Un “Bolsonaro marxista” en Perú

Pedro Castillo, candidato presidencial en Perú. / Archivo
Pedro Castillo, candidato presidencial en Perú. / Archivo

Pedro Castillo puso de primer ministro a Guido Bellido, un marxista homofóbico y misógino, un suerte de Bolsonaro ultraizquierdista.

La colina del Transtévere se llama Janícula por la deidad mitológica romana. Su efigie tiene dos rostros mirando en direcciones opuestas. Y si bien para la antigua Roma Jano era el dios de los comienzos y finales, su imagen recorrió la historia como metáfora de lo contradictorio, los polos opuestos que pujan en un mismo cuerpo.

Jano deambuló en el hemiciclo del parlamento peruano. Lo reveló un hecho sin precedentes ni lógica: Pedro Castillo asumió la presidencia sin tener armado un gabinete de ministros. O sea, inició su gestión presidencial sin contar con un gobierno.

La explicación estaba en las dos caras contrapuestas de su llegada al cargo. Uno de los dos rostros antagónicos representa la izquierda dura, el otro representa el centro. Y el polo opuesto a un extremo ideológico no es el otro extremo, sino el centro.

Castillo llegó por el aporte que le hicieron dos hombres que son sus respectivas contracaras. Vladimir Cerrón, líder del partido marxista-leninista Perú Libre, le dio la candidatura sin la cual no habría podido competir por la presidencia. Y el economista socialdemócrata Pedro Francke le permitió ganarla, al sumarse a la campaña para la segunda vuelta asumiendo un rol protagónico sin el cual el candidato de Perú Libre no se habría impuesto en el ballotage.

Al anunciar que sería el ministro de Economía, fue Francke quien se convirtió en la garantía de que no habría deriva populista ni experimentos ideológicos extremos. Desde que ocupó el centro del escenario puso a Castillo a repetir como disco rayado “no somos comunistas, no somos chavistas, no habrá expropiaciones, no habrá control de cambio…”.

Si Francke no hubiera generado en la campaña por el ballotage ese giro abrupto respecto a lo planteado en la campaña por la primera vuelta, los votos centristas que definieron la elección no se habrían volcado a favor del candidato de un partido marxista cuyo líder, y ex gobernador del Departamento de Junín, no podía postularse por tener una condena por corrupción.

Muchos partidarios del centro, la centroizquierda y la centroderecha sienten aversión por el apellido Fujimori, pero no quieren un gobierno filo-chavista que aplique políticas como las que destruyeron la economía venezolana. Fue Francke quien con su presencia, el pedido a Julio Valverde de que continúe al frente del Banco Central y los lineamientos económicos que estableció, trajo calma a los mercados y convenció al centro político de que no habría riesgos con Castillo.

El economista que posibilitó al maestro de Cajamarca ganar la segunda vuelta es la contracara de Vladimir Cerrón, el líder marxista que le dio la candidatura sin la cual no habría podido inscribirse en la competencia presidencial.

Desde que se conoció el resultado del ballotage, Cerrón y Francke pujaron por aferrar el timón y fijar el rumbo de la nave. Cuando llegó el día de la asunción, todavía no había un vencedor. Por eso no había gabinete de ministros. Pero el viernes amaneció con un vencedor y un vencido. La designación de Guido Bellido como primer ministro dejó vacante el Ministerio de Economía. Francke  se había ido derrotado.

Castillo es una prueba de que el izquierdismo puede ser conservador, porque se opone al aborto y al matrimonio igualitario mientras propicia el servicio militar y la deportación de extranjeros que delincan. Y Bellido es una prueba de que el marxismo puede ser reaccionario en materia de homofobia y misoginia. El primer ministro es una suerte de Bolsonaro ultraizquierdista.

El recalcitrante ultraderechista que gobierna Brasil ha dicho bestialidades contra los homosexuales y las mujeres, y el marxista que se convirtió en primer ministro de Perú tiene la misma incontinencia barbárica, además de otros aspectos impresentables como defender a Sendero Luminoso, ese equivalente peruano de la demencial y sanguinaria Khemer Rouge, guerrilla que perpetró un genocidio en Camboya.

”El hombre nuevo no puede ser un maricón” y “la revolución no necesita peluqueros”, ha dicho Bellido, quien también suele citar el discurso de 1963 en el que Fidel Castro calificó a la homosexualidad de  “degeneración” que “el socialismo no puede permitir”.Además denunció la existencia de un “lobby gay”, dijo que la aceptación de la diversidad sexual “nos hará campeones en maricones” y afirmó que “la mujer es destructiva y despiadada por sus rencores y egoísmos”.

Cerrón había intentado poner de primer ministro a Roger Najar, marxista como él y acusado de violar una niña de 14 años, embarazarla y no hacerse cargo del hijo. Después impulsó el nombramiento del “Bolsonaro marxista”. Lograrlo fue su triunfo sobre Francke.

Habían pasado 24 horas y un derrumbe catastrófico de los indicadores financieros, cuando convencieron a Francke de asumir como ministro de Finanzas. Pero si el economista socialdemócrata queda aislado en el gobierno y no maneja el rumbo económico, Castillo habrá estafado a los votantes que le dieron el triunfo en el ballotage. De momento, lo que muestra el gabinete es una efigie con un solo rostro, el de Cerrón, en la Janícula del poder peruano.

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