Cansada de ver violencia en el aula, una “profe” puso manos a la obra y el clima cambió de inmediato

Andrea Federico es docente de matemáticas pero ademas lleva adelante junto a otros docentes un proyecto en el cual trabaja para fortalecer y dar contencion a los estudiantes mediante el conocimiento y manejo de las emociones. 
 Foto: Mariana Villa / Los Andes
Andrea Federico es docente de matemáticas pero ademas lleva adelante junto a otros docentes un proyecto en el cual trabaja para fortalecer y dar contencion a los estudiantes mediante el conocimiento y manejo de las emociones. Foto: Mariana Villa / Los Andes

El ciclo lectivo se inició con peleas y conductas agresivas en un aula del Cebja 3-128 “Marilín Penna de Ferro”. La docente de Matemáticas ideó un espacio de diálogo y juegos, además de repartir cuadernos de bitácora para expresar sentimientos. La sorprendió los resultados.

La juventud no está perdida, como se dice a veces, medio en broma. Por el contrario, tiene un gran tesoro en sus manos y, en muchos casos, necesita expresarse. Esa convicción guio a Andrea Federico, docente de Matemáticas del nivel secundario en el Cebja 3-128 “Marilín Penna de Ferro” de Fray Luis Beltrán, en el departamento Maipú, cuando comprobó en el aula situaciones de violencia, escasa autoestima y bajo rendimiento escolar, entre otras.

Docente de alma, mamá de dos hijos y oriunda de San Martín, Andrea puso de inmediato manos a la obra e implementó un proyecto que rápidamente impactó entre los adolescentes y adultos que constituyen su alumnado. Los resultados la sorprendieron.

Se trata de talleres semanales con “juegos” y actividades para reconocerse, hablar de sí mismos y “soltar sentimientos”. Incluye, además, un cuaderno de bitácora para cada estudiante donde puedan relatar experiencias y sentimientos.

La materia que dicta Andrea nada tiene de humano. Sin embargo, ella insiste en que las emociones representan un pilar para abordar cualquier tipo de aprendizaje. Y no se equivocó.

Desde que empezamos los talleres no existen más conflictos en el aula y hay más tolerancia. Es una satisfacción ver los resultados y haber logrado que puedan contar sus sentimientos y captar situaciones que los llevan a presentar baja autoestima y violencia”, destacó.

Mientras que a principio de año la conducta era agresiva, signada por peleas e insultos, hoy el clima se normalizó. Y el equipo va por más.

Seguiremos todo el año”, adelantó Andrea, convencida en que erradicar el menosprecio a sí mismo, algo que observó en muchos estudiantes, es clave para seguir adelante.

Cómo es el proyecto

El proyecto se titula “Quién y cómo soy” y fue elaborado por un importante equipo avalado por la ex directora Carmen Laffont (muy conocida por sus reiterados premios relacionados con la educación) y la actual, Miriam González Recabarren. Intervienen profesores de Lengua, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Matemáticas y una tutora.

Ya el primer taller resultó sorprendente. “Si bien entendíamos que existía la presencia de baja autoestima, no esperábamos un índice tan elevado. Un ejemplo fue una actividad cuya consigna es mirarse al espejo. Se observó que la mayoría sólo podía ver su imagen y no visualizarse como un ser íntegro, como persona”, relató.

Andrea confesó que tal vez esperaba una actitud distinta, más positiva. “Pero aquí no se trata de lo que esperamos, sino de llegar a descubrir el problema que está influyendo en el proceso de aprendizaje y en la continuidad de sus estudios”, advirtió.

Dedicar un rato a dialogar también es trascendente en el aula, así como poder expresar qué vieron al mirarse en el espejo: “Se me vino a la cabeza todo mi pasado”, dijo un alumno. Otro confesó: “No creo poder alcanzar mis sueños”. Y una alumna fue contundente: “No me gusta lo que veo”.

Andrea reflexionó: “Son grandes señales, de modo que pusimos manos a la obra para dejar una huella sólida y positiva. Nuestros estudiantes están de paso en nuestra institución, pero de algo estoy segura, que todos deben llevarse herramientas para progresar como personas e insertarse en el mundo que les rodea. Sin miedos”.

Para ella, tener autoestima en este mundo competitivo es fundamental. Cuanto mayor sea, la persona se sentirá más preparada para afrontar los problemas que puedan presentarse a lo largo de toda su vida.

“Un alto grado de autoestima otorga a la persona resistencia, fortaleza y capacidad de regeneración. Por el contrario, una baja autoestima, disminuye la capacidad de resistencia frente a las adversidades de la vida”, insistió.

Es por eso que el proyecto permite a los estudiantes conocer, descubrir y valorar sus potenciales, habilidades y destrezas, tal vez desconocidas u ocultas por temor o por un sentimiento de incapacidad a tomar decisiones de actuar.

“Queremos lograr personas capaces de superar dificultades; de reaccionar y superar obstáculos, chicos responsables que confíen en sí mismos y crean en sus aptitudes, personas creativas, preparadas, autónomas, autosuficientes, seguras de sí mismas, que puedan tomar decisiones y se acepten como son”, enumeró.

La profesora dijo estar convencida de que existen cualidades y habilidades propias, aunque para que afloren es preciso potenciar la autoestima como parte de su educación integral.

Todos somos diferentes, con defectos y virtudes que nos caracterizan como personas y en esa diferencia está el enriquecimiento”, reflexionó.

Qué hacer

El equipo se propuso promover cambios de hábitos, instaurar un clima de afecto, comprensión y comunicación, buscar el diálogo, la confianza, la empatía, el respeto y el reconocimiento.

Para eso se seguirá trabajando durante todo el año con un taller por semana, además de otro más general con el objetivo de concluir con lo trabajado en las aulas.

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