Alertan que creció el consumo de drogas ilícitas en la pandemia

Angélica Frías es referente barrial del asentamiento Castro, de Guaymallén y junto a otras personas ayuda a jóvenes adictos. Foto: José Gutiérrez / Los Andes
Angélica Frías es referente barrial del asentamiento Castro, de Guaymallén y junto a otras personas ayuda a jóvenes adictos. Foto: José Gutiérrez / Los Andes

Los números oficiales coinciden en que aumentó la venta de sustancias ilegales en Mendoza. Desbarataron 500 “kioscos” de narcomenudeo en algo más de un año.

El consumo y venta de drogas ilícitas agudizó en tiempos de pandemia. En medio de la crisis económica y sanitaria el alerta fue lanzado por referentes de los barrios populares del Gran Mendoza y ahora lo avalan dos organismos oficiales: el área de Adicciones y la policía de lucha contra el narcotráfico, ambos de la Provincia.

La coordinadora del Plan Provincial de Adicciones, Marta Hintuchi y su pares de Asistencia y Prevención, Lidia Delavia y Facundo Cócola, respectivamente, advirtieron que esto recrudeció en pandemia. En tanto, Marcelo Rivera, a cargo del área de Narcotráfico que depende del Ministerio de Seguridad, remarcó que desde el inicio de la cuarentena y hasta julio último se desbarataron unos 500 “kioscos” de narcomenudeo que traficaban marihuana y cocaína, en su mayoría, en el Gran Mendoza.

Hintuchi indicó que desde hace varios años en Mendoza y todo el país en general se observa un aumento del consumo problemático con la preocupante particularidad de la disminución en la edad de inicio tanto de sustancias legales como ilegales. En tal sentido explicó que para los grupos sociales de mayor vulnerabilidad la venta de drogas puede constituirse en un medio de vida al no existir otro tipo de inclusión social y laboral. “Sería posible conjeturar que tanto el aumento del consumo como la crisis social y económica se han profundizado durante este tiempo”, indicó la especialista.

Rivera, por su parte, sostuvo que el incremento en la venta y el consumo que se observa puede estar relacionado con lo que provocan el encierro y la ansiedad. Asi, el secuestro de estupefacientes aumentó de manera significativa. “Un claro ejemplo es el autocultivo de cannabis”, dijo, para agregar que es visible un aumento en la venta de cogollos a través de Facebook. Cada frasco, indicó, tiene un valor de entre 10 y 15 mil pesos.

Con el incremento en los valores, a su vez, se observa más consumo pero en menores dosis y calidad. Por ejemplo, es común adquirir medio gramo y no el gramo entero.También explicó que, por lo general, los kioscos de narcomenudeo son clanes familiares integrados por tres o cuatro personas que tienen sus roles asignados. “Cuando alguno de la familia cae preso, continúa otro y así sigue la cadena. Esto representa un verdadero foco infeccioso para los vecinos y genera conflictos barriales”, apuntó.

Esto lleva, además, a que muchas mujeres queden solas a cargo de un “negocio” del que, en virtud de las necesidades, no pueden salir.

Acciones

Desde el área de Asistencia, Lidia Delavia remarca que la venta de drogas constituye un hecho social atravesado por las leyes que regulan este aspecto en la Argentina. “Lo referido al control de la oferta es un tema de seguridad pero los aspectos sociales que tienen que ver con la vida cotidiana de quienes usan drogas en contextos de alta vulnerabilidad, plantean llevar a cabo acciones”, indicó.

En este sentido, Facundo Cócola, del área Prevención, agrega que sería oportuno un abordaje integral (que incluya la prevención y la asistencia), interdisciplinario e intersectorial. En nuestra comunidad, coinciden los especialistas, eso ocurre a través de una red asistencial pública y privada con diversos dispositivos de atención.

En la esfera pública, se encuentran los Centros Preventivos Asistenciales en Adicciones (CPAA), que brindan un abordaje ambulatorio especializado en problemáticas de consumo, atendiendo a personas desde 14 años en adelante, que presenten abuso (consumo problemático) o dependencia (leve o moderada) de sustancias, que no tienen cobertura médica.

También intervienen los hospitales generales. “En nuestra provincia la modalidad de abordaje adoptada para el diagnóstico de intoxicación guda de sustancias se inicia con la evaluación clínica en un hospital general”, dijo Delavia. Asimismo, los casos que requieren compensación psiquiátrica se derivan para evaluación a un espacio de Salud Mental (Hospital El Sauce, Hospital Carlos Pereyra, y CIPAU en caso de adolescentes) a los cuales deben ingresar clínicamente estabilizados. También la red ofrece atención en salud mental en Centros Infanto Juveniles y Centros de Salud.

La importancia de la prevención

El fenómeno de los consumos se encuentra determinado por múltiples causas, por caso la oferta y regulación de venta; el entorno de la persona; sus pares y su poder de autocuidado. “Son estas últimas acciones donde el sistema de salud tiene mayor injerencia”, dijo Cócola.

Hintuchi sostuvo que la lógica de los cuidados colectivos implica estimular a que cada persona tome conciencia de su importancia social como agente de prevención. También remarcó que una de las maneras más efectivas de prevenir es no dejar solas a las personas en el amplio sentido de la palabra: brindarle la nutrición afectiva que necesitan, acompañarlas en momentos de malestar emocional, no dejarlas libradas a su suerte en situaciones de intoxicación, o guiarlas hacia espacios de salud donde puedan ofrecerle atención profesional en caso de ser necesario. “Para que esta compañía sea efectiva, resulta fundamental tener un trato basado en la empatía antes que en el juzgamiento”, concluyó.

Los barrios populares, acechados por el flagelo

Angélica Frías se crió en el asentamiento Castro y conoce la problemática del sector como la palma de su mano. A través de las actividades que realizan en el merendero “Juguetes Perdidos” intentan día a día alejar a los niños de la droga.

“Dialogamos, les damos premisas y ocupaciones. La droga debe atacarse tempranamente. No sirve que el Estado intervenga cuando el chico salió a delinquir y está preso”, advierte. “Hay droga y se vende. Esto se observa siempre, en cada esquina. Lo que más vemos es marihuana y alcohol y a este ritmo creo que seguirá creciendo”, opinó.

Desde su labor social en los barrios Flores y Olivares, Juana Santos, a cargo de un comedor que abrió en su propia casa, admitió el crecimiento del consumo. “Los veo todo el tiempo en cada esquina y muchos padecen serios problemas familiares”, dijo a Los Andes, para agregar que desde Fundación Evita se gestiona la atención de psicólogos.

“Los lunes se acerca un psicólogo a conversar con los jóvenes y yo, en lo personal, nunca miro para el costado. No solo pongo el oído sino mi casa”, dijo. “Me ayudan a amasar el pan, a elaborar las viandas, a vender la verdura, porque creo que tener la cabeza ocupada y no dejar el colegio es fundamental”, añadió. “Hay que estar atento y acompañar, pero en muchos casos el problema viene de mucho antes, dejan la escuela y salen a la calle, por eso creo que la pandemia no ayuda”, reflexionó.

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