Elisa y sus alumnos, una unión que permanece fuerte después de 50 años

Elisa Fraguglia, una maestra inolvidable.
Elisa Fraguglia, una maestra inolvidable.

La docente y sus “niños”, que hoy tienen 60 años, compartieron desde primero hasta sexto grado en la escuela Carlos Norberto Vergara, de Ciudad. Volvieron a reunirse y a afianzar el vínculo.

Tanto amor y dedicación volcó la señorita Elisa Fraguglia en sus alumnos durante toda su carrera docente que hasta solía convencerse de que aquellos chicos eran suyos. Entregó su vida a la docencia -como lo había hecho su madre- desde el mismo día en que egresó de la Escuela Normal Mixta Tomás Godoy Cruz, en 1954.

Y si bien pasaron por sus aulas numerosas promociones, una de ellas la dejó marcada a fuego. Se trata de sus “niños” de la escuela Carlos Norberto Vergara, de Ciudad, con quienes compartió el aula durante toda la primaria: desde 1968 hasta 1974.

Más de 50 años después los alumnos de la señorita Elisa se reunieron para brindar.
Más de 50 años después los alumnos de la señorita Elisa se reunieron para brindar.

Aquellos “niños”, que hoy peinan canas y están cumpliendo 60 años, le dieron a Elisa los mejores años de su vida, según confiesa hoy a Los Andes esta docente de 85 años, soltera y jubilada desde 1985.

Tal vez por eso, el contacto nunca se perdió: días atrás, docente y alumnos mantuvieron un encuentro en el camping El Refugio, en el Parque San Martín, donde compartieron empanadas, asado, vino y champagne.

“Cuando hoy los veo, muchos de ellos profesionales, exitosos y buenas personas, no puedo menos que sentirme orgullosa y responsable de sus logros”, sintetiza la “seño Elisa”.

Y agrega: “Sin embargo, lo que más me honra es verlos felices. Fue un curso magnífico, respetuoso, disciplinado. Tanto me costó su ausencia que hasta llegué a enfermarme”, evoca.

Pasado. Elisa y sus alumnos compartieron juntos toda la primaria, desde 1968 hasta 1974, en la escuela Vergara. Foto: Gentileza
Pasado. Elisa y sus alumnos compartieron juntos toda la primaria, desde 1968 hasta 1974, en la escuela Vergara. Foto: Gentileza

“Todo lo que me proponía en el aula lo hacía; no había límites. Siento que éramos una gran familia que trascendía el aula. Los sábados organizábamos salidas a la plaza, iglesias, zoológico. Incluso juntamos dinero y visitamos Uspallata y el Cañón del Atuel. Además, mi casa era siempre una colmena”, grafica Elisa.

César Menéndez, ingeniero y uno de los alumnos que el sábado participó del encuentro, agradeció a la vida el haber sido apuntalado por una maestra como Elisa.

“Fue maravilloso y placentero, un almuerzo lleno de cariño, camaradería y compañerismo en el que recordamos anécdotas y vivencias”, cuenta.

Y señala que durante seis años Elisa los protegió, educó y acompañó en la entrañable escuela primaria Carlos Vergara.

César también valoró la gestión de su compañera Ana Maure, a quien se le ocurrió la idea de organizar la juntada. “El WhatsApp nos permitió reunir a casi todos, excepto a tres o cuatro, además de dos grandes que están en el cielo, Francisco Vargas y Roberto Berro”, evoca.

“Gracias Elisa por lo que hiciste con nosotros”, agrega y concluye: “Fuiste una segunda mamá”.

Elisa acota: “Cuando se fueron sentí que mi vida quedaba vacía pero me levanté y pude seguir adelante”.

Entrega y vocación

La “seño Elisa” nació el 19 de mayo de 1936 y fue hija de una docente de alma que dio clases toda su carrera en la escuela Rafael Obligado. De muy niña la observó dando todo por sus alumnos y ella decidió imitarla.

“Eran tiempos en que las maestras no nos fijábamos en el horario; la entrega y la vocación eran lo más importante. Se hacían suplencias con alegría y vivíamos perfeccionándonos, todo en función de los niños”, compara.

Eso sí: el día en que Elisa se retiró, se despidió por completo del guardapolvo. “Las cosas cambiaron porque la sociedad no es la misma. Hoy soy inmensamente feliz con el recuerdo, el llamado y el encuentro con mis niños, pero no puedo opinar demasiado sobre cómo trabajan hoy los docentes. Ya nada es lo mismo”, subraya.

La vida de Elisa es simple, siempre junto a sus perros, rezando y meditando. “Y tengo un lindo círculo social”, aclara.

“Exigente y actualizada”

Los alumnos recuerdan a Elisa como una maestra de gran corazón, actualizada y exigente. Tanto, que llevaba a cabo un proyecto piloto innovador en matemática.

Los chicos aprendían con regletas numéricas, un conjunto de paralelípedos de distintos colores de sección cuadrada que están hechos en madera. Cada uno de los colores representa un número del 1 al 10.

“Avanzamos tanto en matemática que hasta solíamos participar de programas de televisión en vivo. Incluso fuimos observados por la Universidad de Buenos Aires. Cuando el plan finalizó, el colegio decidió darle continuidad por los logros obtenidos”, agrega otra de las alumnas, que define a Elisa como una “segunda mamá” que rara vez se enojaba y que cuando el curso no se comportaba demostraba dolor.

“Jamás gritaba, pero eso sí, la he visto llorar”, la define la “ñiña”.

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