Análisis: 20 años después, ¿vuelve el voto bronca para las elecciones 2021?

Año 2001, cuando nación el "Que se vayan todos"
Año 2001, cuando nación el "Que se vayan todos"

Las últimas encuestas muestran cómo crece el enojo de la gente con la clase política, a ambos lados de la grieta. Un deja vú del “que se vayan todos” prende la alarma en los partidos mientras se reacomodan algunas fichas hacia la derecha del arco político.

En 2015, Mauricio Macri llegó a la presidencia por el hartazgo de gran parte de la sociedad con los 12 años de gobiernos kirchneristas. En 2019, Alberto Fernández ganó las elecciones por la desilusión de muchos de los que los habían votado a Macri. Si simplificamos esos cuatro años que mediaron entre una elección y otra, podemos decir que Macri ganó por el rechazo a los K y Fernández, por la aversión a los M. Una bipolaridad del voto que debería estudiarse en las academias de ciencia política de todo el mundo.

Por supuesto, en el medio de esta simplificación hay matices y factores mucho más complejos que explican cómo la Argentina parece fracasar continuamente con las decisiones que toma, que la han encerrado en un círculo de tropiezos con la misma piedra hace casi cuatro décadas, tras el regreso democrático.

El mejor ejemplo de esto es que, a 20 años del “que se vayan todos”, el país parece encaminado otra vez a un voto bronca contra la clase política. Así lo muestran las últimas encuestas que monitorean el ánimo ciudadano tras seis meses de cuarentena y nueve meses de gobierno F (o más bien K “reloaded”).

La sensación palpable es que en la opinión pública no partidizada, la que en 2015 votó a Macri y en 2019 a Fernández, crece el enojo con ambas expresiones políticas. Y éstas, a la par, profundizan la grieta empoderando a sus extremos, esos que se encolumnan detrás de Macri y de Cristina, no casualmente los dirigentes peor valorados en las mismas encuestas.

Según un sondeo de setiembre de la consultora Zuban Córdoba, hay un 27% del electorado que no se siente identificado con ningún espacio político. El resto, en mayor o medida se inclina por el peronismo/kirchnerismo o Cambiemos/radicalismo. Esos casi tres de cada diez votantes que hoy no eligen a nadie es la señal de alarma que se prende en los partidos políticos cuando falta un año para las elecciones legislativas. Y nada indica que esa porción significativa de ciudadanos se vaya a reducir, sino todo lo contrario: amenaza con seguir creciendo ante políticas impopulares impulsadas desde el Gobierno como el súper cepo, la pelea con la Justicia y la cuarentena eterna.

La encuesta también revela que desde que comenzó la cuarentena, la gente siente que los argentinos estamos más desunidos y el 85% opina que la responsabilidad la tienen “los políticos en general”. Es decir, no el Presidente, tampoco la oposición, sino todos por igual. De ahí al voto bronca hay muy pocos pasos.

Según otro sondeo, de Poliarquía, la gente cree que el año que viene vamos a estar peor que en este; ese pesimismo creció en solo dos meses del 30% al 50%, otra explicación de por qué los consulados se están llenando de consultas de argentinos buscando emigrar. Cualquier semejanza con 2001 no es pura coincidencia.

En este río revuelto, los pescadores que parecen estar ganando son los sectores más vinculados con el ala derecha de la política, una expresión que después de la tragedia de los ’70 y, sobre todo, del genocidio de la dictadura militar, no pudo recuperarse nunca en materia electoral.

Pero ahora, mientras la bronca crece por igual con kirchnerismo y macrismo, los dos extremos de la grieta, referentes de expresiones liberales y ultraliberales como López Murphy, Espert y Milei empiezan a crecer como opción. Un fenómeno opuesto, pero a la vez similar, del que permitió en el gobierno de Macri el resurgir de la izquierda con los Del Caño, Bregman y Del Plá.

En esta tendencia se inscriben algunos reacomodamientos políticos que se están produciendo en Mendoza para captar ese voto bronca que parece venir. La ruptura interna de Protectora fue el primer efecto, con Mario Vadillo alejándose del cada vez más K José Luis Ramón y delineando un nuevo partido que se llamará Ciudadanos por Mendoza. Los últimos días, en tanto, se acordó la formación de una nueva opción de centro-derecha bautizada Fuerza Ciudadana, de la mano de dirigentes como Sergio Miranda y Josefina Canale. La apelación en ambos al vocablo “ciudadano” es la mejor muestra de la necesidad que se percibe de acercar nuevamente la política a la gente.

Pero es el Mendoexit, ese movimiento de indignados que asoma desde las redes sociales aunque aún minoritario, la mejor expresión del divorcio ciudadano con sus representantes. El éxito o no de esta propuesta que impulsa una mayor autonomía de Mendoza de las decisiones de la Nación, es lo que indicará si 2021 se transformará en un deja vú de 2001. En un tropiezo con la misma piedra y en el enésimo giro de la Argentina por una rueda que lleva décadas dando vueltas sobre sí misma y sin avanzar a ningún lado.

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