La Argentina y sus libertades: en busca de una Nación que nos cobije

Bandera argentina
Bandera argentina

Nuestro país requiere de líderes transformacionales, no meramente transaccionales, que contribuyan a generar los cambios necesarios.

“Si una sociedad libre no es capaz de ayudar a los muchos que son pobres, será incapaz de salvar a los pocos que son ricos”. John Fitzgerald Kennedy (Discurso inaugural, 20 octubre 1961)

Pertenezco a una generación que no se desarrolló en un marco de libertades. Muy por el contrario, la posibilidad de pensar y expresarnos estuvo coaptada en nuestros primeros 30 años de vida. Y justo ese cercenamiento de nuestros derechos, se produjo –vaya contradicción- en nombre de la libertad. A partir de ese momento, comenzamos a convivir en el mismo territorio 2 expresiones cívicas, con 2 visiones del todo distintas, acerca de la necesidad de construir una Nación que nos cobije, que nos contenga.

Se han cumplido 205 años desde nuestra Declaración de la Independencia y aun discutimos entre nosotros –con acalorada pasión– conceptos como si fueran excluyentes y no pudiesen ser integrados armoniosamente en un todo integrador. Una de las expresiones se apoya en la defensa de la República y las libertades, supuestamente en peligro, mientras que la otra expresión hace hincapié en conceptos de soberanía y justicia social, que supuestamente con ellos, solo se pueden lograr.

Lo único real es que después de conquistar nuestra libertades políticas en 1983, se inicia el proceso de consolidación de nuestra democracia, que nos permitió y nos permite expresarnos con absoluta libertad. Pero es real también, que el uso que hicimos de esas libertades políticas, no logró construir un modelo de país que nos cobije. Cualquier indicador económico-social desde 1983 hasta ahora, demuestra que en educación, crecimiento, pobreza, salud, integración económica, funcionamiento del Estado y solvencia de nuestra moneda, estamos en un grado de deterioro que necesitamos interrumpir.

Amartya Senn, indio, Premio Nobel de Economía 1998, en su libro Desarrollo y Libertad establece el concepto de libertad individual como un compromiso social. La libertad no es solamente un fin, sino también un medio para ayudar a procurarla a aquellos que no la poseen.

Asocia el concepto de Desarrollo con el concepto de Libertad, en que la pobreza y la carencia de oportunidades económicas, son vistas como obstáculos en el ejercicio de libertades fundamentales. El individuo posee libertad real si tiene la capacidad necesaria para alcanzar aquello que valora. Los que están en el 43% de pobreza en nuestro país, ¿qué grado de libertad económica poseen? ¿Pueden educar a sus hijos? ¿Pueden decidir libremente donde trabajar? ¿Como insertarse en el aparato productivo? ¿Pueden alcanzar sus sueños?

Y esto pone el foco nuevamente en la dicotomía que nos separa a los argentinos desde hace años. ¿Quién ayuda a solucionar esto? ¿El Estado o el Mercado? ¿Es cierta esta contradicción? ¿O solo es fruto de incapacidades y/o intereses de uno y otro sector que la sostienen, mientras que la Argentina decae año tras año?

En todos los países que nos encanta tomar como referencias, tanto anglosajones como europeos, el Estado y el Mercado han actuado y funcionado en forma sinérgica fortaleciendo y teniendo como objetivo el desarrollo de sus respectivas naciones.

En 1992, Michel Albert escribió Capitalismo vs. Capitalismo, libro que se transformó en un clásico, para entender hacia que modelo capitalista avanzaría el mundo, luego de la caída del muro de Berlín en 1989. Si el Modelo Anglosajón o el Renano. El rol del Estado y el nivel y rol de los impuestos a la riqueza ocupaba uno de los aspectos centrales de esa visión.

En la Argentina democrática surgida en 1983 abrazamos ambas visiones del capitalismo, según el presidente de turno, pero no logramos configurar un modelo de crecimiento y desarrollo. ¿Por qué? Porque no logramos hacer funcionar los mercados para favorecer la producción y el trabajo. Ni logramos hacer funcionar el Estado para lograr mayores grados de libertad en los sectores de menores recursos. Y aquí estamos. La agenda internacional post covid incluye ahora nuevos desafíos.

En el aspecto económico, alcanzar el Desarrollo, es fruto del crecimiento económico, la inclusión social y la protección del Medio Ambiente. Para lograr esto se necesita una fuerte y eficaz presencia de los Estados y un correcto funcionamiento de los mercados. Argentina se halla aún en un estado primario. No somos un país normal. Logramos recuperar nuestras libertades políticas, pero no logramos hacer funcionar nuestra economía.

Creo que el problema es también generacional. Nuestra clase política vive atada a conceptos del pasado. Que repite como mantras de manera mecánica. Está atada a condicionamientos. No ha logrado incorporar las nuevas realidades para configurar una Nación que nos contenga. No es un problema de edad. Es un problema de poseer una mente abierta a las nuevos escenarios. A las nuevas necesidades y a los nuevos desafíos.

En consecuencia, nuestro país requiere de Líderes Transformacionales, no meramente Transaccionales. Que contribuyan a generar, instrumentar y administrar los cambios que se requieren. Líderes que contribuyan a lograr un fuerte apretón de manos sinérgico, entre la mano invisible que autoregula decisiones de inversión en los mercados y la mano visible del Estado que contribuye a favorecer niveles de competitividad y productividad crecientes, pero salvaguardando los aspectos de equidad y generación de oportunidades para fortalecer la movilidad social.

Esta es la tarea. No hay otra.

*El autor es economista

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