario y del permiso de circulación, los uniformados nunca abandonaron su función de control ciudadano.

En los puestos de control, no faltaron tampoco situaciones atípicas o extrañas; ni tampoco descabelladas excusas aportadas por mendocinos que incumplían con el aislamiento y deambulaban, ya sea caminando o en sus vehículos.

Romántico

“Extraño mucho a mi novia, ¡no puedo vivir sin ella!”. Como si fuese el protagonista de una película de amor, pochoclera y de esas que abundan en los canales de aire los fines de semana; un joven ensayó ese argumento cuando uno de los uniformados le pidió que se detengan en uno de los controles dispuestos en la zona de ingresos a la Ciudad de Mendoza.

El joven no tenía permiso de circulación para hacerlo, y recurrió a un argumento 100% romántico para intentar zafar.

En apuros

La circulación está autorizada -o recomendada- hasta las 19. A esa hora se escucha una sinfonía de sirenas que avisan a los mendocinos que es recomendable no salir de sus casas; siempre de acuerdo a lo que fija -o fijaba en el caso de Mendoza- el decreto nacional de aislamiento social, preventivo y obligatorio.

Más allá de esto, varias personas fueron sorprendidas conduciendo sus vehículos luego de ese horario. Y si bien las excepciones contemplaban las urgencias como uno de los casos permitidos, hubo algunas llamativas. “Iba a comprar preservativos” fue otra de las excusas más elegidas.

En el primer día de aislamiento fueron detenidas 16 personas en Mendoza

Delivery de comida, y algo más

Quizás por la exposición de estar en el Kilómetro Cero, el puesto del que menos situaciones atípicas fue escenario fue el de San Martín y Peatonal. Todo lo contrario ocurrió en en de Zapata y Salta; pero las excusas llamativas no faltaron en ninguno.

En los controles se identificó a varias personas que tenían pedido de captura, y también se hicieron controles de rutina a los jóvenes que trabajan en plataformas de delivery. A uno de ellos, mientras inspeccionaban la caja donde llevaba normalmente los pedidos, le encontraron cogollos de marihuana. “La verdad es que la aplicación no me paga mucho por las entregas; y gano más plata con estas entregas”, se sinceró.

¿Turno programado?

Que un automovilista argumente en un control vial rutinario que se dirige al Registro Civil porque tiene un turno programado no tiene nada de extraño. Pero cuando el Registro Civil está cerrado por el aislamiento en tiempos de coronavirus, y así y todo el conductor insiste en que tiene que llegar; se torna -cuando menos- raro.