Carla, la cajera de supermercado que trabaja junto a la gente y construye sueños en su futura casa

Carla, la cajera de supermercado que trabaja junto a la gente y construye sueños en su futura casa
Carla Rosales comenta que el lado positivo del año pasado, el primero de la pandemia, fue trabajar de corrido, hasta las 19. foto: Mariana Villa / Los Andes

La joven espera su segundo hijo y agradece el aprendizaje que le ha dado el oficio comercial. Se lamenta por la crisis económica que golpea a la sociedad y llama a tomar conciencia para dar batalla a la pandemia.

Cuando esta joven mendocina fue elegida para contar su historia dijo “yo sólo puedo sacar un título de que trabajo hace 13 años en un supermercado”. Pero esos años dedicados al trabajo tienen un gran significado en su vida, con experiencias que le han dejado un aprendizaje que también puede ser valioso para quienes se detengan a leer su historia y puedan encontrar en sus palabras una identificación. “He tenido proyectos y he llegado a cumplirlos gracias a mi trabajo”,

Carla Rosales cumplió hace muy poco sus 33 años y hoy gracias a su trabajo y su esfuerzo, sumado al de su pareja, también está cumpliendo el sueño de tener su casa propia. Cursando el quinto mes del embarazo de su segundo hijo, la joven mujer dedica momentos de su día a terminar su casa para dejar a punto el hogar que ya ha construido junto a su familia, que se completa con su hija de 13 años. “Entré a trabajar al supermercado cuando mi hija tenía seis meses y ya no me fui más”, contó Carla y agregó que en este tiempo ha pasado por seis sucursales de la empresa y por diferentes puestos. como repositora o encargada de línea de caja. “He sido de todo, hasta he limpiado el baño, imagináte”, agregó

El capítulo de la pandemia en su vida ha dejado marcas muy profundas en la vida de Carla. “Para mí la pandemia ha sido horrible porque me quitó a personas muy cercanas, entre ellas a una persona que era como mi mamá. Eso me partió”, la joven expuso sus emociones más profundas.

En su trabajo, el impacto de la pandemia lo comenzó a vivir desde el primer momento cuando el movimiento en los supermercados avizoraba tiempos difíciles. “Nos asustamos mucho el año pasado cuando veíamos las góndolas vacías, las colas por la cantidad de gente. Ver eso te vuelve un poco paranoico”, aseguró. A Carla también le tocó vivir la pérdida de una compañera de trabajo. “Era una chica joven sin ningún tipo de enfermedad. Se contagió de Covid, y se la llevó”, se lamentó.

Miedo e incertidumbre fueron las palabras con que la mujer se refirió a los sensaciones y sentimientos experimentados desde que comenzó la pandemia. “Nunca pensé que íbamos a vivir algo así. Había estudiado en el secundario que pasó hace mucho, pero nunca imaginé que íbamos a estar así”, compartió.

“Mi mensaje es que tomemos conciencia, que esto no es una broma. Todavía hay personas que no toman dimensión real de lo que vivimos. Yo tuve Covid y hasta hoy sufro las consecuencias, sufro dolores de cabeza, camino dos cuadras y me canso”, buscó concientizar

Trabajar en un supermercado es estar todos los días en un lugar donde se puede analizar de diferentes maneras al estado de la sociedad y la economía provincial. Carla lo sabe muy bien porque es a ella y a sus compañeros a quienes les toca llevar adelante una acción cotidiana con impacto inmediato en el bolsillo de la gente y que luego se traduce en análisis más profundos: remarcar precios.

“En lo económico ha sido y es terrible. Cambiamos precios todos los días y la diferencia no es de $1 o $2, llegan a ser de $15 o $20″, aseguró poniendo en evidencia uno de los flagelos que viven los argentinos como es la inflación y la especulación. Carla comentó que los mayores aumentos se registraron en artículos de limpieza y perfumería. Uno de los productos que toma como referencia es el aceite, un producto básico, que llega a estar a más de $300 el litro y medio. “Lamentablemente nos acostumbramos a esto y lo terminás comprando porque uno lo necesita”, analizó.

Uno de los aprendizajes que transmitió Carla a Los Andes está relacionado con las aptitudes necesarias para dedicarse a diario a la atención al público. “Hay que tener paciencia. Y tenés que tener carácter y carisma a la vez. La atención al público es brava”, aseguró. Esa relación a diario con los clientes lleva a situaciones difíciles pero también tiene recompensas que Carla destaca con alegría. “Lo más lindo es cuando llega Navidad y hay clientas que te regalan una canasta navideña, o para Pascuas, te llevan huevos de chocolate”, compartió.

En relación al trabajo durante las restricciones sanitarias, Carla reconoce algo positivo y que desea que se pueda lograr en un futuro. “Trabajar de corrido estuvo buenísimo. A eso de las 19 ya estábamos en nuestras casas y te daba tiempo, en mi caso, para poder hacer las tareas con mi hija y compartir con ella”, expresó.

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