Conjuntivitis, el mal del verano: cómo evitar que se convierta en un problema para los más chicos

Usando antiparras nos protegemos de contagiarnos de conjuntivitis
Usando antiparras nos protegemos de contagiarnos de conjuntivitis

El sol, la pileta y la playa son tres factores por los cuales hay tantos casos de conjuntivitis en el verano.

La conjuntivitis es una inflamación de la membrana transparente que recubre el ojo, llamada conjuntiva. Es muy frecuente en niñas y niños, sobre todo durante los meses de verano. El ojo se pone rojo e inflamado, y suele picarles, molestar y arder, y también puede generarse un lagrimeo y secreción purulenta que les pegotea el ojo, sobre todo, al despertar. Si tus chicos presentan estos síntomas debés consultar con el médico oftalmólogo, ya que aunque las conjuntivitis virósicas leves pueden llegar a curarse solas, las moderadas a severas requieren tratamiento de apoyo y sintomático.

En el caso de los chicos, la exposición solar inadecuada también puede causar en forma aguda ojo seco e inflamaciones de la córnea, entre otras afecciones.

Algo muy importante: no debemos exponer al sol de manera directa a menores de un año. Y si los niños son mayores a esta edad, tenemos que evitar la exposición en horarios de alto riesgo, es decir, de 10 a 16 horas; y tratar de que jueguen en la sombra, recordando que tanto el agua como la arena reflejan los rayos solares, por lo cual es aconsejable usar un anteojo envolvente que cubra la totalidad del área ocular con un buen filtro para rayos UVB y UVA, así como el empleo de gorros o sombreros que los protejan del sol.

Para evitar la irritación en la pileta o en la playa es recomendable el uso de antiparras protectoras.

Generalmente el médico oftalmólogo indica un colirio o ungüento con antibióticos y, a veces (si hay mucha inflamación) también con corticoides para que el cuadro sea menos molesto y dure menos tiempo. Si hay alteración de la visión, o si ambos ojos están muy congestionados o con dolor es recomendable consultar de forma urgente al oftalmólogo. También si se trata de un lactante menor de 28 días, en cuyo caso hay que tomar medidas especiales.

Una persona que atraviesa una conjuntivitis debe mantener estrictas pautas de higiene: nunca compartir artículos personales como almohadas, paños, toallas, sábanas, gotas para los ojos, cosméticos y anteojos; no ingresar a piletas de uso colectivo; lavar sus manos a menudo con agua y jabón, y tratar de no tocarse los ojos y el rostro.

El tiempo de duración del cuadro puede variar entre una semana hasta un mes en casos graves. Si la conjuntivitis es alérgica, se resuelve cuando el irritante desaparece o es retirado del entorno del niño. Si el paciente concurre a piletas de natación, no debe retomar la actividad hasta el alta médica definitiva.

Cualquier persona que mire directamente al sol –aunque sea por un corto tiempo– sin tener la protección correcta, puede dañar la retina de forma permanente. La retinopatía solar es una entidad rara que consiste en una alteración macular producida por un mecanismo fotoquímico tras la exposición a radiaciones solares de forma intensa.

Los síntomas visuales más frecuentes son alteración de la agudeza visual y percepción de una zona de menor visión en el centro del campo visual. Sin importar la edad, cualquiera que mire directamente al sol puede lastimar su retina. Aunque los síntomas y las alteraciones maculares suelen ser reversibles, pueden quedar secuelas permanentes en la visión.

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