domingo 24 de enero de 2021

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Política

La grieta de la cuarentena: Marcelino y Emir, dos intendentes y dos visiones opuestas

Los jefes comunales de San Rafael y de Guaymallén son la muestra de que la pandemia no logró cerrar las divisiones en la Argentina y en Mendoza. Qué dice cada uno sobre estos seis meses de cuarentena en el país.

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El mapa, en estos tiempos de big data, es incuestionable. Muestra los cinco continentes con los países pintados en una gama de rojos que van del más claro al más oscuro. En este último extremo, con el rojo más bordó posible, aparece la Argentina. Primera en casos de coronavirus cada 100 mil habitantes en los últimos 14 días. Pasar a liderar este ranking mundial -elaborado por la Universidad John Hopkins (EEUU)- tras seis meses de durísima cuarentena es un cachetazo para un Gobierno que sostuvo todo este tiempo que el aislamiento obligatorio era la única solución para combatir el virus.

Entonces, ¿fracasó la larga cuarentena en la Argentina? En octubre, superará los 200 días, mientras el país aparece en otro ranking cuarto en cantidad de contagios y quinto en cantidad de muertos por Covid en las últimas dos semanas.

Viendo esto números, es decir con el “diario del lunes”, la resistencia a la cuarentena gana la partida aunque no cierra la grieta, porque hay quienes siguen respaldando el aislamiento y las restricciones a la libre circulación como la mejor opción para frenar al virus.

La mejor muestra de estas visiones contrapuestas sobre el combate a la pandemia la podemos encontrar en Mendoza a través de dos intendentes. De este lado, Emir Félix: peronista, del Sur y pro cuarentena. Del otro, Marcelio Iglesias: radical, del Gran Mendoza y anti cuarentena.

El sanrafaelino no tiene dudas: si hace seis meses no se hubiera confinado a la población, hoy estaríamos contando muertos de a miles, como Brasil. Por eso, la estrategia argentina fue exitosa. Pero para el jefe comunal de Guaymallén, la cuarentena “fracasó”. Dice que lo anticipó en abril y que por eso lo trataron de Bolsonaro.

Cuando le hablan de si es necesario abrir la provincia y su departamento, Emir piensa en los médicos, que “no tienen voz” en este debate porque están exhaustos atendiendo enfermos en los hospitales. A Marcelino no le hablen de volver a cerrar: “Hay que convivir con el virus” hasta que haya una vacuna, y eso -pronostica- no ocurrirá hasta dentro de un año al menos.

Félix mira como ejemplo a “Europa, los países del primer mundo” que según él están haciendo las cosas bien. Esto es, retrocediendo ante una segunda ola de contagios. Allí aparecen Gran Bretaña y sobre todo Alemania. El “modelo alemán” es el que el intendente quiere replicar con los “rastreadores del virus” que quiere multiplicar en San Rafael para ir a buscar la red de contagios de cada caso y así, frenar la propagación.

Iglesias mira a Buenos Aires, pero para cuestionar que en febrero “no se tomaron medidas en Ezeiza” a tiempo para evitar el ingreso del coronavirus al país. Ahora, para el intendente ya es tarde por lo que la cuarentena “se extendió innecesariamente” porque “un porcentaje de gente se va a infectar” igual.

El sanrafaelino insiste en que la cuarentena evitó muertes y mira la estadística: Argentina está por detrás de Brasil, México y Colombia en cantidad de fallecidos: “Cuántos muertos tendríamos hoy si no hubiera habido cuarentena”. Es decir, no hay que aflojar las medidas de aislamiento.

El de Guaymallén prefiere mirar la letalidad en el país, es decir la cifra de muertes por cantidad de infectados: “Es baja, por las conductas sociales (la gente consulta antes al médico) y porque el sistema de salud ha ido aprendiendo” sobre la enfermedad. Es decir, no es necesario seguir eternamente con el torniquete social.

En algo sí coinciden ambos: después de seis meses la gestión de las restricciones debe ser más inteligente, más flexible y menos generalista. “Hay que ser pragmáticos, ir abriendo y cerrando de acuerdo a la información que tenemos”, dice Emir. “Hay que hacer cierres selectivos, como el de este fin de semana”, aconseja Marcelino.

Pero hasta ahí llega el punto de encuentro. Porque después afloran los colores políticos. Félix le apunta al Gobierno provincial porque no da toda la información con la que -según él- deberían contar los intendentes para gestionar la pandemia en sus departamentos. Iglesias dispara contra el Gobierno nacional porque presionó a Mendoza para volver a Fase 1 y en las provincias donde le hicieron caso, la curva de contagios no bajó.

Emir se pelea con los empresarios turísticos que le piden que reabra el turismo interno en San Rafael. Marcelino se muestra caminando en el shopping de Guaymallén que él ayudó a que reabra.

El primero está preocupado, el segundo también. Y aunque cumplen el mismo rol en una misma provincia, parecen vivir en mundos separados. Algo que no extraña en un país donde la grieta política no se cerró con la pandemia. Y que tras seis meses de cuarentena, parece haberse profundizado.