Creencias: cae la fe religiosa, pero también la confianza en todas las instituciones

Vuelven los Vía Crucis presenciales al Calvario de Mendoza
Después de dos años, los fieles podrán presenciar el Vía Crucis, una de las ceremonias más populares en la que miles de personas salen a las calles para evocar el recorrido de Jesús previo a su muerte.
Arzobispo Marcelo Colombo
Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Vuelven los Vía Crucis presenciales al Calvario de Mendoza Después de dos años, los fieles podrán presenciar el Vía Crucis, una de las ceremonias más populares en la que miles de personas salen a las calles para evocar el recorrido de Jesús previo a su muerte. Arzobispo Marcelo Colombo Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

El sociólogo Fortunato Mallimaci analiza en esta entrevista el complejo comportamiento de la fe en nuestro país. Según él, la crisis y los cuestionamientos son generalizados. Destaca en Mendoza el apego a los casamientos en templos.

Ser un país culturalmente católico no significa sólo que en la misma Constitución Nacional, como es nuestro caso, eso esté ratificado desde casi el inicio de nuestra carta magna. Significa muchas otras cosas, tantas y de espectros tan diferentes que sería arduo resumirlas. Es una manera de conformar la sociedad civil; de entender, crear y respetar las leyes; de entender el Estado; de seguir normas morales. Más allá, incluso, de la institución eclesiástica.

Sin embargo, que la Argentina sea un país históricamente católico –antes formó parte del Imperio español, no hay que olvidarlo– no significa que sus ciudadanos se conciban a sí mismos como fieles religiosos. De hecho, un fenómeno que se viene acentuando es el de la caída de la adscripción religiosa en los argentinos, una tendencia a la que Mendoza, por supuesto, no escapa.

El sociólogo e investigador del Conicet es uno de los estudiosos de las creencias religiosas en la Argentina.
El sociólogo e investigador del Conicet es uno de los estudiosos de las creencias religiosas en la Argentina.

Así lo muestra un estudio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), publicado el año pasado bajo el título “Segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina”. Ese trabajo, dirigido por Fortunato Mallimaci, Verónica Giménez Béliveau y Juan Cruz Esquivel compara los datos obtenidos en 2019 con los de la primera encuesta (2008) y muestra que en ese período cayó casi 14 puntos el porcentaje de personas que se consideran “católicos”: de 76,5% hace 13 años a un 62,9% de la última encuesta. Además, hay un crecimiento de los evangélicos (pasó del 9% al 15,3%) y, sobre todo, del grupo que se considera “sin religión”, que pasó de un 11,3% a un 18,9% en 2019.

Sin embargo, no es propiamente una caída de la fe religiosa, en cualquier expresión, lo que parece explicar ese fenómeno, sino más bien algo más amplio y que, en palabras del sociólogo Fortunato Mallimaci (uno de los directores de la encuesta y señero estudioso de la temática en el país) es un “descontento generalizado por todo tipo de institución establecida, sea esta religiosa, sindical o política”.

El experto, doctor por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (Francia) e investigador del Conicet, viene estudiando desde hace años el fenómeno religioso, y la caída de las adscripciones en la Argentina. Además, fue convocado para elaborar la consulta sobre religión que originalmente iba a incluir el censo nacional de 2020 y que, luego del retraso por la pandemia, decidió eliminarse.

Mallimaci entiende que son tan profundas las razones que conforman el descontento por las religiones establecidas, y por tantas otras figuras institucionales en nuestro país, que resulta crucial estudiarlas para entenderlas, que el censo finalmente desaprovechó.

“La disminución en nuestro país de las personas que se autoidentifican como católicas es un fenómeno de larga data”, reconoce. Sin embargo, subraya que “el número de los que se dicen cristianos se mantiene, porque los evangélicos también son cristianos, pero lo que aparece como interesante en Argentina, Chile y Brasil, y Uruguay, es la porción sin identificación o adscripción religiosa”.

En ese espectro, explica Mallimaci, los estudios muestran que “hay un grupo de personas, variable según las regiones, que manifiestan una mirada crítica a la religión institucional. Por ejemplo, pueden creer sólo en Jesucristo, o en la suerte, hasta en los ovnis, pero no en la institución religiosa”. A eso, apunta, se le llama “recomposición de las creencias”. Ese grupo de personas, explica, “no dejan la religión así como así, sino que siguen buscando ‘lo sagrado’ en otras religiones institucionales o en no institucionalizadas”.

