Trabajadores de viña y un monumento para Mendoza

Viñatero mendocino. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Viñatero mendocino. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Es de imperiosa urgencia que los trabajadores y trabajadoras de viña sean representados mediante un bien cultural y sean protegidos en su debida forma mediante la correspondiente declaración y realización efectiva por la provincia.

La geografía se modela con las manos; las montañas, la tierra y los ríos con su gente. Las ciudades son pinturas que trazan sus habitantes. Los trabajadores y trabajadoras de la tierra crean cultura y son artistas en el oasis.

Mendoza tiene una gran deuda con los hombres y mujeres de la viña. No solo en su reconocimiento como trabajadores y trabajadores con la compensación justa por sus tareas, sino también en el recupero de su dignidad como artífices de un pueblo.

Existen monumentos históricos, declaraciones de interés en la provincia en relación a bienes muebles e inmuebles, bodegas, bodegueros, existen los caminos del vino, recorridos, y menciones en lugares históricos con referencia a los varietales, pero poco y nada sobre quienes ponen las horas fuera de casa, de su familia, las horas de su vida para trabajar la tierra, para trabajar la viña. Sin ellos y ellas, nada de lo demás existiría.

Es momento que las postales que tanto atraen a los turistas, la del trabajador en la viña con su tacho y la montaña atrás deje de ser un patrimonio intangible para los habitantes, y pueda ser gozada por su pueblo, por quienes son autores del paisaje.

Reconocer a dichas personas mediante un monumento que los represente es de suma importancia.

Los monumentos deben ser creados para ser disfrutados por sus habitantes, para realzar de alguna forma su dignidad; que al pasar por los pies del mismo, los hijos e hijas puedan decir que sus padres y madres tienen una escultura, que fueron y son constructores de una ciudad, que sean visibilizados, reconocidos y colocados en el lugar que se merecen.

En Mendoza se elaboran alrededor de 1.325.582.247 kilogramos de uva. Existen casi mil bodegas y fábricas de vino. Mendoza concentra el 56% de los trabajadores de viña del país. En la provincia hay 16 mil obreros registrados, que se concentran en la Zona Este (San Martín y Rivadavia, especialmente), en Luján de Cuyo, Maipú y San Rafael además de una gran cantidad de trabajadoras y trabajadores que quedan aún sin registrar.

Es de imperiosa urgencia que los trabajadores y trabajadoras de viña sean representados mediante un bien cultural y sean protegidos en su debida forma mediante la correspondiente declaración y realización efectiva por la provincia.

Que tengan su obra, nuestra obra que por su interés y valor gocen de una protección jurídica específica recogida en la ley para su preservación, enriquecimiento y exhibición.

Monumentos al trabajador y trabajadora de viñas debieran encontrarse en los municipios de la provincia, principalmente en San Martin, Rivadavia, Lujan, Maipú y San Rafael.

A ellos y a todos los demás municipios que quieran sumarse a la iniciativa está dirigida esta propuesta.

Se enviará un proyecto a cada uno de ellos reconociendo sus particularidades para posibilitar su concreción.

En la provincia, proponemos que sea reemplazado el Cóndor, hoy destruido, por la figura del trabajador y trabajadora de la viña.

No se desconoce el valor de la figura del cóndor andino en nuestra provincia, ni la tarea del gran artista español Juan José Cardona, pero creemos firmemente que el pueblo de Mendoza y su gente deben tener en el ingreso a la Ciudad su monumento, que al pasar se sientan orgullosos y orgullosas de su esfuerzo.

El fundamente de porqué el Cóndor está situado en el acceso a la ciudad, es producto de varios hechos fortuitos y poco sentidos. Cardona lo construyó a principios de los años ‘30 para señalizar el camino sanmartiniano (hoy la ruta nacional 7). La idea era revalorizar Canota, Picheuta y Punta de Vacas pero llego la crisis de 1943 y todo se interrumpió. Se construyó el monumento a Canota y el mismo estaría coronado por dos cóndores de bronce en los extremos. Ambas figuras nunca fueron fundidas ya que el Gobierno provincial no contó con los fondos necesarios. Uno de esos cóndores fue guardado en la Dirección de Vialidad hasta que se recuperó en 1957 y se emplazó en la Avenida de Acceso a 200 metros al Oeste del actual, y en 1977 ocupó el lugar actual al inaugurarse el nudo de enlace con el Acceso Sur, ya que entorpecía la nueva obra vial de aquel momento

Hoy el monumento se encuentra destruido, y entendemos que es el mejor momento histórico para darle a los mendocinos y mendocinas una obra que realmente represente el corazón del pueblo, el alma de la ciudad, que revalorice a las personas que trabajaron y trabajan día a día para hacer de esta provincia lo que realmente es.

Será un monumento de Mendoza, pero también lo será de todos y todas.

*Miguel Montaña es ex secretario general Soeva San Martín y Alfredo Elías Marón es abogado laboralista.

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