Sin comerla ni beberla

Sin comerla ni beberla.
Sin comerla ni beberla.

Muchas veces hemos escuchado “Donde comen dos comen tres”. Con esta expresión se quiere significar que todo bien material, simbolizado aquí por la comida, puede -y debe- ser compartido.

¡Cuántas expresiones cotidianas utilizamos en el día a día y aplicamos con exactitud a situaciones que se nos presentan, sin saber que, la mayoría de las veces, ellas figuran en el diccionario académico, con su correspondiente explicación! Es el caso de la locución “sin comerla ni beberla”, que puede también ser “sin comerlo ni beberlo”. Ella proviene de la costumbre de, una vez que se ha efectuado una consumición en un sitio de comidas o de expendio de bebidas, ir a abonar el importe de ellas. Lo paradójico sería pagar si no se ha realizado consumición alguna; a esto alude la frase porque se refiere a tener que enfrentar las consecuencias buenas o malas de algún hecho que no se efectuó. Así, por ejemplo, “Soportó injustamente, sin comerla ni beberla, una fuerte reprimenda por ese tremendo desastre, cuyos autores son otras personas”.

Lo que sucede, una vez más, es que un vocablo encierra gran riqueza de posibilidades expresivas. En este caso, me detendré en “comer”. Nos parece que no puede tener más que los valores básicos que manejamos siempre: el primero es “masticar y deglutir un alimento sólido”, como en “Ya puede comer bien porque terminaron sus problemas gástricos”; complementario resulta “ingerir alimento”, como en “Come para vivir, no vive para comer”. Otra acepción lo hace equivalente a “tomar la comida”: “Los viernes come en su lugar de trabajo”.

Sin embargo, a esos significados primarios, deben sumársele otros, que todos entendemos: cuando se dice que a alguien “lo come la envidia”, el verbo “comer” adquiere el valor de “producir comezón física o moral a alguien”. Lo mismo si hubiéramos dicho “Me come la curiosidad” o “Una plaga de langostas se comió la incipiente cosecha”. Otras veces, “comer” adquiere el sentido de “corroer, carcomer, consumir, erosionar algo”: “La acción del oleaje ha comido la piedra”. En otro ámbito, como es el del juego de damas, de ajedrez o algún entretenimiento con fichas o piezas, “comer” es lo mismo que ganar o quedarse con una pieza del adversario: “Jugué pésimo ya que mi contrincante me comió todas las fichas”. Coloquialmente y referido a las ganancias que alguien puede obtener, “comer” significa “disfrutar de una renta”: “Él vive tranquilo porque se come dos alquileres”. Se usa este verbo para señalar que se desbarata o consume la hacienda o el caudal: “Los abogados muy hábilmente se comieron, durante la sucesión, gran parte de la herencia”. Cuando una persona habla muy aceleradamente, suele “comerse” sonidos o sílabas; lo mismo, es común, entre los niños, omitir letras, por lo que también se habla de “comerse” una parte de las palabras. Otro tanto ocurre en un texto si se pasa por alto una parte: “Al copiar, te comiste un fragmento de la introducción”. Hay una acepción indicada por el diccionario académico, no muy usada entre nosotros: es la que dice que “comer” equivale a “llevar encogidas prendas como calcetines o medias, de modo que se van metiendo dentro de los zapatos”: “Se lo veía todo desaliñado, despeinado y con los calcetines caídos porque se los iba comiendo”. Si indagamos qué locuciones tenemos con “comer”, encontramos “comer vivo a alguien”, como equivalente a “criticarlo duramente, censurarlo, desacreditarlo, demostrarle enojo o deseo de venganza”: “Cuando publicó ese trabajo, sus opositores lo comieron vivo y lo denostaron”. Si esta misma locución se aplica a un insecto que pica, servirá para indicar que ha atacado mucho a una víctima: “Se acercó al avispero y las avispas lo comieron vivo”.

Si hay personas que tienen discordia entre sí, se puede aplicarles la locución “comerse unos a otros”: “En el vecindario, no reina la armonía, al contrario, se comen unos a otros”. Pero, si en una relación interpersonal, se aplica la expresión “comer y callar”, lo que se da a entender es que, a quien está a expensas de otro, le conviene obedecer y no replicar: “Juan debe guardar su amor propio y recordar que el jefe siempre tiene razón y que es mejor comer y callar”. En lo que se refiere a la manutención personal, decimos que alguien “tiene qué comer”, si posee lo necesario y conveniente para su alimento y decencia: “A Dios gracias, ya superó la crisis y ahora sí tiene qué comer”.

Muchas veces hemos escuchado “Donde comen dos, comen tres”. Con esta expresión, hemos querido significar que todo bien material, simbolizado aquí por la comida, puede –y debe– ser compartido.

Otra expresión, muy española, dice “Comerse algo con patatas” para significar “verse alguien obligado a aceptar, aguantar o quedarse con algo que ya no se quiere”; si, en cambio, se dice “Comerse a alguien con patatas”, el valor significativo es “derrotarlo o eliminarlo fácilmente”.

Nos reímos con la gracia del refranero en relación con el ingenio de algunas paremias con “comer”; leemos, por ejemplo, “Al comer, ‘gaudeamus’, y al pagar, ‘ad te suspiramus’”, que traducimos “Al comer, ‘alegrémonos’, y al pagar, ‘a ti suspiramos’”, con lo cual se evidencia cómo se disfruta del placer de la comida, pero cuánto se padece al tener que pagar por el consumo.

Otro refrán toma el valor de consejo al decir “Quien come con cordura, por la salud procura”: en efecto, la sobriedad en la ingesta de alimentos trae aparejada una buena salud digestiva. El contrarrefrán dice, en cambio, “A quien come muchos manjares, no le faltarán enfermedades”.

Cerramos hoy con dos refranes consignados en el Refranero multilingüe: “Comer hasta enfermar y ayunar hasta sanar”. Hay aquí un juego de contrarios, entre el comer y el ayunar, por un lado, y entre la salud y la enfermedad, por el otro. Nuevamente se da la ponderación de la sobriedad como clave de una buena salud. El segundo reza “Comida acabada, amistad terminada”: se recrimina a quienes se alejan del amigo una vez que ya no obtienen provecho de él. El precedente se encuentra en el capítulo 7, de la segunda parte del Quijote, en la forma “El pan comido y la amistad deshecha”.

*La autora es Profesora Consulta de la UNCuyo.

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