En ese punto, el crecimiento de los “sin religión” no se traduce en que haya más ateos que nunca. La encuesta, por ejemplo, mostró que sólo el 6% se considera ateo y el 3,2%, agnóstico. Los demás, dicen más bien “creer en algo”, y ese algo es variado y curioso:  por ejemplo, el 71,6% de los sin religión cree en “la energía”, un 55,2% cree “en la suerte” y hasta son en ese sector más los que creen en “la vida después de la muerte” (34,1%) que los que creen en la astrología (33,8%).

Para Mallimaci, está claro que la crisis o reformulación de las creencias, en lugar de “separar lo sagrado de lo profano” ha hecho “resurgir lo sagrado, aunque separado de lo institucionalizado”.

En otras palabras, “lo interesante del siglo XXI es la figura del religioso flotante, sin ‘dueño’ institucional. Pero el religioso no ha desaparecido. Las religiones, en el fondo, son comunidades que ayudan a interpretar lo que está pasando. Y lo religioso sigue dando respuestas para eso”, asegura.

Aun así, al experto lo desvela todo ese mensaje de fondo de lo que el aspecto religioso no es más que una expresión. “La caída de la adscripción religiosa es el descontento de un sector muy importante de la sociedad. Está en todas las clases sociales, pero sobre todo en trabajadores y clases populares. Así como protesta contra instituciones religiosas, lo hace contra instituciones sindicales, políticas, empresariales”, explica. E insiste: “Hay algo a tener en cuenta en esa protesta, bronca o hartazgo. Hay una protesta contra lo instituido, lo oficial, lo dominante. Una porción de las personas se reinstitucionalizan en el mundo evangélico, y tienen al principio una participación activa, pero vemos a la vez que ese mundo empieza a ser erosionado por una porción que empieza a ir poco al templo, no participa”.

Mendoza y los matrimonios en los templos

En cuanto a las particularidades regionales, que el experto marcó, Mendoza no da muchas novedades en cuanto a lo que puede ser el panorama general. Eso sí: Cuyo es la segunda región del país con más personas que se consideran católicas (69,6%) y en esto sólo es superada por el Noroeste Argentino (76%).

Otro dato curioso: en Cuyo se considera “sin religión” el 13,2% de los encuestados, o sea, apenas la mitad de los que así se autodefinen los del Área Metropolitana de Buenos Aires (26,2%).

“Si bien en otros aspectos lo que se ve con la religión en Mendoza es parecido al resto del país, la particularidad allí se da con respecto al casamiento. En Mendoza se casan en templos o espacios religiosos más personas que el promedio general de la Argentina”, remarcó Mallimaci.

El papel del papa Francisco

El período analizado por el estudio de creencias religiosas en la Argentina se da en medio de un hecho histórico: en el medio, fue ungido como máxima autoridad católica un argentino. Pero el hecho de que desde el 13 de marzo de 2013, Jorge Bergoglio sea el papa Francisco, al revés de lo que podría creerse, no ha hecho subir los fieles católicos en el país.

“Discutí con muchos de tus colegas sobre esto”, confiesa Fortunato Mallimaci. Y explica: “Hay ciertos presupuestos que hay que sacarse de encima, uno es que la sola figura de un papa puede generar adeptos. Las creencias de las personas se hacen en lo cotidiano, en su historia, en su familia, con larga data. No es fácil cambiar de religión, de creencia”.

Por eso, en cuanto al fenómeno de Francisco, el sociólogo cuenta que “cuando preguntamos a la gente, dice que el papa argentino no le cambió la creencia a muchos. Sólo a algunos. A la vez, otra porción, descontento con las expresiones políticas del Papa, dijo que se había enojado más con la Iglesia”.

Sin embargo, lo más llamativo para el investigador del Conicet en lo que tiene que ver con el pontífice argentino es que “el papado de Francisco tiene adhesiones a veces más fuertes fuera del ámbito eclesiástico e institucional, que dentro”. O sea, su figura despierta menos respeto entre los católicos “practicantes” que en los que no lo son. “El Papa recoge muchos sectores sociales que habían dejado la creencia y ven a un líder humanista”, afirma Mallimaci.

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