martes 4 de agosto de 2020

Hace 31 años el vuelo donde viajaban Manuel Prieto y un médico coreano se estrellaba. Foto: Gentileza
Sociedad

Aniversario del trágico vuelo del mendocino Manuel Prieto

Hace 31 años, la nave en la que viajaba un médico coreano que iba a entrevistarse con el presidente Menem perdió contacto durante el viaje. Los restos fueron hallados 8 años después.

Hace 31 años el vuelo donde viajaban Manuel Prieto y un médico coreano se estrellaba. Foto: Gentileza

Un día como hoy, pero del año 1989, poco antes de las 10 de la mañana, un avión bimotor Piper Séneca, piloteado por el mendocino Manuel Prieto (hijo) y con un médico coreano como único pasajero, levantaba vuelo desde el aeropuerto El Plumerillo con destino a La Rioja.

Al principio todo marchaba normalmente, pero una hora después del despegue, se perdió todo contacto con la aeronave. Y lo más grave e increíble es que los restos de la aeronave y sus ocupantes fueron encontrados casi una década después.

Fue uno de los hechos más conmocionantes y misteriosos de los años ’90, que tuvo su inicio cierto en Mendoza pero un final que solo pudo ser confirmado, cuando casi 3000 días después parte de la máquina apareció “pegada” a solo 50 metros de la cumbre de unos de los cerros que conforman las Sierras de Velasco, provincia de La Rioja.

En esa oportunidad también fueron hallados los restos de dos personas, la documentación que los identificaba y un maletín con 50 mil australes.

Fue ese 24 de junio de 1989, cerca de las 11 de la mañana, cuando los operadores de la torre de control del aeropuerto riojano Capitán Vicente Almandos Almonacid, perdieron todo contacto con la nave y sus ocupantes: el joven piloto Manuel Prieto, de 22 años y Philip Song, un médico coreano, especializado en acupuntura que tenía su consultorio en el centro mendocino. El médico llevaba una carpeta con proyectos de inversión y tenía previsto entrevistarse con el recientemente electo presidente Carlos Saúl Menem.

Ante la falta de noticias la máquina fue declarada en emergencia y de inmediato se montó un operativo de búsqueda que, por aire y tierra, se extendió por varios días. Incluso, el hombre que asumiría como presidente un par de semanas después, estuvo sobrevolando en un avión de la gobernación, una amplia zona que se extendió entre las provincias de San Juan hasta La Rioja, hasta que por un desperfecto mecánico, debió realizar un aterrizaje de emergencia.

La noticia del hallazgo.

Pero la búsqueda continuó por varias semanas entre las localidades de Patquia (“cruce de caminos”, según el vocabulario quechua), Chilecito, Chepes, la Cuesta de Miranda, hasta llegar al límite con San Juan, en Valle Fértil, operativo que tuvo un frustrante resultado negativo para las autoridades responsables de la búsqueda. La familia Prieto sumó el esfuerzo propio y continuó escudriñando parte del terreno que debería haber sobrevolado el bimotor Piper Séneca, identificado con la matrícula LV - LNS, pero tampoco logró el cometido esperado. Y poco tiempo después todo quedó en el recuerdo desdibujado por el tiempo y en la memoria viva de Manuel Prieto y su familia.

Casi 3 mil días

Ocho años y 17 días después, precisamente el 12 de julio de 1997, tres baqueanos de Tudcum, una pequeña localidad de Patquía (a 80 km de la capital de La Rioja), avistaron a la distancia restos de chapas con números pintados, dedujeron que podían ser restos de un avión por lo que dieron inmediato aviso en la comisaría.

La policía de esa localidad envió una patrulla especial que encontró los restos de un avión pequeño junto con dos esqueletos a metros del mismo, por lo que inmediatamente se decidió enviar un equipo del Cuerpo Especial de Rescate de la Policía (CAPE) al mando de dos oficiales que, junto con agentes locales y los dos baqueanos partieron en un Unimog con destino a Tudcum, hasta que las aguas de un río, obligó que el grupo continuara la marcha a pie.

Y así llegaron al pie de un cerro, a unos 4 mil metros de altura, allí estaban los restos de la nave que, a la distancia y por los reflejos del sol, aparentaban ser “manchas” compatibles con los restos orgánicos que dejan los cóndores que habitaban la zona.

Entonces el grupo de rescatistas se dividió la tan penosa como sacrificada tarea de recuperar de las alturas los restos de las dos personas que fueron encontrados a varios metros de la deforme cabina.

Cerca de ellos había además un maletín con 50.000 australes (moneda que en aquella época había reemplazado a los pesos argentinos) y la documentación de ambos tripulantes que certificaban definitivamente que se trataba de Manuel Prieto hijo y Philips Song. También se encontró una carpeta con proyectos de emprendimientos destinados al entonces presidente Carlos Menem.

Hasta ese momento, la desaparición del avión junto con su piloto y el pasajero había sido un misterio del cual se formularon cientos de hipótesis y generó diferentes rumores, como la presencia de un tercer y desconocido pasajero, que posteriormente el mismo Manuel Prieto padre debió desmentir en los medios.

Una pala de la hélice que se encontró después. Foto: Gentileza

En el mismo lugar del accidente, en una emotiva y silenciosa ceremonia, la policía riojana entregó los restos de su hijo Manuel a la familia Prieto.

Las pericias pudieron revelar que el avión del piloto mendocino se estrelló a 50 metros de la cumbre, en las mencionadas Sierras de Velasco. Probablemente la visibilidad era escasa, prácticamente nula para los tripulantes. Luego de recibir los restos de su hijo, un reflexivo Manuel Prieto (empresario dedicado a la fabricación de aviones para el agro y de entrenamiento) le dejó a Los Andes una frase inconclusa: “si hubiera volado más alto....”.

Especialista en accidentes aéreos estuvo en el sitio

Horacio Bollati, técnico electrónico, radioaficionado, piloto de avión y especialista en accidentes aéreos tuvo la oportunidad de viajar al sitio donde fue encontrada la nave de Manuel Prieto.

En su libro “Brillos en la montaña” -Donde la aeronáutica toma otro sentido-, el mendocino cuenta: “Al amanecer alistamos las motos y partimos campo adentro hasta donde nacen los cordones montañosos, hasta ahí pudimos achicar en motos, el próximo paso era caminar, no quedaba otra opción, abriéndonos paso entre una vegetación frondosa, bordeados por cactus de altura considerable, empezamos a andar y ganar altura, tras caminar por más de 4 horas avistamos al Piper, pero con un gran problema estábamos del lado de la pared de enfrente y la geografía no nos permitía bajar y volver a subir, entonces la estrategia fue seguir por el filo, alinear por arriba y de ahí descender directamente sobre el avión, esto nos demandó 2 horas más, ya agotados por el trajín llegamos a los restos en una maniobra casi de rapel, ahora si estábamos sobre el Séneca objetivo cumplido...”.