El resurgimiento del pádel en la pandemia se afianza y brilla como en los ‘90

Los cambios tecnológicos trajeron mejoras en las paletas y en la propia superficie de las canchas. Foto: José Gutiérrez/ Los Andes
Los cambios tecnológicos trajeron mejoras en las paletas y en la propia superficie de las canchas. Foto: José Gutiérrez/ Los Andes

Las primeras habilitaciones que le siguieron al momento más crítico del aislamiento trajeron de regreso a este versátil deporte. Para los encargados de las canchas, lo practica tanta gente como hace 30 años.

A comienzos de la década del ‘90, en todo el país desembarcó un fenómeno que no tardó en propagarse y en ir sumando cada vez más adeptos: el pádel. La construcción de canchas se fue diseminando por todos lados y donde había un terreno disponible, en cuestión de semanas “crecía” una cancha de pádel. Treinta años después de este boom, el fenómeno volvió a replicarse durante y en la post pandemia con la propagación de este deporte y de complejos de canchas por toda la provincia y el país. Eso sí, con las innovaciones que la tecnología y el paso del tiempo trajeron naturalmente, no sólo en las canchas, sino también en las paletas.

Abrimos en 1991, en el momento en que empezó el furor en todo el país. Y si tengo que comparar ese momento con lo que es la actualidad, no hay muchas diferencias en cuanto a la cantidad de gente que está jugando. El pádel es furor de nuevo, como en 1990 cuando empezó”, destaca Graciela, la encargada del complejo “Tie Break” ubicado en Godoy Cruz y donde cuentan con cuatro canchas de pádel de cemento y una canchita de fútbol 5.

El pádel vuelve a ser un deporte muy practicado. Foto: José Gutiérrez/ Los Andes
El pádel vuelve a ser un deporte muy practicado. Foto: José Gutiérrez/ Los Andes

Una de las grandes diferencias en comparación con aquel primer furor de hace 30 años tiene que ver con la evolución de los materiales. De hecho, hay cada vez más canchas de pádel de césped sintético que, según destacan quienes practican este deporte, las hace más accesibles en cuanto a las condiciones de quienes lo juegan y hasta disminuye las probabilidades de lesiones.

Hubo un resurgir del pádel después de la pandemia. Mucha gente que jugaba al fútbol se pasó al pádel, y no sólo como un complemento, sino directamente como la primera actividad. Incluso, mucha gente que no hacía ningún deporte se inclinó por el pádel. Creo que ha ayudado mucho el hecho de que sea un deporte muy inclusivo, que combina lo estratégico, lo técnico y lo físico, y que integra a gente de todas las edades, sin importar el estado físico. Cualquiera se prende, sepa o no jugar, haya jugado antes o no”, cuenta a su turno Juan Ignacio Arcidiacono, responsable del complejo “El Oso” (Coquimbito), que inauguró su cancha de pádel luego de que se habilitaran las primeras actividades tras el momento más crítico de la pandemia y la consecuente cuarentena.

En el lugar cuentan con la nueva superficie y , según dicen quienes saben, es lo que ya llegó para las canchas de pádel: suelo de césped sintético. “Es bueno porque reduce las lesiones en la rodilla”, aclara el encargado del lugar.

El valor del turno en una cancha de pádel, que generalmente es de una hora y media, ronda entre los 1.800 pesos (de día y sin luces artificiales) y los 2.800 pesos (ya en horario nocturno y con luz), a pagar entre cuatro jugadores. Aunque en muchos complejos se presta la paleta y las pelotitas a quienes juegan, comprar una paleta requiere una inversión que parte desde los 15.000 pesos y puede llegar hasta los 180.000 pesos en el caso de las más profesionales. Mientras que comprar dos pelotitas (las venden muchas veces en los complejos) cuesta cerca de 1.300 pesos.

