Sin “diálogo institucional”, cada uno en su juego

Elecciones en la UnCuyo. Foto: Mariana Villa / Los Andes
Elecciones en la UnCuyo. Foto: Mariana Villa / Los Andes

Hay referentes de la UCR que le atribuyen a cierto relajamiento dirigencial el sofocón que sufrió el oficialismo universitario para retener el rectorado. Es que la UNCuyo está considerada un buen “semillero” político para los partidos.

Según el justicialismo mendocino, en la provincia el diálogo institucional se encuentra “quebrado”. ¿Las causas de esa fractura? La relación oficialismo-oposición nunca fue la mejor, pero ahora en gran medida el choque es parte de los efectos del caso Bonarrico, fundamentalmente por la negativa del Gobierno para que el ministro Víctor Ibáñez concurra a la Legislatura a exponer sobre la controversia por la abortada ayuda monetaria a la organización social que lidera el pastor evangélico y ex socio político de Cambia Mendoza.

Ese quiebre que denuncia el PJ no debería tener más efectos que los ya conocidos. El oficialismo tiene una composición legislativa cómoda que le permite sortear votaciones sin inconvenientes, salvo cuando se requiere una mayoría especial. Y el Frente de Todos, que polariza con Cambia Mendoza, sabe que sus enojos contra el Ejecutivo difícilmente queden reflejados en disposiciones que surjan de sus bancas.

Será cuestión de ver si con el paso del tiempo ese ánimo de quiebre cede ante necesidades políticas que siempre suelen aparecer.

Pasando al plano partidario, hay que reconocer que en estos momentos el justicialismo mendocino no es una opción de poder. Por lo tanto, le resulta difícil aprovechar eventuales errores del gobierno de Suárez para ganar puntos con relativa facilidad pensando en el próximo ciclo electoral.

Sin embargo, sí parecen estar convencidos en el PJ de que deben encarar lo que viene con el mayor esfuerzo de unidad posible. El senador Ilardo, que comenzó a recorrer rincones de la provincia con el propósito de intentar desempolvar la tradicional mística del peronismo, tiene la particularidad de buscar sumar voluntades más que marcar diferencias, como sí ocurre, en cambio, con el kirchnerismo en general a nivel nacional.

En Mendoza el peronismo parece haber decidido disimular diferencias, o directamente dejarlas puertas adentro de su estructura. El principal sector de la oposición provincial viene de varios años de derrotas electorales que profundizaron su crisis de dirigentes. Incluso, hay quienes responsabilizan a la senadora Anabel Fernández Sagasti de haber dejado gran parte del mando local a cambio de su cada vez más fuerte inserción en la escena nacional. Y a fin de suplirla no asoma por el momento ningún liderazgo temible para el oficialismo mendocino.

Por el lado del oficialismo, varios hacen evaluaciones del resultado electoral en la Universidad Nacional de Cuyo, donde la paridad expresada en la votación sorprendió a los muchos que daban por segura una victoria cómoda nuevamente.

Sin ninguna duda, hay referentes de la UCR que le atribuyen a cierto relajamiento dirigencial el sofocón que sufrió el oficialismo universitario para retener el Rectorado. Ni qué hablar de la humillante elección en Ciencias Políticas. Esto puede justificar, de algún modo, las críticas que Alfredo Cornejo dirigió a la conducción de la UNCuyo por el cese de actividades en los colegios universitarios a raíz de planteos gremiales generalizados.

Es que para el ex gobernador lo que ocurre en el ámbito universitario es siempre políticamente determinante. La UNCuyo está considerada como un buen “semillero” político para los partidos tradicionales, que mucho sufren el declive en el rol como organizaciones formadoras de dirigentes que tradicionalmente tuvieron. Por ello la universitaria no era una elección más y el resultado sirvió como estímulo para el justicialismo y como llamado de atención para el oficialismo radical provincial.

Volviendo a las proyecciones electorales para 2023, la figura de Cornejo aparece cada vez más instalada, pese a que el actual senador nacional todavía no define en qué terreno decidirá competir. Se sabe que es uno de los indudables referentes de la UCR a nivel nacional, a pesar de que su nombre no aparece fácilmente entre los presidenciables, como el gobernador jujeño Morales o el diputado nacional Facundo Manes. Sin embargo, el mendocino sigue siendo elemento de consulta en virtud de su afinidad con buena parte de la dirigencia de Pro y porque se trata de un reconocido estratega político.

Pero los puntos porcentuales que le siguen faltando en el orden nacional los tiene bastante asegurados en esta provincia. Quienes lo conocen y frecuentan saben que puede estirar la incógnita mientras los plazos para los cierres de listas lo permitan. Hay varios interesados en su retorno, como el gobernador Suárez, que ve en su eventual candidatura una garantía de que su sucesión no sufrirá grandes sobresaltos el día de la votación.

Veíamos hace poco a través de la encuesta de la consultora de Martha Reale que Suárez y Cornejo son los dirigentes mejor ponderados por los mendocinos (imagen positiva) y con mucha ventaja sobre el resto. Suárez no puede competir.

Y recientemente, el encuestador Santiago Alé dio a conocer un trabajo realizado en Guayamllén, por su condición de departamento más poblado de la provincia y uno de los que electoralmente suele reflejar muy bien el humor de los mendocinos. En la encuesta Cornejo también encabeza las preferencias hacia el año próximo en la categoría de gobernador, con casi diez puntos porcentuales de ventaja sobre otro radical, el lasherino Daniel Orozco. Ambos, a su vez, con clara supremacía sobre eventuales candidatos del PJ.

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