“Leer en pandemia”, la columna de Cristina Bajo

Cristina Bajo, escritora y columnista de revista "Rumbos".
Cristina Bajo, escritora y columnista de revista "Rumbos".

La novela histórica de Adriana Ponce, fruto de una gran investigación, tiene el mérito de poner el foco en Cuyo.

Leer ha sido, para mí, además de un placer estimulante, el escape a muchas situaciones desagradables o difíciles. Así que, aún en pandemia, hoy hablaremos de libros y autores.

Comenzaré con una vieja deuda que no pude cumplir en vida de ella, a quien conocí fugazmente a través de internet y luego por Zoom. Desgraciadamente, en momentos en que comenzábamos a conocernos y a intercambiar ideas, ella falleció, diría, inesperadamente.

Se llamaba Adriana Ponce. Nacida en la ciudad de Buenos Aires, era, según decía, “quilmeña por adopción”. Le gustaba la historia, siguió cursos de Narrativa Histórica de la UBA, a cargo de Gabriela Margall, e hizo otros seminarios: estudiaba con entusiasmo, preparándose para ser escritora de novela histórica y romántica.

Según la solapa de su libro, todo esto mientras “disfrutaba de su jardín, de la práctica del yoga y su familia.” No lo dice allí, pero doy fe: pintaba y hacía cosas artesanales diminutas, finas, delicadas, y yo guardo en su libro esquelas decoradas a mano, pequeñas pinturas, papeles de variadas texturas, cajitas con un leño de canela y mil detalles más.

Su novela se titula Como las viñas, transcurre en San Juan, desde el comienzo de nuestra Guerra Civil hasta 1861. Uno de los méritos de este libro es que saca la novela del ámbito de Buenos Aires y la lleva a la región de Cuyo, completando así un periplo de nuestra historia donde varias autoras –y autores– hemos novelado lo sucedido en diferentes provincias.

Según su creador –Walter Scott– la novela histórica no solo entretiene, enseña, y Adriana Ponce ha hecho un excelente trabajo de investigación para una trama romántica y entretenida, llena de detalles de la vida cotidiana, por donde merodea Facundo –a quien Borges admiraba como personaje épico–, y el Sarmiento que abrió a todo un país las puertas de la educación. Junto a ellos, los protagonistas, sencillos o complicados, pero siempre entrañables, nos guían hasta el final.

Para quienes amamos la historia, este libro agrega un retazo más a esa manta de colores que es la gesta de nuestro inmenso país.

Mi otra propuesta, Secretos al Alba, es de Gabriela Exilart, abogada, docente y escritora, con varios premios en su haber y conocida por sus temas actuales y cargados de fuerte contenido social. Muchos habrán leído Napalpí, atrapada en el viento o Con el corazón al Sur.

Secretos al Alba tiene algunos personajes que ya aparecen en su libro anterior, En la arena de Gijón, y comienza a mediados de los años 50, justamente cuando la protagonista, María de la Paz, intenta descubrir quién es en realidad su padre, hecho que la desvela. Solo cuenta, en su búsqueda, con una nota de la época de la Guerra Civil que la llevará a través de la historia de varias familias que parecen confundirse una y otra vez.

Ese pasado elusivo, datos confusos, los diversos paisajes de una tierra que es, en parte, el ayer de su familia y el presente de la protagonista, con viejas ciudades y conventos como escenarios, poblados de seres que aún padecen los estigmas de la guerra entre hermanos.

Es una novela fuerte, de contrastes, una de las más atormentadas de Exilart, que conseguirá sacarnos de la rutina del encierro a través del drama que tan bien maneja esta marplatense leída en todo el país.

Sugerencias: 1) Tratar de conseguir Como las viñas, quizás en la plataforma digital ¿Loleo o no?, de Maco Zaldívar, hay algún dato; 2) Leer En la arena de Gijón, que ayudará a completar el rompecabezas de Secretos al Alba.

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