El vestuario de la Vendimia con el estilo de dos hermanas y su mamá

Natalia Bértola, a la derecha, junto a su madre Alejandra Lencinas y su hermana Analía.
Foto:Orlando Pelichotti
Natalia Bértola, a la derecha, junto a su madre Alejandra Lencinas y su hermana Analía. Foto:Orlando Pelichotti

Natalia, Analía y Alejandra llevan 10 fiestas y forman parte del equipo de costurería que viste a la mayoría de los artistas del acto central, un trabajo que empieza en enero y termina en marzo.

A esta altura de su vida, cuando llevan cosiendo para nada menos que 10 Fiestas de la Vendimia, entre nacionales y departamentales, Natalia Bértola junto a su hermana Analía y su mamá Alejandra, prácticamente “no existen” desde los primeros días de enero hasta mediados de marzo.

“Amo lo que hago y no lo cambiaría, pero también debo decir que llevo una década sin compartir vacaciones con mis hijas”, advierte Natalia, que vive en Rodeo de la Cruz, Guaymallén, y se crió observando a su mamá cosiendo en una vieja máquina heredada de su abuela.

Natalia proviene de una familia de clase media trabajadora y cuando murió su padre, fue Alejandra Lencinas su mamá, quien se puso al hombro la familia. Eran cinco hermanos.

“Con mi hermana crecimos observando a mi mamá que nos confeccionaba toda la ropa, incluso la de la escuela. Siempre hemos sido muy curiosas y con los retazos de tela hacíamos malabares para fabricarle las prendas a las muñecas. Así empezamos las dos, casi sin darnos cuenta”, repasa.

Cuando la familia quedó sin el sostén de hogar, Alejandra fue convocada para trabajar en una Vendimia departamental de Godoy Cruz. Era tan intenso el trabajo que necesitaban más mano de obra.

“Fue así que me ofreció integrar el staff y resultó todo un desafío para mí”, rememora. Trabajaron de manera consecutiva durante cuatro años en la fiesta departamental y luego pasaron a la nacional.

Durante un recreo en el taller donde comparten horas y horas junto con otras 16 costureras, Natalia relata que más tarde se integró su hermana Analía y, así, pasaron a ser conocidas como “la mami y sus hijas”.

“Hoy podríamos decir que el personal completo de nuestro rubro, casi 60 personas de costurería, vestuario especial y servicio general, nos conocen de ese modo”, señala y ríe, mientras se esperanza en que algún día se puedan sumar sus dos hijas, María Emilia, de 12 años, y Valentina, de 9, quienes del mismo modo que ella, comenzaron a incursionar de a poco en este mundo que describe como “fascinante”.

Natalia no recuerda precisamente el día en que se “largó” sola a coser, pero sí sabe que primero lo hizo su hermana, quien, precisamente, fue la última en sumarse al equipo familiar.

Lo cierto es que fue pasando el tiempo y Natalia cumplía todos los años con responsabilidad y una enorme vocación.

Fue así que una mañana las tres recibieron una propuesta superadora y repleta de desafíos: trabajar para la fiesta nacional. “Nos contactó Andrea Cardozo, vestuarista reconocida, e insistió en que probáramos. Para nosotras, y creo que para todos los que trabajamos en Vendimia, era palabra mayor. No nos sentíamos capaces y nos ganaba el temor a no poder hacer bien las cosas”, recuerda.

Es que, para Natalia, una fiesta central es un evento de gran magnitud, diferente y mucho mayor en cantidad de artistas y vestuario.

“Respondimos un ´no’ rotundo, pero tanto nos insistieron que aceptamos. La idea era solo probar porque sentíamos que no teníamos experiencia. Y acá estamos desde hace seis años”, evoca.

Hoy, Natalia, Analía y Alejandra, la “mamá-maestra”, son ya una institución dentro del enorme taller donde comparten no solo el trabajo sino anécdotas, risas y recuerdos.

“Compartir esta experiencia con mi mamá y hermana me genera muchas emociones. Nos une el mismo hilo conductor, no hay estudio de por medio, aprendimos de la misma manera, a pulmón”, define, orgullosa.

“Estando juntas nos reímos recordando anécdotas de nuestro pasado, nos ayudamos y, claro, de vez en cuando alguna llega con los cables pelados y se dan cruces de palabras. Pero es hermoso y lo disfrutamos muchísimo”, señala.

Cada año que pasa, las tres dicen que se tomarán un descanso. Sin embargo, cuando suena el teléfono para anticiparles que están en el staff, allí están las tres. Firmes. “No es fácil decir que no, no es fácil rechazar esta posibilidad tan maravillosa. Sacrificada, pero maravillosa al fin. Amamos lo que hacemos, cómo lo hacemos y con quién”, aclara.

Natalia y su mamá llevan exactamente una decena de Vendimias “adentro” y Analía alguna menos. Como mendocinas de pura cepa, compartir ese gran staff de enormes profesionales de varios rubros, simplemente las llena de orgullo y satisfacción.

Por ahora, este equipo familiar con gran empuje y experiencia, hoy es de dos generaciones. Natalia se esperanza en que María Emilia y Valentina pronto se sumen a integrar la tercera camada. “Creo que nos retroalimentamos en nuevos proyectos, emprendimientos y sueños que fortalecen la unión familiar. Por eso esperamos continuar por muchos años más disfrutando y aprendiendo algo nuevo. En esto y en todos los rubros nunca se deja de aprender y, más aún, cuando hay amor. Este espectáculo mendocino representa nuestra infancia, nuestras raíces y nuestro futuro”.

La Fiesta de la Vendimia, concluye, emocionada, es de todos los mendocinos. “Y qué mejor oportunidad que volcar todo el esfuerzo en familia”.

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