El testimonio de un matrimonio mendocino varado en Barcelona: “Nos sentimos en penitencia”

Marcelo Conte y su esposa Luciana fueron a visitar a Franco a Barcelona. Foto: Gentileza
Marcelo Conte y su esposa Luciana fueron a visitar a Franco a Barcelona. Foto: Gentileza

Marcelo y Luciana Conte viajaron el 24 de junio pasado a visitar a su hijo Franco, que trabaja en una empresa de software y siguen esperando su vuelo de regreso. “Es un abandono total, nadie se hace cargo”, señalaron.

Lo último que imaginaron Marcelo Conte y Luciana Pratellesi cuando decidieron volar a Barcelona para visitar a su hijo Franco, a quien llevaban más de un año sin poder ver a raíz de la pandemia por el Covid-19, fueron las restricciones sobre las fronteras aéreas impuestas por el gobierno, que los dejó varados en España tres días después de llegar, el 28 de junio último.

“Me siento en penitencia”, ironiza este empresario que vive en Guaymallén y que lleva 45 días en el departamento de su hijo.

Si bien aclara que su situación es más llevadera que la de otros argentinos desesperados por regresar al país --y que hoy se encuentran hacinados en distintos alojamientos-- existe un “desmanejo total” por parte del gobierno nacional.

“A todo esto, Franco, que es ingeniero industrial y trabaja en una empresa de software, ya me adelantó que ni loco viaja a la Argentina para Navidad”, se lamenta Luciana, que además tiene otras dos hijas en Mendoza --María y Emilia-- y una empresa de materiales de la construcción, situada en el acceso sur, que están manejando a la distancia.

“Nuestra fecha de regreso a través de Iberia estaba pautada para el 14 de julio y seguimos acá. Nos ofrecieron pasajes a valores realmente imposibles, del orden de los 650 mil pesos en Aerolíneas Argentinas y de 4.400 euros en clase ejecutiva de Iberia”, agregó.

Cuenta que a esta altura, después de tantos llamados a la línea aérea, ahora prefieren esperar, ya que todo hace suponer que la situación se está normalizando.

“Hay una gran cantidad de personas que están en la misma; en realidad mucho peor, porque no tienen dónde permanecer o lo hacen amontonados y sin dinero en departamentos reducidos. Hubo una manifestación en el consulado argentino en Barcelona pero todo queda en la nada”, relató.

Luciana y Marcelo se enteraron de la primera cancelación del vuelo cuando quisieron hisoparse, 48 horas antes de embarcar. Y así sucesivamente.

“Porque otro tema aparte y muy costoso son los hisopados, que tienen un valor de 90 euros y hay que someterse a varios para llegar al país”, señala Conte.

Y acota: “Sentimos un abandono absoluto y todos se lavan las manos. Nosotros éramos conscientes de que nos íbamos del país en pandemia y lo hicimos con los recaudos y desconociendo estas restricciones aéreas. Insisto, después de mucho tiempo sin ver a nuestro hijo”.

Finalizó que si bien es cierto el riesgo que existe frente a la variante Delta, hubiese resultado mucho más lógico, al menos en su caso, cumplir con la cuarentena en un hotel de Mendoza.

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