Una muralla verde

Muralla verde de África
Muralla verde de África

Desde Senegal, la Muralla Verde se extiende por Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níeger, Nigeria, Chad, Sudan, Eriopía, Eritrea y Dibouti.

La conferencia de jefes de gobierno celebrada en Glasgow sobre los problemas ambientales que están causando el calentamiento global no ha dado los resultados en acciones concretas que muchos esperaban.

Algunos jefes de Estado, como los presidentes de China y de Rusia -los mayores contaminantes con los Estados Unidos- ni siquiera concurrieron.

Otros, como el gobierno australiano anuncia un plazo de 40 años para eliminar el carbón como fuente energética.

El presidente Biden al asumir su mandato reincorporó a los Estados Unidos al Acuerdo de París, abandonado por su antecesor, quien negaba el problema del calentamiento global y colocó al frente de la Agencia Ambiental a personas vinculadas a la industria del carbón. Biden impulsa una transformación acelerada de la matriz energética para obtener resultados en la agenda ambiental pero debe superar los obstáculos de los intereses carboníferos.

Además del proceso de cambios en la matriz energética y en las tecnologías productivas, hay otras acciones, como la conservación de bosques o la replantación de ellos.

En África, donde el avance del desierto del Sahara sobre el Sahel, la región de transición entre el Sahara y la sabana, ha provocado sequías, carencias alimenticias para los pobladores y una fuerte emigración hacia Europa afrontando toda clase de peligros y peripecias, desde hace 14 años han tomado acciones concretas para frenar el desierto y recuperar el medio ambiente.

Desde el Atlántico al Índico, en una extensión de ocho mil kilómetros y un ancho de quince kilómetros, unas ciento veinte millones de hectáreas, se ha encarado un programa de forestación para recuperar el hábitat y combatir el cambio climático.

Desde Senegal, la Muralla Verde se extiende por Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Sudan, Eriopía, Eritrea y Dibouti.

Se estima que este programa requerirá para completarse en el 2030, la inversión de cuarenta mil millones de dólares. Hasta ahora ha recibido aportes internacionales públicos y privados por un monto de catorce mil millones.

En Glasgow la intervención del heredero a la Corona del Reino Unido, el príncipe Carlos, cuyo compromiso con el medio ambiente lo ha acompaña desde su juventud, logró una donación de ochocientos millones de dólares de Jeff Bezos para el proyecto de forestación africano.

Muchos obstáculos, no sólo de financiación, ha soportado el plan. Guerras civiles y tribales, bandas terroristas, golpes de Estado, han conspirado y causado demoras en un plan esencial para recuperar áreas productivas que aseguren la subsistencia de las poblaciones y eviten las caravanas de migrantes desesperados hacia la cuenda mediterránea.

En nuestro país, el doctor Guillermo Laura propuso en un trabajo premiado por la Academia de Ingeniería a fines de los sesenta formar un cinturón verde rodeando el área metropolitana de Buenos Aires, con diez millones de árboles. Esta iniciativa tomó impuso en 1977 cuando el mismo Laura consiguió poner en marcha el Cinturón Ecológico, pero como tantas iniciativas fecundas en este país otra vez ocurrió la no continuidad; es el resultado de gobiernos que solo piensan en el día a día incapaces de ampliar sus miradas y perspectivas.

El mismo Dr Guillermo Laura en su propuesta de construir un sistema vial de más de 10 mil kilómetros de autopistas interurbanas en el territorio nacional, agregó la plantación de 10 millones de árboles linderos a la traza.

Sabemos de la ineptitud de los gobiernos para concretar esa red de autopistas, pero por lo menos se podría avanzar en esas plantaciones. Por otra parte sería una tarea para las personas que reciben planes sin contraprestación laboral.

Mendoza tiene una tradición iniciada por el general San Martín cuando ordenó plantar la Alameda, el primer paseo público de la ciudad. El arbolado se fue extendiendo a la vera de los carriles, de los canales de riego y alrededor de las fincas agrícolas. También se implantaron bosques como explotaciones comerciales.

Sin embargo en los últimos años, tanto en las zonas urbanas, como en las fincas, hay un descuido en cuidar y ampliar la superficie forestal del territorio provincial y lo mismo ocurre con las plantaciones para uso comercial.

La explotación de bosques, es una alternativa para zonas con climas adversos a la producción agrícola, y posibilita, además de ser una alternativa de inversión, contribuir a la mejora del medio ambiente provincial. Se impone encarar acciones concretas en estos temas.

*El autor es miembro de número de la Academia Nacional de la Historia y de la Academia de Historia Militar.

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