Sofía Gala Castiglione: “La cultura de la cancelación es enemiga del arte”

Sofia Gala para Rumbos
Foto Federico Lopez Claro
Sofia Gala para Rumbos Foto Federico Lopez Claro

La actriz vuelve a los cines para protagonizar “Natalia Natalia”, un policial dirigido por el legendario Juan Bautista Stagnaro. Una charla exclusiva sobre el cine de hoy, el rol de la mujer y la tiranía del éxito en las redes sociales.

A sus 35 años Sofía Gala Castiglione es muy clara con algo: sólo se embarca en proyectos que realmente le interesen y la desafíen, un derecho de piso que se ganó sacudiéndose el mote de “hija de” a fuerza de casi dos décadas de trabajo ininterrumpido tanto en televisión como en cine, donde filmó con importantes directores y obtuvo premios internacionales incluido un Concha de Plata a mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

Ahora, vuelve a la pantalla grande de Argentina como protagonista de Natalia Natalia, un trhiller que marca el regreso al cine del director Juan Bautista Stagnaro (Casas de fuego, La Furia) y que se estrenará en salas de todo el país el 24 de noviembre.

Con un elenco que incluye a Diego Velázquez, Valentina Bassi, Tony Lestingi y Demián Salomón, Natalia Natalia sigue la historia de Silvia Monteferrante, una mujer que se ve envuelta en una trama de misterio y corrupción luego de que su ex marido policía muere en circunstancias poco claras.

“Con el personaje de Silvia me pasó lo que me pasa en todos mis papeles. Siempre que leo un guión ya me siento un poco adentro y lo que tiene de increíble el cine es que el personaje va naciendo mientras lo creás. Nace cuando filmás la primera escena y no hay vuelta atrás”, cuenta Sofía en entrevista con Rumbos.

¿Sentís que tu proceso creativo es más espontáneo?

Obviamente que si mi personaje tiene algo en particular, como una vez que me tocó hacer de apicultora, por ejemplo, necesitás trabajar en algo previo para entender en lo que te estás metiendo. Pero sino me cuesta mucho la técnica actoral de hacer todo un análisis. A mí eso me aleja. Yo siento que el personaje no es otra persona sino todas mis emociones canalizando la vida de este otro que voy a encarnar durante lo que dure el rodaje. Es mucho más instintivo mi trabajo, no me gusta analizarlo tanto. Creo que en mí el sobreanálisis hace que el personaje pierda vida y en el cine hay algo muy fundamental de lo vivo en escena, de vos también sorprenderte con lo que pasa.

¿Te cuesta salir del personaje?

Si, totalmente. Por eso hay muchas cosas que son fundamentales para mí. Me cuesta mucho trabajar lejos de casa porque volver a mi casa es fundamental. Me gusta volver y sacarme las uñas pintadas y pintármelas de mi color aunque me las tenga que pintar de nuevo al otro día, o sacarme el peinado de mi personaje. Yo soy prácticamente autodidacta entonces fueron cosas que me di cuenta mientras hacía las películas. Me ha pasado de estar 12 horas siendo un personaje y después entraba en un limbo emocional en donde no terminaba de ser ni yo ni el otro. A veces creo que se subestima el trabajo del actor, que es el trabajo con su psiquis. Ese es nuestro instrumento de trabajo, algo que nos acompaña todo el tiempo y que canaliza todo, quieras o no. Me parece muy importante hacer ejercicios para poder salir y entrar.

¿Hay papeles que no hagas por miedo a que sean demasiado oscuros o fuertes?

Todo lo que me interesa lo hago. Y me interesa recorrer caminos emocionalmente fuertes. Los necesito. Creo que soy actriz en parte porque tengo muchas emociones dentro mío y con una sola vida no me alcanza. Por eso creo que siempre elijo personajes o historias donde haya un gran contenido emocional, porque eso es lo que me sirve a mí del oficio. Como yo soy intensa las cosas que elijo suelen ser intensas. Me gusta arriesgarme, hacer cosas que no están en mi comodidad. Para mí lo más importante es el proceso y lo que voy a aprender, más de que si gusta o no o si tiene éxito o no.

¿Te afecta lo que opinan los demás de tu trabajo?

No en el momento de elegir y de hacerlo. Obvio que un premio, una buena crítica o una mala crítica te afectan en algún punto, pero no a mi trabajo y mis decisiones. No me hago cargo de lo que les pasa a los demás, incluso con lo bueno. A mí me pasó que desde que hice mi primera película gané un premio y después gané más, siempre se me reconoce por los trabajos que hago y aparece algo que para mí es súper peligroso que es el prestigio y lo que se espera que vos hagas a partir de lo que ya hiciste o de los premios que ganaste. Y no quiero que eso me condicione a lo que voy a hacer después. Por supuesto es importante el reconocimiento y que a la gente le guste lo que hacés, pero a mí lo que más me interesa es mi aprendizaje. Quiero que lo que haga me sirva para no enloquecer y volver a mi casa y estar bien.

¿Qué fue lo que más te gustó de embarcarte en Natalia Natalia?

