Ayelén estudia para ser obstetra y se gana la vida como pintora de obras junto a su mamá y hermana

Nancy Pallero (58), Ayelén Aybar (32) y su hermana Antonella Aybar (25) son pintoras de obra fina y gruesa.

Foto. Orlando Pelichotti
Nancy Pallero (58), Ayelén Aybar (32) y su hermana Antonella Aybar (25) son pintoras de obra fina y gruesa. Foto. Orlando Pelichotti

Tiene 32 años y cuenta cómo es la relación con sus colegas hombres en una actividad copada por ellos. “Nosotras aportamos detalles y prolijidad a la tarea”, asegura.

Todos los caminos condujeron a Ayelén Aybar, que tiene 32 años y vive en Godoy Cruz, a ganarse la vida como pintora de obras: su mamá se dedicó a eso toda la vida y su hermana menor sigue sus pasos.

Al finalizar la secundaria en el Colegio San Vicente Ferrer, su sueño era estudiar Medicina en la UNCuyo. “Deseo otro futuro para vos”, le había sugerido Nancy, su mamá. Ella se anotó y como no pudo ingresar, optó por Obstetricia en la Universidad del Aconcagua.

Si bien hoy cursa 4to año de esa carrera que le apasionó desde siempre, en el medio atravesó numerosos vaivenes pero eso sí: nunca dejó los pinceles, rodillos y brochas. Era -y sigue siendo- la única manera de poder costear sus estudios.

Pintoras de obra
Nancy Pallero (58), Ayelén Aybar (32) y su hermana Antonella Aybar (25) son pintoras de obra fina y gruesa.

Foto. Orlando Pelichotti
Pintoras de obra Nancy Pallero (58), Ayelén Aybar (32) y su hermana Antonella Aybar (25) son pintoras de obra fina y gruesa. Foto. Orlando Pelichotti

“De hecho, cuando tenga en mis manos el título de obstétra seguiré pintando. Al principio no me gustaba, lo sentía sacrificado y me resultaba difícil pero de a poco me fui acostumbrando. Hoy puedo asegurar que mi trabajo me encanta”, cuenta, mientras le pone el cuerpo a una construcción en el barrio Dalvian.

Antes de convertirse en pintora, Ayelén se desempeñó en el Centro de Distribución de Cuyo, hasta que en 2009 comenzó a ayudar a su mamá en una obra en Maipú.

“Así empecé, en un edificio, hace 14 años. En un principio me costó, pero mi mamá me hizo ver una ecuación efectiva, es decir, que a mayor trabajo y rapidez, más dinero ganaría. Y así fue, le encontré la vuelta y empezó a gustarme”, evoca.

Pintoras de obra
Nancy Pallero (58), Ayelén Aybar (32) y su hermana Antonella Aybar (25) son pintoras de obra fina y gruesa.

Foto. Orlando Pelichotti
Pintoras de obra Nancy Pallero (58), Ayelén Aybar (32) y su hermana Antonella Aybar (25) son pintoras de obra fina y gruesa. Foto. Orlando Pelichotti

Con el correr de los años fue adquiriendo destreza y prolijidad. Hoy forman un equipo junto a su madre y su hermana Antonela. Y hay más: “Contratamos a dos ayudantes mujeres, Melany, de 21 años y Claudia, de 40. Apuntamos a las trabajadoras femeninas porque somos conscientes de que aportan detalle y prolijidad a la tarea”, define. Y agrega:”Vivo de esto y si se trabaja a conciencia y de manera responsable se gana muy bien. Claro que por las temperaturas rigurosas, invierno o verano, es sacrificado. Pero no me quejo. Cuando hace frío enseguida entro en calor con el mismo movimiento. Jamás pierdo tiempo”.

Desconfianza al principio

En cuanto a los prejuicios -porque es consciente de que realiza un trabajo tradicionalmente masculino- dice que atesora miles de anécdotas de tinte machista. “Mucha gente, incluso mujeres, nos miran con desconfianza. Si bien nunca nos falta trabajo, en los inicios no fue fácil que los clientes entendieran que somos detallistas, prolijas, responsables”, enumera, para traer a su memoria una anécdota con un cliente que subestimó su trabajo por el solo hecho de ser mujer. “Me pidió presupuesto y terminó diciéndome que mejor fuera a atender las cosas de mi casa y terminó dándole la obra a un pintor. Sentí, literalmente, que me mandaba a lavar los platos. Enseguida le respondí como lo hizo él, con ironía. Le dije que se ocupara de saber qué estaba haciendo su esposa”, confiesa y estalla en una carcajada. Hermosa y de sonrisa amplia, “Aye” está soltera y sin apuro. “Y… sí. Los obreros piropean todo el tiempo. Si pueden se tiran un lance, estoy acostumbrada y a esta altura me río y lo acepto”, relata.

A lo largo de los muchos años que lleva trabajando en el rubro, atravesó distintas etapas, algunas enriquecedoras y otras no tanto. “Pasamos períodos duros donde sólo alcanzaba para comer y otros mucho mejores. Incluso en algún momento me vi obligada a dejar la facultad y luego retomé”, cuenta. Durante el inicio de la pandemia su actividad se vio restringida solo un mes, por eso no la afectó demasiado.

Hoy, según dice, ya está encaminada en el tramo final de Obstetricia, carrera que llamó la atención cuando acompañó a su amiga, futura mamá, a una consulta médica. “En realidad, el sistema reproductivo femenino me gustó mucho en la secundaria, cuando lo explicaba la profesora de Biología. Más tarde, quedé fascinada cuando una obstetra atendió aquel día a mi amiga. Desde aquella vez no dudé en la carrera”, concluye.

Un poco por pasión; otro poco por necesidad, Ayelén se reparte entre dos actividades que en nada se relacionan. Sin embargo, ambas le dan sentido a su vida.

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