“Los goces del olfato”, la columna de Cristina Bajo

Cristina Bajo, escritora y columnista de revista Rumbos.
Cristina Bajo, escritora y columnista de revista Rumbos.

Hay aromas que nos unen a cosas amadas, como las tostadas que papá nos hacía en los amaneceres invernales y el orégano que mamá le ponía al huevo pasado por agua.

Los goces del olfato... Con esta frase comienza Juana Manuela Gorriti un texto de su libro La Cocina Ecléctica, donde no solo comparte una selección de recetas de sus amigas, sino que también da diversos consejos para los problemas hogareños de aquella época.

La oración completa dice: “Los goces del olfato en nada ceden a los del paladar. Un rico perfume deleita más que un exquisito manjar. A éste se lo saborea con gusto; al otro lo aspiráis con arrobamiento, levantados al cielo los ojos, como en un éxtasis de amor...”.

Y a partir de ahí nos pasa una serie de recetas para hacer sahumerios, extractos y mixturas. No era raro que las revistas de finales del siglo XIX trajeran estas recetas: las encontré en varios libros hogareños, y también hallé algunas de estas mixturas en aquellas publicaciones femeninas que colecciono de las primeras décadas del S.XX o poco después. Revistas con sonoros y bonitos nombres: Maribel, Chabela, Para Ti.

En una de ellas, aparece un extenso título: “El Sahumerio de Lima, o la manera de dar a la ropa, como a las habitaciones, un perfume delicioso y permanente”.

“Hay perfumes, como el incienso o la mirra, que desde tiempos inmemoriales nos vinculan con nuestras creencias religiosas.”

Pero más sencillo de llevar a cabo en nuestros días, es la confección de extractos o mixturas que, de paso, nos entretienen en los momentos de encierro, ya sea por pandemia o por mal tiempo.

Acá les paso (para quienes gustan jugar, como me suele suceder a mí, a que vivo en otros tiempos), algunas indicaciones:

Para confeccionar un buen extracto se necesita una botella de aguardiente de uva de 27º, que se mezclará con otra botella de igual capacidad de agua de lavanda. A esto se le añade, pulverizado, una pizca de ámbar y otra de almizcle. Una vez unidos todos los elementos, se lo sacude bien, y durante un buen rato. Luego se lo deja asentar durante unos minutos y finalmente se lo trasiega a varias botellitas.

Si lo que queremos hacer es una mixtura, se cortan, separándolas del tallo, diamelas, violetas, cedrón, alelíes, manzanilla, malva de olor, jazmines, hojas del rosal llamado “de Jericó”.

Toda esta hojarasca se coloca en un canastillo recubierto de alguna tela fina, que bien podría ser bordada por nosotras mismas después de sahumarla con un secador de pelo o un antiguo ventilador a muy bajas revoluciones. Una vez seca, se la rocía con un pulverizador con el extracto que describí anteriormente.

También podríamos colocar la hojarasca en bolsitas de tul, en los cajones de ropa interior o donde colgamos las prendas de vestir. Otra posibilidad sería acomodarla entre nuestra ropa de cama, para tener un perfume agradable al apagar la luz y arrebujarnos entre sábanas y acolchados.

“Perdí el olfato hace añares, pero aún abro la ventana de noche, cuando ha llovido, para recordar el olor de los pétalos viejos del rosal que reviven con la llovizna.”

Hay perfumes que nos inducen al buen dormir, y otros aromas, como el incienso o la mirra, que desde tiempos inmemoriales nos vinculan con nuestras creencias religiosas. Pero hay aromas que nos unen a cosas amadas: las tostadas que papá nos hacía en los amaneceres invernales, el orégano que mamá le ponía al huevo pasado por agua... El olor de los caballos cuando volvíamos de una cabalgata, y el de nuestro perro cuando lo agarraba la lluvia y dormía junto a la estufa.

A mí, personalmente, me atrae el olor de los libros viejos, y también el de la tinta del libro recién impreso. Perdí el olfato hace añares, cuando era muy joven, pero aún me levanto de noche, cuando ha llovido, y abro la ventana para recordar el olor de los pétalos viejos del rosal que reviven con la llovizna. Pero, de todos, el que más me enciende, es el aroma del café recién molido, recién hecho, que me gusta prepararme cuando escribo.

Sugerencias: 1) Doy fe de que un perfume es siempre muy bien recibido; 2) Aprender a recordar a través de los olores aviva la memoria; 3) ¡Probemos hacer estas recetas con nuestras nietas!

*Escritora y columnista de la revista Rumbos. Contenido exclusivo de Rumbos.

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