A punto de cumplir 103 años, Amanda deja un mensaje optimista para los mendocinos

Amanda Lioy fue también la vacunada más veterana de Mendoza.
Amanda Lioy fue también la vacunada más veterana de Mendoza.

Vive en un hogar de San Martín y asegura que la mejor receta para vivir muchos años es “hacer bien las cosas y ser buena persona”.

Sonriente y saludable, Amanda Lioy se prepara para celebrar sus 103 años de vida con un esperanzador mensaje para estas fiestas de fin de año.

“Salud, unión familiar y nada de peleas”, define, categórica, a la hora de aventurar sus deseos en vísperas de la Navidad y el Año Nuevo.

Amanda, que vive en el Hogar Pinar Plaza, de San Martín y casi no debe tomar medicación, agrega: “Pórtense bien, no peleen, no generen problemas. Esa fue siempre mi receta”.

Hija de inmigrantes del sur de Italia, nació el 5 de marzo de 1919 -bajo la primera presidencia de Hipólito Irigoyen- en Chapanay, San Martín, y fue la menor de 10 hermanos: la mayor falleció hace poco, con 104 años.

Muy joven se casó con Ángel Jaliff, comerciante y gran jugador de fútbol, y ambos trabajaron toda la vida en un almacén de ramos generales. Tuvieron dos hijos: Marta, fallecida cuatro años atrás, y Hugo, médico, de 78 años. Tiene tres nietos, Bruno, María Belén e Iván y dos bisnietos, Iñaki y Kala.

“Amanda de la suerte” (así la llaman en el hogar por la salud de hierro), reitera que ser buena persona es lo más importante en la vida.

“Eso es lo que traté de hacer. Simplemente eso, dedicarme a la familia y ayudar a mi marido”, había relatado en marzo, durante una nota con Los Andes, tras haber recibido la vacuna contra el Covid-19.

Coqueta y sonriente –las enfermeras le pintan las uñas con color coral una vez a la semana—confiesa que nada se compara con su Chapanay natal, un lugar “hermoso y tranquilo”.

Viuda desde 1988, Amanda siguió viviendo con su hija hasta que ella falleció a raíz de una insuficiencia renal. Pocos días después, una fractura de cadera le impidió caminar y le plantearon rehabilitarse en un hogar.

Si bien la muerte de Marta la afectó muchísimo, supo salir adelante con gran entereza. No pudo volver a caminar y así fue que decidió permanecer en el lugar porque entendió que no podía vivir sola.

“Tanto las fiestas de fin de año como sus cumpleaños, son muy importantes para ella y solemos celebrar. El encierro para ella fue difícil pero estuvo muy cuidada y pudimos verla siempre a través del vidrio”, recordó su hijo Hugo.

Florencia Vitale, psicóloga del hogar y con quien comparte muchas charlas, habló de esta abuela sonriente y jovial que siempre está de buen humor. “Tiene su horario para hacer ejercicio, recibir visitas y disfrutar del jardín”, cuenta.

Amanda se despide con una sonrisa, lista para los festejos que se avecinan: el 24; el 31 y, por supuesto, el 5 de marzo, cuando soplará 103 velitas.

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