¡Salud!

Vivimos en la tierra del vino y es lógico que el vino sea acompañante habitual en nuestras ingestas cotidianas. Y mire que hay vino a rolete. Si uno tuviera que probar todos los vinos que hay en Mendoza gastaría varios meses en el intento.
Vivimos en la tierra del vino y es lógico que el vino sea acompañante habitual en nuestras ingestas cotidianas. Y mire que hay vino a rolete. Si uno tuviera que probar todos los vinos que hay en Mendoza gastaría varios meses en el intento.

El mendocino se las rebusca: a través de un amigo, de un enólogo, de alguien que trabaje en una bodega siempre tiene un vino especial en su casa y se pavonea frente a sus invitados con la botella de marca.

Estamos hechos de agua, en nuestra mayor parte. Dicen que estaban unos señores conversando cuando pasó una de esas niñas que merecen el campeonato mundial de la belleza. Uno de ellos tuvo palabras elogiosas para la niña; el otro le contestó: “Bueno, tené en cuenta que el 70 por ciento es agua” y el otro le respondió: “Sí, pero qué admirable tensión superficial”.

Beber es una necesidad. Lo necesita nuestro organismo y privarnos de ello puede traer inconvenientes para nada deseados. El problema es qué es lo que tomamos. Tomar agua pura es absolutamente conveniente; algunos dicen que la cuota es de cuatro vasos por día.

La sed es una necesidad primaria que es necesario satisfacer. Una persona que no beba agua puede tener la vida muy limitada. Poco puede hacer de su vida aquel que se perdió en el desierto y no encuentra agua por ningún lado.

Pero no solamente agua bebemos. Tenemos a disposición una cantidad importante de líquidos que sirven para aplacar la sed o para crear en nosotros un estado de ánimo lejos de lo normal.

Vivimos en la tierra del vino y es lógico que el vino sea acompañante habitual en nuestras ingestas cotidianas. Y mire que hay vino a rolete. Si uno tuviera que probar todos los vinos que hay en Mendoza gastaría varios meses en el intento.

El mendocino se las rebusca: a través de un amigo, de un enólogo, de alguien que trabaje en una bodega siempre tiene un vino especial en su casa y se pavonea frente a sus invitados con la botella de marca.

Siempre hay un vino reservado para las grandes celebraciones y lo bebemos con absoluto placer, sin contemplaciones. Cosa que puede animar bastante una velada y encima crear abultados tomadores que son los que deben manejar cuando la conferencia se termine.

Esto es muy común en las farras cuyanas, donde un puñado de amigos se juntan para comer, pero fundamentalmente para beber. Y entonces los brindis terminan por inundar toda la ceremonia.

Pero no solamente vino tomamos. Ahora está de moda y se utiliza mucho la cerveza, sobre todo entre los jóvenes que encuentran en el líquido alcoholizado un motivo de satisfacción y son capaces de terminar con el stock del local.

En 1845 Bernardino Branca, allá en la lejana Milán, inventó un brebaje que fue usado durante mucho tiempo con fines medicinales, lo que se llama un amargo digestivo, el Fernet Branca, que solía usarse para curar malestares digestivos, fundamentalmente. Pero los cordobeses le agregaron una bebida cola y la hicieron muy popular en Argentina. Se usa mucho en las previas de los chicos, cuando están por salir de rondas festivas. El Fernet Cola.

Es de las bebidas preferidas en estos momentos y la verdad que tiene un gustito amable que incita a beber más. Pero atención porque puede provocar curdas significativas, de esas que no se pasan con un cafecito.

Muchas cosas mandamos para adentro del cuerpo, según las circunstancias. Ahora, cuando entramos en las bebidas blancas, que no sea la leche, corremos el peligro de terminar no sabiendo cómo nos llamamos.

Los que venden estas bebidas para amortiguar el efecto dicen: “beber con moderación”. Pero qué le va a hacer uno, si moderación se quedó en su casa.

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