El Ártico y los nuevos negocios de la crisis climática

La región del Ártico sufre deshielos que parecen irreversibles y hay empresas que buscan hacer negocios sobre esas aguas. (Telam)
La región del Ártico sufre deshielos que parecen irreversibles y hay empresas que buscan hacer negocios sobre esas aguas. (Telam)

Según previsiones científicas, la zona podría ser plenamente navegable en invierno entre 2030 y 2040. Las empresas petroleras y mineras ya desarrollan proyectos de inversión logística con circulación permanente. Preocupación de las organizaciones conservacionistas.

El deshielo del extremo norte de la tierra representa la gran oportunidad de obtener nuevas ganancias a países y sectores económicos relacionados con la industria de la navegación y la explotación y transporte de combustibles fósiles en todas sus formas así como otros recursos especialmente mineros que son bastante abundantes en la región. Es claro que esta situación representa una grave amenaza para la supervivencia de las especies que habitan en esas áreas, incluso para las comunidades humanas.

El Ártico es en su mayor parte un océano de poco más de 14 millones de km2 en general cubierto de hielo. Esta superficie de hielo llamada Océano Glacial Ártico se va reduciendo en su volumen producto del calentamiento de atmosfera a razón de un 13% cada 10 años desde principios de la década de los ochenta del siglo pasado y esta circunstancia está siendo aprovechada por los países litoraleños para ir generando negocios de comercio marítimo a través de la apertura de nuevas rutas que ya están en avanzada exploración.

Un hito importante de esta actividad estuvo representada por el primer viaje de un carguero cisterna de ultramar llamado Edward Toll. En diciembre del 2017 inauguró en invierno la ruta marítima norte que costea el litoral Ártico partiendo de Corea del Sur con sus bodegas listas para cargar GNL (Gas natural líquido) en Siberia con destino a Francia. Realizó un itinerario que resulta más corta que los pasos por el Canal de Suez para muchos de sus destinos y según sus puntos de partida.

Derretimiento del hielo marino en el Océano Ártico. (Nasa/Kathryn Hansen/Europa Press/DPA)
Derretimiento del hielo marino en el Océano Ártico. (Nasa/Kathryn Hansen/Europa Press/DPA)

Esta inauguración no formal realizada con cierta dosis de aventura fue realizada para mostrar que el hielo ártico ya no será un impedimento para generar una ruta comercial permanente, algo que sus operadores no pensaron obviamente en términos de medio ambiente aunque involuntariamente demostraron los efectos reales del calentamiento global.

Si bien es claro que todo el planeta es afectado por la mayor temperatura es también cierto que no en todas las áreas lo es en el mismo rango. En el siglo pasado la temperatura promedio de la tierra aumento en 1ºC con relación a la era preindustrial pero en el Ártico ha sido de unos 3ºC mientras que en algunas regiones de Alaska lo fue en 5,5ºC.

Según la NASA, la superficie blanca que cubre el hielo está cediendo su lugar al mar Ártico o sea una superficie oscura que hace que la luz solar sea absorbida y no reflejada lo cual produce un efecto de calentamiento de la superficie del mar que también influye en el clima de la región favoreciendo la formación de tempestades así como erosión de costas marítimas y destruyendo ecosistemas más rápidamente.

Según previsiones científicas, el Ártico podría ser plenamente navegable en invierno, ya que en verano será una certeza, entre 2030 y 2040. Por esa razón, las empresas petroleras y mineras ya están desarrollando proyectos de inversión logística con circulación permanente.

Estas afirmaciones son coherentes con la postura del director de servicios geológicos de Noruega, Morten Smelror con relación a que el Ártico es una de las útimas fronteras a traspasar para el descubrimiento y explotación de nuevos recursos minerales.

Sin embargo, las organizaciones conservacionistas han recurrido a altos tribunales internacionales, hasta ahora sin éxito, para impedir el comercio en zonas tan delicadas desde el punto de vista ambiental, para defender los dos millones de km2 de hielo marino en peligro de derretimiento y mantener debajo de la superficie el 22% de las reservas mundiales de petróleo y gas localizadas en la zona ártica.

Unos 80 millones de toneladas de este tipo de cargas serán concretadas a través de empresas rusas y noruegas, países estos que son grandes productores de petróleo y minería que esperan sean transportados por la nueva ruta marítima con grandes reducciones de costos a partir del 2024.

Mucho de esto ya se ha hablado, en particular de los efectos sobre los ecosistemas en cuanto a las dificultades que la fauna de la región tendrá para continuar con una vida normal. Empezando por los osos polares y las focas que son los habitantes más numerosos que necesitan de los hielos porque allí comen y también procrean, alimentan sus crías y descansan. También los zorros y las gaviotas marfil que han caído en el 80% de su población en los últimos 30 años debido a que cada vez son más grandes las distancias con bases firmes en las que pueden trasladarse para descansar y buscar comida.

Así se redujo la capa de hielo en el Ártico. (Nasa/Europa Press)
Así se redujo la capa de hielo en el Ártico. (Nasa/Europa Press)

Ballenas y delfines no son la excepción ya que sufrirán la contaminación que las embarcaciones dejan sobre sus rutas así como la alteración de sus sonidos de comunicación que pueden desviar su orientación y movimientos en especial los que realizan para alimentarse. Finalmente los cambios en el plancton y las colonias de algas alteran los registros migratorios de peces, tales como el bacalao, el halibut o el eglefino especies allí dominantes.

Pero no basta con lo descripto. Los planes de los cinco países costeros del Ártico (Rusia, EEUU, Dinamarca, Canadá y Noruega) ya tienen estudios sobre la pesca potencial de dicha área lo cual transformará a esta región en una más de extracción masiva de vida marina de las que ya existen en el mundo tal como lo vemos en nuestro litoral atlántico. Por último, no estarán ajenas al daño ambiental las comunidades indígenas del Ártico, que suman aproximadamente 400.000 habitantes, cuya dieta está íntimamente asociada a la fauna y flora regionales. Científicos como Michael Karcher o Jean Claude Gascard esperan que sus estudios movilicen a los estados implicados a crear reglas que salvaguarden la región de los efectos negativos de la actividad humana que se prevé para los próximos años.

Es claro que mucha gente tiene su mente y sus decisiones ocupadas solo en negocios y poder. Tal vez estos efectos motivadores estén relacionados con las oportunidades y recursos que acabamos de comentar. Sus mentes no pueden adaptarse al clamor mundial por la salud del planeta. De allí es entendible que el segundo ejército del mundo pueda invadir a un país vecino con toda la violencia disponible en material bélico con argumentos tal vez fáciles de entender pero difíciles de justificar.

Independientemente de lo apuntado, las principales organizaciones conservacionistas mundiales han afirmado que usar las nuevas rutas marítimas del Norte es un atentado al medio ambiente por lo aquí expresado y porque además, ellas serán usadas para transportar recursos no renovables de energía sucia como petróleo, gas, carbón y minería pesada. Al mismo tiempo que poco se ha hablado allí de la imprescindible transición energética.

*El autor es Periodista especializado en temas ambientales

Producción y edición: Miguel Títiro - mtitiro@losandes.com.ar

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