La “nueva” política de José Luis Ramón y el teorema de las terceras fuerzas

José Luis Ramón. (Archivo/Télam)
José Luis Ramón. (Archivo/Télam)

Kirchner decía que los mendocinos eran los políticos que más autonomía proclamaban en su provincia pero quienes menos la practicaban cuando llegaban a la Capital. El caso de Protectora y el diputado nacional.

En los inicios de 2003, poco antes de que fuera nombrado candidato oficial a la presidencia, visitó la provincia de Mendoza Néstor Kirchner, quien se estaba postulando pero aún con escasísimas posibilidades, casi, casi como una patriada personal. Lo acompañaba sólo Carlos Abihaggle y no tenía mucho más apoyo local. Nadie imaginaba que ante el descarte de De la Sota y Reutemann, él resultaría convocado poco tiempo después, ni siquiera se lo imaginaba él mismo.

En ese momento en Los Andes le hicimos una entrevista a Kirchner donde dijo muchas cosas importantes, pero a nuestros fines lo esencial que sostuvo fue que, según él, los mendocinos eran poseedores de la clase política más cultivada del país pero que tenía un defecto enorme: cada vez que uno de sus miembros llegaba a Buenos Aires, se arrodillaba ante el poder central cegado por las luces de Buenos Aires y los mullidos colchones del poder. Para él no había prácticamente ninguna excepción, ni siquiera los mejores. Según ese Kirchner precandidato presidencial, los mendocinos eran los políticos que más autonomía proclamaban en su provincia pero quienes menos la practicaban cuando llegaban a la Capital.

Recordar esta anécdota viene a cuento de la rápida nacionalización que está protagonizando el diputado José Luis Ramón, quien hoy fue tapa de los principales diarios nacionales por haber sido vital su voto para los inicios de las tratativas de imponer legislativamente una nueva ley del Ministerio Público Fiscal que le quita la mayoría especial para nombrar Procurador. Una clarísima expresión antirrepublicana totalmente contraria al espíritu que la reforma constitucional de 1994 tuvo para designar a ese órgano institucional como extrapoder, vale decir no dependiente de ninguno de los tres poderes del Estado.

Con la modificación ese espíritu desaparece y el jefe de los fiscales en vez de ser nombrado por amplio consenso, podrá serlo con el solo voto de la facción oficialista. O sea, una ley que no se comprende cómo alguien que no sea del oficialismo actual pueda votar por “convicciones”, ya que el único objetivo de introducir este debate inútil en medio del peor momento de la pandemia es el de ayudar a lograr que las causas judiciales contra Cristina Kirchner y su familia se vayan cerrando con jueces y fiscales militantes, incluido el Procurador.

Pero el caso de José Luis Ramón va más allá del apoyo que él brinda con su voto para que esta barbaridad se consiga. Ramón es una expresión acabada de lo que está ocurriendo con las terceras fuerzas que desde hace varios años surgen por doquier en Mendoza para tratar de ocupar el gran espacio que antes de su decadencia y división ocupaba el tradicional Partido Demócrata (PD). Algo que hasta ahora nunca se pudo lograr no porque muchos no contaran con el apoyo del pueblo mendocino para intentarlo, sino porque apenas llegaron a ocupar algunos cargos, esas nuevas terceras fuerzas se dividieron de inmediato en infinita cantidad de pedacitos. Demostrando que a veces la nueva política es bastante peor que la “vieja política”.

Apenas empezó a transitar el camino político, José Luis Ramón, que venía de la militancia social, reunió un interesante grupo de personas que motivaron el apoyo electoral de una buena porción de la población, por el entusiasmo y la novedad con que militaban sus ideas. Fue en ese momento que le preguntamos a Ramón qué garantía nos ofrecía de que ellos no se dividirían como todos sus antecesores. Él aseguró que esta vez sería distinto porque ellos eran nuevos en serio pero tenían amplia militancia previa en lo social; venían entonces a perfeccionar las prácticas políticas.

Dos años después ya se habían dividido como todas las terceras fuerzas anteriores, pero siguieron insistiendo. Esta vez le preguntamos por qué se dividieron. La nueva respuesta fue que siempre hay una mala espina pero que habían quedado los mejores, y juró que ya no se dividirían más. Pero a los pocos meses se dividieron de nuevo, incluso el mejor amigo de Ramón dijo y sigue diciendo cosas irreproducibles de él. O sea, la nueva tradición se requeteconfirmó: toda fuerza nueva en la política mendocina es divisible al infinito, prometa lo que prometa. Ya casi parece un teorema. Y como decía Carlos Marx, cuando la historia se repite, lo que la primera vez fue tragedia, las reiteraciones devienen comedias o farsas.

Una pena porque el pluralismo democrático mendocino se fortalecería con nuevas opciones políticas aparte de las dos tradicionales. Pero parece que alguna enfermedad impide concretar ese objetivo a los nuevos llegados a nuestra elite: primero porque cuando se juntan allí nomás se dividen, y segundo porque cuando se van a Buenos Aires, allí nomás se marean.

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