Me encantó trabajar con Juan (Stagnaro). Me parece que es un director que tiene una manera de filmar y una forma y un aprendizaje que en nuestro país no abundan, porque ya hay nuevas generaciones. Aprender con él era una experiencia que quería vivir. Además me gusta mucho el cine de género, en este caso el policial. Y me gustaba la idea de atravesar este personaje que es como una especie de antihéroe, que arranca sin entender demasiado y se va metiendo, pasa de lo pasivo a lo activo. Una chica común a la que le suceden muchas cosas que la hacen cambiar. Con Juan hablamos mucho del guión, fue una cosa muy colectiva y eso es lo que más me gusta cuando trabajo. El cine es colectivo y para mí no se puede sin el otro. Cuando se arman estos vínculos donde todos podemos poner un poco de nosotros me parece que está buenísimo, y no siempre pasa.

La película propone un rol protagonista de la mujer, algo que no es tan común en los policiales. ¿Creés que eso se puede hacer gracias a la época en que vivimos?

Totalmente. Dentro de las cosas que ya están creadas se expanden las nuevas posibilidades en donde la mujer ocupa un lugar que hasta el momento había sido de hombres. Hay un papel más activo y profundo donde siempre la mujer era secundaria o era el personaje al que había que salvar o la que te iba a conquistar y no la que metía los pies en el barro. Me parece muy interesante que un tipo como Juan decida poner a una protagonista mujer en una película tan clásica de género.

Llevás casi 20 años de carrera. ¿Sentís que cambió el rol de la mujer en el cine?

Sí, creo que estamos en un proceso y que es imposible que por todas las cosas que pasaron no haya un cambio. Pero creo que es un proceso largo y que nosotras nos estamos adueñando de nuestro espacio y todos y todas estamos aprendiendo realmente a vivir de otra manera. Porque una cosa es hablar y otra que las cosas sucedan. Yo creo que cuando el paradigma real cambie no va a existir este tipo de conversación y va a ser algo mucho más natural. Pero creo que estamos en camino y me parece súper interesante que de alguna forma se empiece. Creo que hubo muchos cambios y otras cosas que siguen iguales con las que me enfrento en mi trabajo. Y una como mujer se tiene que animar a ponerse al frente, a decir lo que piensa y perder y ganar lo que haya que perder y ganar para que las cosas cambien. Desde mis personajes siempre intento hacer mujeres fuertes, pensantes, que tengan un contenido más allá de lo que propone el guión.

Natalia Natalia se estrena directamente en cines, pero hoy en día muchas películas van derecho al streaming. ¿Ves un cambio en la forma de consumir cine sobre todo a partir de la pandemia y de las plataformas como Netflix?

Sí, es obvio. Y me da muchísima tristeza y miedo que lo que es el streaming venga a reemplazar al cine porque por algo el cine es cine, tiene un código que se pierde en una pantalla chica. Siempre me acuerdo cuando era chica y salió el CD. En mi casa estaba el equipo con la bandeja, los amplificadores y de repente se tiró todo y quedo el aparatito del CD y después eso también desapareció cuando llegó el MP3. Se elimina lo otro y se permite una sola posibilidad. Y yo creo que el cine es maravilloso e irremplazable. Se debería trabajar en un punto donde una cosa no quite a la otra. Que la película se proyecte en el cine y después la pongan en el streaming. Yo creo que lo que fue pensado para el cine tiene que ir al cine.

¿Se perdió un poco la costumbre de ir a ver cine?

También nos ponemos vagos, muchos prefieren quedarse en su casa, o a veces ir al cine sale caro. Pero son cosas que no deberían morirse. Sino dentro de poco solo vamos a existir a través de una pantalla de celular. Es algo que está pasando con el humano hace tiempo. Es cada vez más difícil comunicarnos. Tengo amigos que les aterra que los llame por teléfono. Y yo necesito hablarte, escuchar tu voz, verte. Me parece que es parte de lo mismo, de esta negación total a vincularnos de verdad. Nos vuelven cada vez más inseguros y nos hacen creer que podemos vivir esa vida que estamos mostrando en las redes sociales, que no es verdad. Nadie se quiere reencontrar con nadie porque solo vemos la vida feliz. Es mucho más fácil ser a través de una máquina.

¿Y eso afecta también al arte?

El arte y la cultura están en un momento mundial desastroso y en crisis total como yo nunca había visto en mis 35 años. Desde lo políticamente correcto, los miedos a asumir riesgos o hasta que te cancelan por hacer arte. El arte no se puede cancelar. No se puede hacer arte para que la gente esté conforme, porque es para trascender, para que te moleste, para movilizarte, para cualquier cosa menos para que no te mueva un pelo. Pareciera que hay cada vez menos lugar para el arte, un límite de profundidad. Queremos vivir en una superficialidad y a mí eso no me cabe ni un poco.

¿Sentís que no hay retorno?

Me encantaría seguir siendo pesimista, pero por mis hijos tengo que decirte que espero que sí haya retorno. Y que ellos en diez años pudieran vivir en un mundo más verdadero.

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