“Ojo vago” o ambliopía: por qué es determinante hacer controles oftalmológicos en la niñez

“Ojo vago” o ambliopía: por qué es determinante hacer controles oftalmológicos en la niñez
La ambliopía puede ser tratada en la infancia con ejercicios visuales que estimulan el cerebro para que "aprenda” a ver mejor. Foto: 123RF.

La ambliopía es una de las principales causas de disminución visual en la vida adulta y genera una discapacidad irreversible si no se detecta durante la infancia.

La ambliopía, “ojo vago” u “ojo perezoso” es una alteración en el desarrollo del sistema nervioso central que se manifiesta en la persona con una disminución de su agudeza visual -sin causa orgánica que la justifique-, que no mejora ni siquiera con la mejor corrección oftalmológica.

¿Qué quiere decir esto? Que aquellos pacientes que la padecen, presentan dificultades para ver las letras o dibujos en las pruebas de consultorio y no logran mejorar esa situación con ningún tipo de anteojos.

La afección se debe a que, durante la infancia, el cerebro no “aprendió” a procesar de manera correcta las imágenes que le envían nuestros ojos. Si un ojo envía una imagen de menor calidad que el otro, el cerebro tiende a “ignorar” la imagen borrosa invalidando el desarrollo del sistema visual de ese lado.

Al no desarrollarse correctamente la vía visual, el ojo que veía borroso continuará viendo así por el resto de la vida.

Por eso, es crucial detectar esta alteración a edades tempranas, cuando el cuadro aún puede ser diagnosticado y tratado oportunamente. En la infancia, mediante el tratamiento adecuado, podemos estimular de manera óptima al cerebro para “enseñarle” a ver con mejor calidad y sin necesidad de suprimir ninguna de las imágenes que llegan a través de nuestros ojos.

Debemos tener en cuenta que la ambliopía es una de las causas más importantes de impedimento visual en el mundo, tiene alta prevalencia en la infancia y genera una discapacidad visual permanente e irreversible si no se detecta durante la niñez.

Por ese motivo, se la considera un gran problema de salud pública y resultan de vital importancia los controles oftalmológicos reglados, aun cuando uno suponga que el paciente no presenta ningún problema visual.

Especial atención merecen niñas y niños en este aspecto, quienes no suelen quejarse de ver borroso, ya sea porque no saben lo que significa ver mejor (lo desconocen) o porque al tener una buena imagen visual de uno de los ojos, no perciben la dificultad que presenta el otro.

Un estudio realizado en el Hospital Italiano de Buenos Aires detectó que el 33% de la población comprendida entre los 3 y 7 años no realizó nunca un control con el oculista desde su nacimiento. Este es un valor alarmante, ya que implica una falta de detección por parte del sistema de salud de los factores de riesgo causantes de ambliopía en la etapa de mayor plasticidad cerebral, cuando todavía podemos “enseñar” a los ojos a ver bien.

Debido a esto, un gran número de pacientes padecerán la enfermedad y tendrán discapacidad a largo plazo por no mediar el tratamiento oportuno.

Las causas de ambliopía suelen ser variadas: desde la necesidad de uso de anteojos o la presencia de desviaciones oculares, hasta causas más graves como las cataratas congénitas. Estos factores, fácilmente diagnosticables por un oftalmólogo, suelen pasar desapercibidos por otros profesionales, que no cuentan con la tecnología adecuada para su detección, por lo que la consulta oftalmológica en la infancia debe ser igual de importante que el seguimiento y control pediátricos.

La Asociación Argentina de Oftalmopediatría recomienda realizar controles oftalmológicos al momento del nacimiento, a los seis meses de vida, al año y luego, regularmente, cada dos años.

*Médica oftalmóloga del Hospital Italiano. MN 159.910. agustina.piloni@hospitalitaliano.org.ar Contenido exclusivo de revista Rumbos.

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