jueves 3 de diciembre de 2020

Luis y Andrés se casaron en marzo de 2014, viven en Buenos Aires.
Sociedad

Andrés Gioeni. “Una ley que equipara derechos no perjudica a nadie”

El mendocino era sacerdote, dejó los hábitos y comenzó a trabajar como modelo y actor. En 2014 se casó con otro hombre y ahora cuenta qué significa para él la ley de matrimonio igualitario que cumplió 10 años en el país.

Luis y Andrés se casaron en marzo de 2014, viven en Buenos Aires.

Ya pasaron 10 años de la aprobación del proyecto de Ley de Matrimonio igualitario en el Senado de la Nación, y tras la posterior sanción Argentina se convirtió en el primer país de la región en ampliar derechos para permitir la unión entre personas del mismo sexo.

A partir de la promulgación de la ley, la legislación argentina estableció que el matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos con independencia de que los contrayentes sean del mismo sexo o de diferente sexo”. Nuestra provincia estrenó la unión de este tipo en el país, el 31 de julio de 2010, Giorgio Nocentino y Jaime Zapata dieron el sí en el registro civil local.Una de las historias más conocidas fue la del mendocino Andrés Gioeni, que dejó sus hábitos de sacerdote y unos años más tarde, más precisamente el 7 de marzo de 2014 decidió contraer matrimonio con Luis.Hoy actor, el ex cura y ex modelo de indumentaria masculina vive su vida en Buenos Aires y rememora aquellos días de profundos cambios en la sociedad argentina y en su propia vida.

-A 10 años de la aprobación, ¿cómo ves la situación actual?

-Se avanzó mucho, muchísimo. Pero sobre todo porque es una ley que no perjudicaba a nadie, sino que equiparaba derechos. La sociedad argentina dio un paso muy grande. Y todos los temores y fantasmas que se presentaban como argumentos en contra, el tiempo los fue dejando de lado. Se decía que iba a ser un atropello a las familias pero al contrario, les dio un nuevo aire y fueron incorporándose visibilidad a las familias homoparentales, monoparentales y algunas familias que, si bien existían, no encuadraban en la idiosincrasia de los argentinos. Su misma experiencia con otra mirada de la realidad que ayudaron incluso a familias tradicionales.

-¿Se avanzó en las políticas antidiscriminatorias?

-Los medios de comunicación (serie y películas) han aportado un gran cúmulo de historias para sensibilizar y comprender la realidad LGBTTIQ. En las escuelas ahora son los mismos compañeritos quienes defienden cuando a alguien le dicen “putito” o “machona”. En el deporte se ha reducido notablemente la discriminación y hay más apertura a que la mujeres y varones no perciban los gustos y prácticas sólo de manera binaria. Dentro de las religiones históricas (cristianos, judíos, musulmanes) también hay círculos de lecturas revisionistas que dejan de lado la concepción instaurada de que la Biblia y otros libros sagrados condenan las relaciones homosexuales, sobre todo como las concebimos en la actualidad, consentidas y voluntarias. Las nuevas generaciones están creciendo en tolerancia a la diversidad. No tienen temor de expresarse con más libertad. Y ya no hay tanta condena. Somos seres únicos e irrepetibles y eso es un valor a explotar y conocer aún más a fondo. Es cierto que aún quedan muchos espacios de discriminación a cubrir, pero prefiero mirar el medio vaso lleno.

¿Qué problemas enfrentan los matrimonios igualitarios?

-Son problemas entre dos personas que se aman, que se quieren. Y a veces, voluntaria o involuntariamente, se hieren y se lastiman. Siempre digo que el amor es como una plantita, hay que regarla diariamente y ser consciente de que depende cuánto amor y tiempo le dediquemos. No hay recetas, tampoco es matemática, cada pareja es un mundo, pero hay valores que son esenciales si se quiere vivir en pareja: respeto, sinceridad, amor, transparencia, consenso.

-¿Cuál es tu opinión sobre la educación sexual en las escuelas?

