Revolucionaries en joda y revolucionarias en serio

Escuela tomada
Escuela tomada

Dos revoluciones: una contra la teocracia iraní por parte de heroicas mujeres. Otra contra el macrismo en las escuelas tomadas. La biblia y el calefón.

A menudo los hijos se nos parecen

Así nos dan la primera satisfacción

Joan Manuel Serrat

El verdadero maestro no es el que le trasmite al discípulo sus pensamientos e ideologías, sino el que le inculca al joven la libertad y responsabilidad necesarias para que éste pueda elegir sus propios pensamientos e ideologías. Esa es la diferencia entre adoctrinar y educar. Antes se hablaba de diferencia entre domesticar y educar. Lo único que “domesticar” es de derecha y “adoctrinar” es de izquierda. Pero es lo mismo.

Los progres actuales que eran jóvenes en los 60 y 70 y ahora son padres o abuelos, querían en ese entonces construir una sociedad donde sus hijos fueran más libres de lo que ellos fueron con sus padres. Sin embargo, no es eso lo que ocurrió, ya que los viejos progres ahora quieren que sus hijos sean como ellos fueron de jóvenes. Están repitiendo el error de sus padres, sólo que en nombre de otra ideología. Ahora en vez de inculcarles conservar el sistema les inculcan la rebelión que ellos creyeron vivir. Pero eso son nada más que palabras. La verdad es que quieren hijos que sean copias de ellos mismos cuando fueron jóvenes, en vez de exponerlos al riesgo de la libertad (que generalmente, en la adolescencia implica casi siempre disentir con los padres que repetir los pensamientos de éstos).

Y ahora, con las nuevas tomas de colegios, tenemos algo incluso peor: La supuesta rebelión que los padres les inculcan a sus hijos ha sido politizada enteramente y hoy responde, ni siquiera a una crítica contestaria, sino a la política oficial del gobierno nacional, quien defiende ardorosamente las tomas que los chicos les hacen a los “represores” macristas. Claro que a cambio de que no se las hagan en sus escuelas porque en los territorios “liberados” del kirchnerismo, todas las falencias que existen en las escuelas macristas han desaparecido. Antes las tomas eran por escuelas. Ahora lo son por provincias, según éstas estén en manos revolucionarias o en manos reaccionarias. Y para esas tomas los hijos no cuentan solo con sus padres permisivos. Ahora acontece la traslación de la grieta al terreno escolar: entre padres, alumnos, maestros y autoridades kirchneristas versus el resto de los padres, alumnos, maestros y autoridades.

Para esta peculiar ideología, la “explotación” del joven educando no se da en las provincias más pobres del país incluyendo al conurbano, sino en el distrito más rico del país, el que tiene las mejores escuelas y más recursos. Y los que hacen la revolución no son los chicos carenciados sino la aristocracia juvenil de la escuela pública que protesta contra el hambre con su iPhone en la mano.

Pero tampoco exageremos. No se trata más que de travesuras, de diabluras de padres ideologizados con hijos a los que llevan años adoctrinando para convertirlos en sus clones. La evolución al final pondrá todo en su lugar, como ocurre siempre.

Existe una gran diferencia con los chicos de los años del mayo francés o del cordobazo argentino. Ellos se enfrentaban no sólo contra las autoridades educativas y políticas, sino básicamente contra sus padres, porque lo suyo era lo propio de toda rebelión juvenil en busca de su propia identidad, algo que viene ocurriendo desde el principio de los tiempos.

Sólo cuando el joven encuentre por sí solo su propia identidad, verá qué hace con la identidad de sus padres. Generalmente todo acaba en una síntesis entre dos adultos distintos pero reencontrados en nombre de su historia compartida. Así avanza la especie humana. No repitiéndose las generaciones sino perfeccionándose tanto a través del enfrentamiento como del posterior encuentro entre ellas. Disensos y consensos elaborados desde la libertad conquistada por el esfuerzo propio, no como un regalo paterno.

Sin embargo, hoy tenemos padres que toman las escuelas junto a sus hijos, que incluso hasta los compelen a tomarlas. Y autoridades escolares y maestros que dejan de lado su responsabilidad pedagógica y/o administrativa y se pasan del lado de los chicos insistiéndoles que más que leyendo libros se aprende y se educa mejor haciendo la revolución contra la derecha macrista (con actos tan audaces como pintar los inodoros de los colegios con los colores del Pro). Y para eso los definen como sujetos revolucionarios tal cual lo dice textualmente uno de esos padres:

“La juventud es la que defiende la educación pública hasta el final. Se ponen al hombro la educación porque son ellos quienes viven las condiciones en las cuales tienen que estudiar. Hay murciélagos en la sala de cine, ratas por todos lados, y las viandas no son nutricionales ni alcanzan para todos”.

