Dermatitis atópica: una afección común que padecen entre el 15% y el 30% de los niños

Recientemente, este 14 de setiembre, se conmemoró el día mundial de esta enfermedad, una buena ocasión para alertar acerca de la importancia de la concientización y la asistencia temprana.

La dermatitis atópica (DA) es una afección común que padecen en forma predominante los niños pero puede persistir, reaparecer o debutar en la adultez (prevalencia estimada entre 2 al 8% de la población adulta) y en todos los casos, la picazón puede provocar la privación del sueño y tener un impacto considerable en la calidad de vida.

Además, es más probable que los pacientes con dermatitis atópica requieran, también, tratamiento para las comorbilidades atópicas asociadas (es decir, presencia de dos o más enfermedades al mismo tiempo en una misma persona) como asma, rinitis alérgica y alergia a alimentos, sufriendo una carga de enfermedad aún mayor. También se observa una mayor prevalencia de depresión y ansiedad. Además, la enfermedad moderada-grave no controlada, se asocia con un mayor riesgo cardiovascular.

¿Qué es la dermatitis atópica?

Es una enfermedad inflamatoria crónica o crónicamente recurrente, que puede tener una amplia gama de presentaciones, y se caracteriza principalmente por piel seca, prurito intenso y lesiones cutáneas inflamatorias localizados (eccemas), que son significativamente debilitantes.

El impacto en la calidad de vida de los pacientes afectados y sus convivientes es significativo. La picazón grave afecta el crecimiento y el desarrollo del niño, generándoles dificultades para concentrarse en la escuela y la capacidad neurocognitiva tanto ellos como en los adultos. Esta alteración del sueño, junto con el prurito intenso y los laboriosos regímenes de tratamiento tópico, resultan en días de baja laboral y afecta las relaciones interpersonales.

¿La dermatitis atópica solo afecta la piel?

No es solo una enfermedad de la piel; a menudo provoca ansiedad y depresión, puede generar, por ejemplo, complicaciones oculares, además de generar otras enfermedades crónicas.

¿Cómo puede tratarse?

En primer lugar, un adecuado cuidado de la piel, que incluye indicaciones de baño y uso de humectantes. Además, distintas opciones de tratamientos tópicos para las lesiones de eccema, y para los casos refractarios el uso de inmunomoduladores o los nuevos tratamientos biológicos que brindan un actual panorama esperanzador, que se incrementará dada la intensa investigación en curso.

De todos modos, lo más importante siempre, es recibir una consulta especializada de manera temprana. La atención oportuna y adecuada les permitirá a los pacientes mejorar su calidad de vida.

*La autora es Esp. en Dermatología (UBA) y Alergia e Inmunología (UBA) - Docente adscripta UBA - Directora Comité Inmunodermatología AAAeIC

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