-Creo que las escuelas tienen que renovarse en varios aspectos. A veces me da vergüenza ajena leer las tareas, los conceptos y sobre todo las dinámicas que se intentan aplicar, en todas las materias. Pero soy consciente de que no podemos seguir refiriéndonos al sexo como un tema tabú. Se puede hablar de todo en las escuelas menos de eso. Es una ingenuidad. La sexualidad es un aspecto más de la persona, y muy importante. Y hay realidades básicas que se deben enseñar. Algunos dicen: “eso queda para la intimidad de la familia”, como si no supiéramos que hay familias disfuncionales, abusadoras, ingenuas, analfabetas, o con diferentes realidades a las que idealmente pensamos. Habrá que respetar la psicología evolutiva de los niños y consensuar qué cosas decirles, en qué determinados momentos y de qué manera.

- ¿Cómo fue tu historia?

-Mi historia fue escabrosa pero emocionante. Me llevó mucho tiempo descubrirme y asumirme. Me fue más fácil en muchos aspectos. Siempre fui estudioso, aplicado, deportista, interesado en los demás. Pero había algo que no quería reconocer y me torturaba. Creo que por eso mismo tardé tanto tiempo en ponerle nombre a lo que me estaba pasando. Algunos me preguntan por qué esperé tanto tiempo para decir que era gay, que para qué me ordené sacerdote, etc. Como si yo lo hubiese tenido claro desde el comienzo. Mi proceso fue lento, duro, y no reniego de ello. Cuando entré en crisis y me aparté del ministerio sacerdotal todavía ni siquiera me animaba a ponerle nombre a lo que me estaba pasando, sabía que era una crisis afectiva y de identidad. Pero no sabía en qué iba a terminar. La mano de Dios me fue acompañando en todo ese proceso, y aún cuando lo quería dejar de lado, se hacía presente de un modo u otro mostrándome por dónde caminar. Si te contara experiencias puntuales no las creerías. Mis amigos me cargan y me dicen que es casualidad y que lo leo de esa manera. Pero cuando miro hacia atrás lo veo claramente: corriéndome de un lugar, permitiendo que me lleve paredes por delante, pero poniéndome almohadones. Todas esas experiencias me forjaron para ser quien soy. Y hoy estoy orgulloso de eso. El tránsito no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Sufrí mucho e hice sufrir a muchos con mis errores, mis malas decisiones, mis caprichos. Pero si tuviera que volver a nacer desearía vivir lo que he vivido.

-Pero no padeciste solo….

-Con Luis ya llevamos 16 años y medio de vida. Nos conocimos cuando trabajaba de mesero en un boliche. Pero pasaron varios meses para empezar a salir y darnos la posibilidad de conocernos. Le debo mucho a Luis. Él hace que cada día intente ser una mejor persona. Hemos conformado una simbiosis muy linda. La gente que nos rodea no nos imagina al uno sin el otro. Es que supimos complementarnos. Somos el agua y el aceite. Tenemos muchos valores similares, pero pensamos muy diferente. Trabajamos a diario en proyectos comunes y a su vez, cada uno tiene su propio ámbito de trabajo. Ya es difícil distinguir a su familia de la mía. Porque ambas familias se han integrado a nuestras vidas con total naturalidad. Y por suerte, las tenemos muy cercanas en nuestra cotidianeidad.

.¿Porqué decidieron casarse?

-Cuando pensamos en casarnos fue porque queríamos homenajear esos hermosos diez años vividos y queríamos dar un paso más. El matrimonio nos empoderó, decir públicamente ante la sociedad, familia y amigos que queríamos vivir juntos, nos desafió a comprometernos más firmemente. Que hoy para muchas personas seamos referentes nos pone en un lindo lugar, porque entendemos que muchos nos ven como nos miramos mutuamente a diario. Al otro día del matrimonio civil hicimos una fiesta durante el día en Tigre, con muchos familiares que vinieron de Mendoza, más toda la familia y amigos de acá. En esa oportunidad hicimos una ceremonia religiosa espiritual donde conjugamos ritos cristianos: con los cuatro elementos de la naturaleza y la lectura de algunos pasajes bíblicos dimos nuestro Sí ante Dios y el mundo.