En esta peculiar ideología, los padres y los maestros son apenas ayudantes de los alumnos quienes son los verdaderos sujetos revolucionarios (“los que se ponen al hombro la educación.”). Igual que los obreros contra el sistema capitalista en las fábricas, los alumnos luchan contra el sistema macrista en las aulas. ¿Y cómo es ese sistema macrista en las aulas? Lo dice el mismo padre: murciélagos y ratas por todos lados, las viandas te matan de hambre o están podridas y las pasantías son la explotación con la que las empresas usan a los pibes como mano de obra esclava. Larreta, vós sós la dictadura.

Así es el ridículo en el que nos encontramos. Pero de eso no tienen la culpa los chicos, quienes están haciendo lo mismo que hicieron siempre. Los que desertaron son los adultos que se han convertido al amiguismo demagógico por el cual dicen ponerse al servicio de los ideales de los chicos cuando en realidad es todo más perverso: los están utilizando a sus pibes para que se pongan al servicio de sus ideologías. Llevan su propia grieta política a los menores de edad con ese peculiar pensamiento seudoprogre que supone que la historia es repetición en vez de evolución cuando de hacer la revolución se trata.

Una cosa es inculcar afectos y valores, y otra cosa es adoctrinar que es lo que están haciendo. Como hacían los padres de antaño contra lo cual supuestamente vinieron a luchar los progresistas. Para cambiar doctrina por libertad de elección y no doctrina por otra doctrina.

Claro, hace 40 años que viven en democracia y ahora se pueden dar el lujo de hacer esta revolución de fantasía sin sufrir las consecuencias represivas que eran propias de los años de las dictaduras militares.

Consecuencias represivas que hoy ocurren en Irán contra otro sujeto revolucionario, pero esta vez sujeto revolucionario en serio: las mujeres contra el velo en lucha por la libertad que la teocracia les impide. Donde están pagando su osadía con muertos.

Una auténtica revolución de mujeres dignas y heroicas. Revolución que, por otra parte, no es demasiado bien mirada por el progresismo feminista que simpatiza con el gobierno de Irán (porque en la ideología progre si se es antinorteamericano no importa tanto ser represivo) y que cree que el velo es una opción multicultural que debe ser ideológicamente defendida. Algo con lo cual no parecen estar de acuerdo las mujeres iraníes que sufren la represión en carne propia.

En fin, hay revoluciones y revoluciones. Algunas son en joda y otras son en serio. Ojalá, Dios quiera, que en la Argentina sigan siendo en joda porque eso no le costará la vida a nadie como ocurre en la sufrida Irán.

Y porque, por más que los padres quieran adoctrinar a sus hijos, a la largo no lo lograrán , porque como también dice Serrat:

“Nada ni nadie puede impedir que sufran

Que las agujas avancen en el reloj

Que decidan por ellos, que se equivoquen

Que crezcan y que un día

Nos digan adiós...”

En síntesis, cerremos con lo importante. Gloria y loor a esas valerosas y extraordinarias mujeres iraníes que han decidido, a costa de sus propias vidas, luchar contra el sistema represivo, incluso contra sus propios padres, mientras entonan las estrofas de “Bella ciao”, esa dulce canción libertaria con que los partisanos enfrentaron al fascismo italiano.

Una mañana me desperté,

O bella, ciao!

Bella, ciao!

Bella, ciao, ciao, ciao!

Y he encontrado al invasor.!

Oh, partisano, llévame contigo,

Que siento que voy a morir.

Y si yo muero como partisano,

O bella, ciao!

Bella, ciao!

Bella, ciao, ciao, ciao!

Tú me debes sepultar.

Y sepultarme allá arriba en la montaña,

Bajo la sombra de una bella flor.

Toda la gente que pasará,

O bella, ciao!

Bella, ciao!

Bella, ciao, ciao, ciao!

Me dirá: ¡Qué bella flor!

Y esta es la flor del partisano,

Muerta por la libertad.

* El autor es sociólogo y periodista. clarosa@losandes.com.ar

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