¿Por qué las expectativas exageradas, a la hora del sexo, pueden hacernos fracasar?

Cuando una persona comparte y sostiene con otra una relación de pareja, la sexualidad es una forma de estar cerca, de encontrarse y comunicarse, de mejorar el vínculo saludablemente. Ilustración: Hugo Horita
Cuando una persona comparte y sostiene con otra una relación de pareja, la sexualidad es una forma de estar cerca, de encontrarse y comunicarse, de mejorar el vínculo saludablemente. Ilustración: Hugo Horita

El repliegue social y el estrés de estos dos años dejó sus huellas en la vida sexual de parejas y personas solteras. La psicóloga y sexóloga Analía Vergara nos da las claves para reencontrarnos en la intimidad.

Según la Organización Mundial de la Salud “la sexualidad es un aspecto central del ser humano a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual”. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales.

La salud sexual, por su parte, es un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad... No solo un concepto asociado a la ausencia de enfermedad. La salud sexual requiere de un acercamiento positivo y respetuoso hacia la sexualidad y las relaciones sexuales, así como la posibilidad de obtener placer y experiencias sexuales seguras, libres de coerción, discriminación y violencia.

“Los motivos frecuentes de consulta tienen que ver con el bajo deseo sexual, dificultades para alcanzar el orgasmo, la eyaculación precoz y la disfunción eréctil.”

Cuando una persona comparte y sostiene con otra una relación de pareja, la sexualidad es una forma de estar cerca, de encontrarse y comunicarse, de mejorar el vínculo saludablemente, produciendo además una complicidad que ayuda a prevenir y afrontar mejor las crisis de la vida.

A diferencia del reino animal, en el cual los individuos tienen incorporado en su código genético las habilidades de cortejo, el ser humano debe aprender y cultivar habilidades sexuales: nadie nace sabiendo.

Hay conocimientos sexuales sobre los cuales es indispensable estar al tanto: las diferencias entre la sexualidad masculina y femenina, las fases de la respuesta sexual, el conocimiento y cuidado del propio cuerpo, saber qué puede causar placer en uno mismo y en otro, la comodidad con el erotismo y la fantasía.

“El desconocimiento y las expectativas exageradas en torno de la sexualidad pueden generar ansiedad, dificultades e incluso disfunciones sexuales.”

La sexología es la disciplina que aborda la sexualidad desde lo biológico, lo psicológico a nivel individual y/o de pareja, lo social, lo cultural.

Los motivos más frecuentes de consulta tienen que ver con el bajo deseo sexual, las dificultades para alcanzar el orgasmo, la eyaculación precoz y la disfunción eréctil, entre otros.

En ocasiones sucede que la persona evita las relaciones sexuales porque algo que surgió como una dificultad ocasional ya se repitió varias veces. Entonces surge una disfunción sexual cuando se arraiga ese síntoma a partir de la vergüenza o el pudor.

¿Tratamientos? Para el abordaje inicial, se tiene en cuenta la realización de una consulta con el médico pertinente para evaluar el aspecto clínico, se exploran conflictos emocionales, las motivaciones subjetivas, la dinámica de la relación de pareja.

La oportuna consulta a un especialista en sexología puede evitar la cronicidad de un síntoma y, ante todo, brindar orientación y herramientas para disfrutar de una vida sexual plena y saludable.

*Psicóloga y sexóloga. Miembro de la Asociación Rosarina de Educación Sexual y Sexología. analiaivergara@hotmail.com Contenido exclusivo de la revista Rumbos.

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