Este 14 de noviembre se celebró el Día de la Diabetes: Banting, Best y la insulina

Frederick Grant Banting fue un médico canadiense que sirvió durante la Primera Guerra Mundial. De joven estudió teología, pero prefirió curar cuerpos y no almas. Durante la contienda, a pesar de estar gravemente herido, asistió a sus camaradas durante una batalla que duró 17 horas. Por este acto de heroico desprendimiento, fue condecorado con la Cruz Militar.

De vuelta en Canadá, se puso en contacto con el jefe de la cátedra de fisiología de la Gils University para investigar el origen de la diabetes, y a tal fin le fue permitido el acceso a un pequeño laboratorio y la asistencia de un alumno para colaborar en el proyecto. Éste se llamaba Charles Best. Ambos se concentraron en la actividad del páncreas y se percataron que al ser extirpado, aparecían los signos de la diabetes. Banting y Best aislaron la hormona pancreática que regulaba los niveles de azúcar en sangre, a la que originalmente llamaron isletina.

En 1922 pudieron usar su descubrimiento en humanos. El primer beneficiado fue un joven de 14 años, llamado Leonard Thompson, que estaba a punto de morir por una hiperglucemia. La recuperación fue milagrosa. Cientos de diabéticos, enterados de la capacidad curativa de la ahora llamada insulina (porque proviene de un grupo de células llamadas islotes de Langerhans), pudieron hacer los estudios a gran escala para obtener su aprobación.

El comité Nobel decidió otorgar el galardón a Frederick Banting y John Macleod (su jefe), pero el primero se indignó y decidió compartir el dinero del premio con su asistente, que entonces tenía 24 años. Así fue como Banting y Best pasaron a la historia como los descubridores de la insulina, gracias a la honestidad intelectual de un hombre que no solo había demostrado su coraje en los campos de batalla, sino en el campo de la ética, donde se pierden grandes guerras y contiendas.

Banting continuó sus trabajos en distintas áreas de la investigación médica, como los problemas que tienen los pilotos de aviación y el tratamiento de las quemaduras con gas mostaza.

Best se recibió de químico y médico, y después de trabajar en la conservación de la sangre, fue nombrado asesor de la OMS y profesor de la cátedra de fisiología que pasó a llamarse Frederick Banting.

Best y Banting.
Best y Banting.

Diabetes quiere decir “atravesar”

¿Y qué es lo que atraviesa? El riñón. La diabetes se caracteriza por las 4 “P”: poliuria (exceso de orina), polidipsia (sed excesiva), polifagia (comer en exceso) y pérdida de peso.

Actualmente se calcula que existen en el mundo más de 450 millones de diabéticos, aunque las proyecciones señalan que este número se duplicará en los próximos 20 años. En la década del 70 se estimaba que el 3% de la población era diabética, hoy se estima que el 8% lo es (aunque solo la mitad lo sepa). La mortalidad oscila entre los distintos países, entre el 14 por cien mil y el 6 por cien mil.

La diabetes juvenil tiene su mayor incidencia entre los 10 y 15 años, mientras que la del adulto aparece después de los 40, predomina en mujeres y está relacionada con la obesidad y vida sedentaria.

Desde el descubrimiento de Banting y Best, la diabetes dejó de ser una afección con altísima mortalidad para convertirse en una enfermedad crónica asociada a un alto índice de discapacidad (66%).

Entre las complicaciones más frecuentes están las afecciones cardiovasculares, la insuficiencia renal y la retinopatía diabética. Esta última es una grave complicación que, de descuidarse o no tratarla oportunamente, puede llevar a la pérdida visual.

Símbolo de la ONU para la diabetes.
Símbolo de la ONU para la diabetes.

La prevalencia de la diabetes en países como México (vale aclarar que las poblaciones nativas de  América Latina son más propensas a sufrir diabetes) es de 31.5%, mientras que en los países industrializados está entre las cinco causas más frecuentes de pérdida visual.

La afección de la microcirculación de los vasos retinales ocasiona hemorragias, depósitos de lípidos, zonas con falta de circulación y la generación de neo-vasos más frágiles, que producen hemorragias y fibrosis que conducen a desprendimientos de retina. También los ojos de los diabéticos son más proclives al aumento de la presión ocular.

Muchas de estas complicaciones oculares y sistémicas son evitables o reversibles con atención precoz y adecuada en los estadios iniciales de la enfermedad.

Con mejor control metabólico, con láser, con antiangiogénicos o cirugías, hoy logramos que muchísimos pacientes puedan seguir con una vida normal.

El aumento de la incidencia de la diabetes en términos globales y, más aún, con esta pandemia y sus cuarentenas prolongadas, han agudizado los problemas de esta afección.

Solo la concientización, el cuidado precoz, la consulta especializada y los modernos tratamientos, nos permitirán lidiar con este problema mundial. Una vez más y como siempre, la mejor medicina es la prevención.

*El autor es oftalmólogo, Miembro de la CAMEOF (Cámara Argentina de Medicina Oftalmologica

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