Viaje en el tiempo del viejo Hospital Civit al moderno Notti

Viaje en el tiempo del viejo Hospital Civit al moderno Notti
Hospital pediátrico Humberto Notti. Archivo Los Andes

Aprendimos a sentir las alegrías de los padres de los pequeños recuperados y también a sentir la emoción, pena y embarazo de lo que nunca aprendimos a comunicar: la muerte.

El Civit, el hospital origen, el del Parque y su “personalidad”: lo primero que recuerdo en la bruma del tiempo son los pequeños llevados con paraguas a tomar radiografías a una cuadra de casi todos los pabellones.

Había jardines sí, pero no era un hospital funcional. Conceptos antiguos de la medicina hasta en la edificación de vetustos pabellones separados por calles.

Todos los principios son difíciles y llenos de anécdotas, tragedias, alegrías en medio de lo que había. Pabellones para lactantes, niños mayores, maternidad, cirugía, salas para adultos. No era un hospital de niños.

En esa estructura disfuncional se creó la primera terapia intensiva en lo que fue la Sala 14 de lactantes que en un principio dirigió mi padre, José Lentini.

Hicimos “lugar” en un sector de cuatro metros por veinte y allí entraron seis camas de Terapia, y las primeras donaciones de la Fundación Gillette: un respirador, un aparato de rayos portátil, algunos monitores y un aparato para medir gases en sangre imprescindible para aplicar los (el único) respirador.

De inmediato surge la pregunta: ¿un solo respirador al principio? Sí…así fue y así sufrimos ante la elección inevitable hasta que llegaron más.

Eñ viejo hospital Emilio Civit se transformó en un "museo de la fotografía". Archivo Los Andes

No fue rápido. Es historia de muchas tragedias.

En el Notti todo esto fue superado.

Tuvimos que aprender, algunos teníamos experiencia en otras terapias. Yo en Chile.

Así poco a poco empezó la lenta marcha de la primera UTI mendocina para niños.

Fuimos mejorando es cierto pero también sufriendo.

Aprendimos a sentir las alegrías de los padres de los pequeños recuperados y también a sentir la emoción, pena y embarazo de lo que nunca aprendimos a comunicar: la muerte.

Aprendimos a usar sabiamente los respiradores, hicimos algunos primeros diagnósticos en Argentina como fue el botulismo de los lactantes, se hizo la primera diálisis peritoneal, los enfermeros y enfermeras aprendieron a encontrar las pequeñas venas colapsadas.

Por suerte estábamos en una sala de lactantes y ese difícil arte no fue difícil. Catéteres, bombas de infusión, más respiradores, nuevos monitores aparecieron poco a poco.

Toda la parafernalia de aparatos lentamente se desarrolló y ya en el Notti todo fue modernidad.

Había, eso sí, una atmósfera de camaradería, necesaria ante tanto sufrimiento.

Recuerdo que veía desde mi ventana, los “parteros” comiendo un asado a las llamas en los jardines, también recuerdo nuestro “dormitorio” de tres metros por dos donde escasamente cabía una cama y televisor. Éramos siete. Cuando se iba alguien de licencia los otros se recargaban.

No fue una vida fácil. Algunos pedimos salir después de un tiempo. El estrés mata…

Aún hay una placa en el Notti cerca de la Terapia actual con los siete “fundadores”.

Al cabo de los años, la satisfacción de lo hecho, la pena de los perdidos, la alegría de los salvados.

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