“Aunque explotó en pandemia, el resurgir del pádel se viene dando desde antes; hace unos cuatro o cinco años. Pero recién ahora se empezaron a acercar los medios y el Gobierno para incentivar la actividad. Junto a este fenómeno también ha crecido la cantidad de gente que toma clases. Creo que tiene que ver con que, post pandemia, la gente empezó a pensar más en sí misma. Se dio cuenta de que en cualquier momento uno se puede morir y empezó a preocuparse por disfrutar, no sólo en el pádel, sino a nivel social”, reflexiona el jugador profesional Jorge Molina (52), quien es parte de la clasificación de veteranos. El costo promedio de una clase de pádel ronda entre los 1.300 y los 1.500 pesos por hora.

El pádel vuelve a ser un deporte muy practicado. Foto: José Gutiérrez/ Los Andes
El pádel vuelve a ser un deporte muy practicado. Foto: José Gutiérrez/ Los Andes

El resurgimiento

Muchos complejos que habían enfocado su nicho en el fútbol (5 o 7) durante los últimos años “recalcularon” su rumbo y sumaron canchas de pádel. “Yo jugaba al fútbol y empecé con el pádel cuando habilitaron las primeras actividades en el aislamiento. Como tenía el complejo, agregué la cancha el año pasado”, argumenta Arcidiacono.

Como repasa el encargado del complejo “El Oso”, el pádel fue uno de los primeros deportes que se rehabilitó luego del momento más crítico de la pandemia y las fuertes restricciones del confinamiento. “Los clubes y muchos deportes estaban restringidos y en ese momento, cuando se habilitó el pádel, mucha gente lo conoció. Y en esa época no había turnos en ningún horario. Ahora se ha calmado todo bastante”, acota Graciela (“Tie Break”), quien aclara que con la llegada del frío es muy poca la gente que juega en horario nocturno.

Una de las grandes ventajas y atractivos del pádel es que puede jugar cualquier persona, incluso quienes no tienen nada de técnica ni experiencia. Te atrapa. Además, afuera de la cancha se arma un lindo grupo de post partido que es fundamental”, resalta el “profe” Jorge Molina.

En primera persona

El pádel en césped sintético cambia completamente el juego. En el pádel tradicional, en cemento, se lastimaban las rodillas. En césped hasta el pique es distinto. La parte social también es fundamental, porque se juega de a cuatro y es súper entretenido. No se trata de una cuestión de fuerza o resistencia, sino de saber encontrar el movimiento para poner la pelotita donde no llega el otro”, cuenta entusiasmada Marcela.

Con mis amigos del barrio jugábamos de chicos en unas canchas que habían quedado luego del furor de los ‘90. Jugábamos seguido, primero con paletas de madera y después con las primeras de goma. Luego el pádel se frenó y nosotros dejamos de jugar. Pero volvió a explotar en los últimos años”, relata Rodrigo, quien retomó la actividad en los últimos dos años.

El pádel vuelve a ser un deporte muy practicado. Foto: José Gutiérrez/ Los Andes
El pádel vuelve a ser un deporte muy practicado. Foto: José Gutiérrez/ Los Andes

Y agrega: ”Ahora es otra cosa, es más profesional y veo que los nuevos jugadores se lo toman más en serio. Me parece que el resurgimiento se dio por la mayor difusión de los circuitos profesionales como el Word Pádel Tour y que se empezaron a transmitir los campeonatos por YouTube. Además, la pandemia dio un gran empuje. Muchos comenzaron a jugar porque era uno de las pocas actividades permitidas y se engancharon”.

Santiago también se reencontró con este deporte. “Volvimos a jugar hace dos meses. Antes habíamos jugado con los pibes del barrio y amigos de la facultad. Lo que lo hace atractivo es que requiere menos jugadores, por lo que es más fácil de organizar que un partido de fútbol. Además tiene la ventaja de que necesitás poco equipamiento, ya que en la mayoría de las canchas te prestan o alquilan las paletas, igual que las pelotas”, describe.

“Cada 15 días juego un partido de pádel con mis amigos. Si uno es amateur aprende a jugar más fácil que otros deportes y, en un nivel no tan alto, se puede armar un buen partido. Eso sí: se ha vuelto difícil conseguir turnos”, concluye Juan Manuel, otro que se sumó al boom.

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