¡Tantos siglos de civilización y no aprendimos a abrazarnos!

El Papa Francisco habló sobre su posible renuncia (AP).
El Papa Francisco habló sobre su posible renuncia (AP).

Querría agregar una solicitud al actual Sumo Pontífice Francisco, para que analice la posibilidad de una eventual visita a la Argentina, la que ayudaría, entre tantas otras cosas, a lograr una convivencia más armónica entre los argentinos. Y también a guiarlos por un sistema de valores.

Argumentaba el escritor Henry Thomas que 40 millones de años fueron necesarios para que el mono se transformara en mono-hombre.

Otros 3 mil años transcurrieron para que este aprendiera a levantar la cabeza y se sostuviese en sus 2 pies. Y 50 mil años más tarde se pudo descubrir el hierro.

Sus métodos de matar se hicieron más terribles.

Siglos después se inventaba la dinamita y posteriormente el aeroplano.

Ya el progreso no se detendría.

Aunque hubo retrocesos.

Las guerras por ejemplo, en las que no hay soldados sin heridas, y la primera víctima es la piedad, y donde la crueldad es casi un deber.

Pero también nacen hombres que hicieron el bien por necesidad vital, como Buda que nace en la India –hoy Nepal- en el año 560 de la era anterior.

Buda significa en sanscrito “El Iluminado”.

Y sólo 9 años después nace en China Kung-Fu denominado Confucio, derivado su nombre del latín.

Confucio no fue un dios, ni fundó ninguna religión, pero despertó tal veneración que se lo homenajea como tal.

Cinco siglos después llega Jesús de Nazaret.

Conclusión. La vida es un gran desierto, pero existen oasis.

En 1881 nacía en Bérgamo Italia, Ángel José Roncalli –Juan XXIII- un ser que nos reconcilia con la especie humana: de fina sensibilidad –y “el hombre vale por lo que le hiere”-.

En 1962, moriría meses después, hizo reunir un Concilio Ecuménico.

En sus sólo 5 años de apostolado la Iglesia avanzó siglos en el aspecto humanitario.

Una de sus frases “debemos acercarnos a aquellos que sin profesar la fe cristiana, poseen también la luz de la razón y la rectitud”.

Y querría agregar una solicitud al actual Sumo Pontífice Francisco, para que analice la posibilidad de una eventual visita a la Argentina.

Sus valientes declaraciones en pro de el acercamiento entre los hombres de diferentes convicciones religiosas, me ratifica que comprende, que la mejor forma de respetar a Dios, es respetar a todos sus hijos.

Francisco representa a 1.200 millones de fieles.

Y si bien no ignora que las palabras, suelen ser gotas de agua en el mar, entiende que el mar se forma de gotas.

Una prueba de su humanismo, la brindó recientemente.

Un cisma en el año 1054, separó hasta hoy, al Vaticano de la Iglesia Ortodoxa rusa.

Es posible que la reunión de Francisco del 12 de febrero, con el Patriarca ruso Kirill, derribe ese muro de incomprensión milenario.

Considero que la visita del Papa argentino a nuestro país, contribuiría a saldar una vieja deuda de la democracia con nuestra sociedad, en cuanto a mejorar la educación de nuestros conciudadanos, para dejar atrás el desvalor y superar la anomia.

Restablecería el respeto de los alumnos a los docentes, a no aterrorizarnos leyendo de mujeres quemadas por sus parejas, o golpeadas o sometidas.

Y sobre todo, a lograr una convivencia más armónica entre los argentinos.

Y también a guiarlos por un sistema de valores.

El Papa, cabeza de una religión, se sumaría a otros líderes de diferentes convicciones religiosas

Abriría las puertas de sus creencias, como Francisco lo está logrando.

Y se cumplirá uno de los pilares básicos del cristianismo, porque

cuando las religiones separan hombres, se alejan de Dios.

*El autor es escritor argentino

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